viernes, 31 de mayo de 2013

El despertador de Navarro

La Bomba anota de carrerilla justo antes y después del descanso para impulsar al Barça a un Gran Canaria penalizado por la escasez de su banquillo (69-63)

Toolson trata de frenar a Navarro - ACB Photo / Miguel Ruiz. 

Puede tener el día más nefasto que se le recuerde, incluso llegar a dos minutos y medio del descanso con cero puntos, una pérdida infantil y tres tiros fallados. Pero Juan Carlos Navarro (Sant Feliu, 1980) es capaz de cualquier cosa al mínimo pestañeo y de carrerilla, entre el final de la primera parte y el inicio del metió 10 puntos (en 2m 40s) e incluyendo dos tiros libres por una técnica pitada a Pedro Martínez camino de los vestuarios. Los azulgrana se pusieron por delante, después del 6-5 inicial, y ya no cedieron, a pesar de un parcial de 0-11 en los últimos instantes del Gran Canaria, penalizado por la escasez de su banquillo. Solo dos puntos anotaron los suplentes y fueron de la estrella, Toolson, que jugó lejos de su nivel por tener averiada la rodilla. Al arreón de Navarro replicó un Wallace muy fino en el tiro (5/7 en tiros de campo), un Sada omnipresente (siete puntos y cinco rebotes) y un Tomic con visión amplia (cuatro asistencias) para un Barça que venció por 69-63 y se adelanta 1-0 en la serie de semifinales.

“Dormir poco y soñar mucho” es uno de los lemas de Pedro Martínez, que ha logrado acompañar al Gran Canaria hacia la mejor temporada de su historia, superando por primera vez los cuartos de final de la Copa del Rey y de la Liga ACB. En sus primeras semifinales, los visitantes tuvieron una puesta en escena imponente con múltiples argumentos: la velocidad de Newley, la intensidad de Roberto Guerra y la insistencia de Báez y de Nelson. El Gran Canaria se escapó (11-21) y Oleson fue el primero en replicar para los azulgrana, revitalizados por Navarro antes y después de un descanso al que se había llegado con 29-30 en el marcador y 1/8 en triples. Navarro había anotado el primero de su equipo al séptimo intento. El acierto de su capitán engrandeció al Barça, capaz de meter cuatro triples, dos de ellos de un Wallace excelente. Sada parecía una locomotora y Tomic asistió a Oleson para distanciar a los locales (55-43 a los 28m 48s).

Los azulgrana no echaron en falta los puntos de Lorbek, que no anotó –y lo hizo desde la línea de personal– hasta a falta de 9m 16s; a 4m 48s el Gran Canaria perdía 63-50. Báez volvió a anotar, Bellas y Newley recuperaron la puntería y Toolson se convirtió en el único suplente en anotar. “No es normal la poca aportación del banquillo, pero no lo personalizo en nadie. Tenemos que mejorar todos”, advirtió Pedro Martínez, que vio cómo, con 67-63, Toolson fallaba un triple y Tomic se hacía con el rebote. En esa jugada suspiró de alivio el Barça, estupendo en su balance de pelotas recuperadas (13) y pérdidas (9) por el 4-14 de un Gran Canaria que no le va a poner nada fácil el acceso a la final.


BARÇA 69 (16+13+26+14): Huertas (4), Navarro (14), Rabaseda (-), Wallace (13) y Tomic (8) –quinteto inicial–; Sada (7), Jasikevicius (2), Ingles (6), Mavrokefalidis (2), Oleson (9) y Lorbek (4). GRAN CANARIA 63 (21+9+15+18): Bellas (11), Guerra (4), Newley (13), Nelson (21), Báez (12) –quinteto inicial–; Toolson (2), Alvarado (-), Oguchi (-), Beirán (-) y Slokar (-).  

jueves, 30 de mayo de 2013

Con la pauta de Rudy y Mirotic

El Madrid vence al CAI Zaragoza 84-76 para adelantarse en la serie de semifinales

Rudy en la acción en la que se hizo daño en la espalda - ACB Photo / Ángel Martínez. 

Antes de coincidir en el Madrid lo habían hecho en la selección y en su periplo en Portland. Como tantas otras veces se entendieron con la mirada y Sergio Rodríguez le colocó la pelota para que Rudy Fernández machacase de espaldas. Una jugada de fantasía que paralizó al Palacio de los Deportes, pues su fichaje de más postín de este curso cayó mal y se retorció de dolor en la pista. Le dolía la espalda, su tormento en los últimos tiempos. Rudy se fue dolorido y ovacionado por la grada después de haber sido uno de los destacados en un Madrid discontinuo que se permitió la licencia de presentar una estadística nefasta en tiros libres (9/20). Déficit que el conjunto de Pablo Laso –que confirmó que lo de Rudy “solo es un golpe. Tenemos que ver su evolución, pero hay cierta tranquilidad”– compensó con el dominio del rebote (35 por 29), con Mirotic (11) y Reyes (8) como los mejores en las capturas ante un CAI Zaragoza que perdió comba en el tercer cuarto (parcial de 24-13 tras haber llegado al descanso 42-40) y que en los minutos finales redujo el marcador hasta el 84-76. Lanzado por Mirotic (19 puntos) y Rudy, el Madrid se adelanta en la serie de semifinales.

La acción de Rudy fue el único susto que se llevó el Madrid ante un rival que hasta esta temporada nunca había jugado las eliminatorias por el título y que había superado al Valencia Basket en cuartos con el factor cancha en contra y después de perder el primer partido de paliza. José Luis Abós ha construido un equipo generoso que es capaz de competir incluso sin Norel, que acompañó al grupo en muletas. Los visitantes se sobrepusieron al excelente inicio de Mirotic y Rudy con el oficio de Van Rossom, Rudez y Aguilar (18-16) y replicaron con la misma convicción cuando surgieron Reyes y Carroll bajo la batuta de Sergio Rodríguez.

El problema para el CAI Zaragoza fue el tercer cuarto, cuando fueron golpeados por la muñeca de Mirotic y se quedaron tiesos (66-53). Con un palmeo Mirotic podría a su equipo con su mayor ventaja (70-55, a 8m 12s, la mayor ventaja). De ahí al final Rudez redondeó sus números, Rudy dio el susto y Reyes volvió a demostrar que rinde independientemente de cuál sea el resultado.

REAL MADRID 84 (18+24+24+18): Llull (5), Rudy (14), Suárez (0), Mirotic (18) y Begic (10) –quinteto inicial–, Draper (5), Sergio Rodríguez (5), Reyes (16), Carroll (8), Slaugther (0), Hettsheimeir (0) y Darden (3). CAI ZARAGOZA 76 (16+24+13+23): Van Rossom (10), Roll (10), Rudez (16), Aguilar (11) y Golubovic (6) –quinteto inicial–, Topper (0), Stefansson (7), Llompart (4), García (-), Marín (-), Jones (12) y Fontet (-).


martes, 28 de mayo de 2013

La antorcha de Jasikevicius

El base lituano alumbra a un Barça impulsado por Lorbek y Sada que se enfrentará al Gran Canaria en semifinales tras eliminar a un meritorio Bilbao Basket (79-70)

Jasikevicius cambió el rumbo del partido - ACB Photo /À. Caparrós. 

No hay ni minutos ni estadísticas para los jugadores de verdad, jugadores que saben gestionar el tiempo a su antojo. Y no hay duda de que Sarunas Jasikevicius (Kaunas, Lituana, 1976) lo hace: es un entrenador en pista que juega y hace jugar y que es capaz de cambiar estados de ánimo. Poco le importó al base lituano que antes de salir al Palau por un Juan Carlos Navarro que había cometido la tercera personal y estaba desquiciado otra vez por Roger Grimau acumulase 12 minutos en la serie, todos en el primer partido. Jasikevicius agitó y alumbró al Barça, contagió su seguridad a sus compañeros, Lorbek afinó su puntería y Sada sacó su genio. Los azulgrana supieron gestionar mejor el epílogo y con un parcial de 39-25 tras la entrada del base lituano ganaron por 79-70 a un gran Bilbao Basket y se enfrentarán en semifinales al Gran Canaria, que eliminó contra pronóstico al Baskonia en Vitoria (66-72). En la otra serie pendiente, otra sorpresa, el CAI Zaragoza a pesar de no contar con Norel, lesionado, venció a domicilio al Valencia Basket (77-83) y jugará contra el Madrid.

Con Jasikevicius en el banquillo, el Barça tuvo dos versiones muy diferentes, como había sucedido en el encuentro previo en Miribilla. Los azulgrana empezaron enchufados (15-10) bajo la batuta y los puntos de Huertas y la fiabilidad de Lorbek, que parece haber renacido en estos cuartos de final. Entre Moerman y sobre todo un Zisis desatado cambiaron el panorama al descanso (33-35). El Barça había pasado de ser un equipo convencido y meter 3/4 en triples a encadenar un 0/16. Grimau seguía haciendo de las suyas y Hamilton, con una bomba, ponía el 40-45 (a los 25m 23s).

El Barça tenía errores inmensos, como un saque de lateral de Rabaseda interceptado por Vasileiadis –a cero al descanso– y un saque de banda de Huertas, que también recogió el tirador griego. Lorbek acertó con un triple a tablero y Pascual sacó por primera vez a Jasikevicius, que provocó una falta en ataque de Zisis. Mavrokefalidis –entero en los instantes comprometidos– cometió otra, Huertas se quedó corto con un triple y Vasileiadis hizo justo lo contrario antes de participar en una pequeña gran competición desde 6'75 con Lorbek: dos aciertos del esloveno y tres del griego en un suspiro. 

Jasikevicius empató a 59 y entre Sada y Oleson completaron un parcial de 10-0 (64-56 a 6m 3s) que no descompuso a los visitantes, a pesar de echar en falta mayor aportación de Mumbrú. Su único triple (2/9 en tiros de campo) ajustó el encuentro (66-61), antes de que el propio Jasikevicius se marcase otro, Navarro anotase su única canasta en juego (1/7). Al Bilbao Basket se le hizo muy larga la serie y Sada acabó como un ciclón un partido que había cambiado por completo Jasikevicius. Por algo tiene cuatro Euroligas y un periodista de Israel dijo en su día, en su perillo en el Maccabi Tel Aviv: “Es un chico de oro. Cuando lo necesitas está ahí”.

BARÇA 79 (22+11+16+30): Huertas (7), Navarro (6), Rabaseda (2), Wallace (2), Tomic (13) –quinteto inicial–; Sada (8), Abrines (5), Jasikevicius (7), Mavrokefalidis (8), Oleson (3) y Lorbek (20). BILBAO BASKET 70 (17+18+15+20): Zisis (17), Grimau (9), Mumbrú (5), Hervelle (1), Hamilton (13) –quinteto inicial–; Moerman (10), López (2), Samb (2) y Vasileiadis (11).

domingo, 26 de mayo de 2013

Rosberg se corona en el caos de Mónaco

El piloto de Mercedes logra su segunda victoria el día que se cumplen 30 años de la su padre en el mismo escenario y Vettel, segundo, amplía su distancia como líder

Rosberg festeja su triunfo - AFP. 

Para el Principado el de 1983 fue un gran premio difícil de organizar. Hacía seis meses que su Alteza Serenísima la Princesa Grace de Mónaco había perdido la vida en un accidente de coche cuando circulaba con su hija menor, Estefanía –que salió ilesa–, en la misma carretera donde había rodado Atrapa a un ladrón, de Alfred Hitchcock. En un escenario de cine murió Grace Kelly, la que había sido una de las actrices más admiradas por Hollywood y que había renunciado a los papeles para ser princesa. En ese contexto, con un
Mónaco todavía desolado por su pérdida, Keke Rosberg logró su segundo triunfo en la Fórmula 1 hace justo 30 años. Su hijo le homenajeó en el mismo lugar, también con su segunda victoria de su carrera. Nico Rosberg (Wiesbaden, Alemania, 1985) se coronó en el caos de Mónaco, en una carrera con siete abandonos y en la que Sebastian Vettel, con su segunda plaza –su compañero Mark Webber fue tercero–, amplió su ventaja como líder con 107 puntos por los 86 de Raikkonen, que tuvo que hacer una parada extra por un pinchazo y un choque con Checo Pérez y al menos pudo arañar un punto, y Fernando Alonso, muy discreto en su pilotaje y lastrado por el poco ritmo del F138 acabó séptimo y contabiliza 78.

Horas antes Rosberg había sufrido y celebrado la quinta Champions del Bayern en Wembley. En la pista, ya en faena, piloto alemán sacó partido al fin de su tercera pole consecutiva. Su anterior victoria había sido el curso pasado en China y también partiendo desde la primera plaza. No estaba siendo una temporada fácil para Rosberg, que tuvo que abandonar en el estreno en Australia y precisamente en China, y estaba siendo superado por su nuevo compañero, Lewis Hamilton. Hasta Montmeló el alemán había quedado siempre por detrás del británico –cuarto y 12º, respectivamente en el GP de España–. 

Accidente de Massa 

Hamilton rodaba segundo en Mónaco cuando Felipe Massa sufrió un aparatoso accidente otra vez en la curva de Sainte Devote, como el sábado, y tuvo que abandonar en una carrera en la que había pasado de salir 21º desde el pit lane a situarse 16º en el décimo giro. Felipinho fue trasladado al hospital y desde Ferrari aseguraron que estaba bien. El parón benefició a Vettel, que le quitó el puesto a Hamilton entrando justo a cambiar neumáticos cuando salió el coche de seguridad. Webber se puso tercero y Hamilton bajó al cuarto puesto por tener que esperar a que Rosberg cambiase las gomas.

Quinto acabaría Adrian Sutil, que se aprovechó del duelo entre Checho Pérez y Raikkonen y supo batir a un desconocido Alonso. El asturiano estuvo muy crítico con Checo Pérez –“si en la chicane no evito a Pérez, hubiéramos chocado. Él no se jugaba nada, yo sí”–, pero después de otro coche de seguridad –por el golpazo de Chilton a Maldonado, que pidió en voz alta una sanción: “Ha cometido un error. En el pasado este tipos de errores se han pagado”– y a sugerencia de dirección de carrera dejó pasar al mexicano para evitar un castigo. Alonso no tuvo opciones de recuperar la posición y se vio superado por Sutil y por Button. El mal fario de Raikkonen con Pérez hizo que el asturiano mejorase una posición en una carrera inmejorable para Rosberg y, claro, para su padre.

De arrollado a rozar la remontada

El Barça, que llega a perder por 20 puntos, cae 90-89 ante un gran Bilbao Basket que fuerza el tercer partido en el Palau

Navarro y Roger Grimau, durante el partido - ACB Photo / A. Arrizabalaga.

Eterno capitán del Barça, Roger Grimau (Barcelona, 1978) es un jugador de equipo que se vacía en ataque y con mucha facilidad para penetrar y contraatacar. Tiene sus limitaciones, pero no se marca ningún límite para vaciarse en la pista y los azulgrana, en especial su amigo Navarro, no daban con el antídoto para pararle. Al ritmo de “!Roger! ¡Roger!”, Miribilla disfrutaba de los golpazos de su Bilbao Basket a un Barça descabezado. En el ecuador del segundo cuarto Grimau se fue al banquillo con 13 puntos y sustituido por la estrella del grupo, Vasileiadis, que entró para aportar siete puntos más para llegar al descanso (48-30, 50-30 a los 21m). Cualquiera diría que el tirador griego, autor de 13 puntos, llevaba más de un mes sin jugar un partido. Vasileiadis tenía tanta confianza y soltura como el Bilbao Basket, en contraste con un rival de hojalata que encadenaba un error más grave que el anterior, que cada vez se alejaba más del aro sin suerte (2/12 en triples en ese momento) y había perdido hasta once pelotas. Una golosina para un rival al que le encanta correr y que supo sostenerse ante la gran transformación del Barça en la segunda parte, cuando por fin tuvo bases, encontró a Navarro y continuó disfrutando de Tomic y Lorbek. Aunque le faltó una uña para remontar (90-89). Con seis tiros libres en los últimos 12 segundos Raül López cerró la victoria del Bilbao Basket, que forzó el tercer y último partido de cuartos de final en el Palau Blaugrana con un gran Hamilton y una gran fiabilidad desde la línea de personal (25/26).

Es difícil ver un partido con tantos errores y de tanto bulto como los que se dieron en Miribilla en un desenlace tan emocionante como temerario de ambos equipos. Hamilton y Hervelle no se entendieron y perdieron una pelota infantil y poco después, con 84-83 en el marcador, Todorovic tuvo la habilidad de birlarle la pelota a Vasileiadis y el poco acierto de fallar la canasta solo. O el tiro libre de Huertas que, con 88-86 a 5'6 segundos, quiso fallar a propósito el segundo tiro libre y... ¡no tocó ni aro! Raül López no fallaría sus dos tiros desde la línea de personal y el triple del propio Huertas, con el tiempo casi cumplido, solo sirvió para minimizar una derrota en un partido con dos versiones muy diferentes de los azulgrana.

Sin bases

El Barça acumuló muchos pecados. Empezó sin directores, con Sada y Huertas muy erráticos, y siendo bailado por la versatilidad de Mumbrú, la tenacidad de Grimau, la colocación de Samb y el talento de Vasileaidis. En menos de medio minuto, Zisis repartió dos asistencias, uno menos que el Barça en toda la primera parte. Solo Lorbek y Tomic se salvaban en los visitantes, que desde el principio habían facilitado las cosas al Bilbao Basket, que se procuraba contraataques y canastas fáciles.

A los azulgrana les hacía falta una renovación completa y Xavi Pascual necesitaba un rato para hablar a solas con sus jugadores, que no lograban seguir las consignas del entrenador. Todo cambió con un tapón de Abrines a Grimau. Una acción significativa del cambio de actitud de los visitantes, que no se descompusieron por las tres personales consecutivas y en menos de un minuto de Tomic. Navarro acertó con su sexta tentativa de triple, la primera piedra de un parcial de 0-14 hecho posible por Lorbek, Huertas y Mavrokefalidis (58-52 a los 28m 48s). Pero el Bilbao Basket se escapó de nuevo con Vasileiadis atento en los tiros libres (68-57 a 9m 01s), para sacar provecho de una personal discutible de Rabaseda y después con una técnica infantil de Jasikevicius.

El base lituano y Lorbek dieron un paso al frente junto a Tomic, pero ahí estaba de nuevo Grimau para coger un rebote fundamental, volver a anotar y con un triple de Zisis el Bilbao Basket respiraba otra vez (77-65 a 5m 56s). Navarro se multiplicó como Sada, Tomic parecía estar en todos los sitios y Hamilton y Mumbrú sostuvieron a un Bilbao Basket más certero en el baile de errores final.

BILBAO BASKET 90 (26+22+18+24): Zisis (5), Grimau (15), Mumbrú (15), Hervelle (6), Hamilton (19) –quinteto inicial–; Moerman (5), Vasileiadis (13), Raül López (8) y Samb (4). BARÇA 89 (15+15+25+34): Huertas (19), Navarro (19), Rabaseda (4), Wallace (2) y Tomic (12) –quinteto inicial–, Sada (7), Jasikevicius (2), Mavrokefalidis (4) y Lorbek (20). Árbitros: Pérez Pizarro, Conde y Calatrava. Hamilton (Bilbao Basket) y Mavrokefalidis (Barcelona), eliminados por cinco faltas personales. Bilbao Arena, 6.917 espectadores.  

sábado, 25 de mayo de 2013

La bendición de Robben

El extremo holandés aparta su mal fario en las finales para darle la quinta Champions al Bayern Múnich repartiendo el primer gol y marcando el de la victoria en el 88 ante un Borussia Dortmund ejemplar (1-2)

Robben celebra su gol en Wembley - Reuters.

“What? What? What?”. El grito de Arjen Robben (Bedum, 1984) era desgarrador, resumía la rabia contenida durante mucho tiempo y tenía millones de destinatarios. El extremo holandés estaba dolido por haber leído multitud de crónicas periodísticas en las que se aseguraba que se encogía en los días decisivos, pero lo cierto es que sus fallos eran de bulto, no se podían esconder. Ahí estaban su uno contra uno contra Casillas en la final del Mundial de Sudáfrica, el penalty que falló en la prórroga en la final de la Champions ante el
Chelsea y otro en el duelo decisivo de la pasada Bundesliga ante el Borussia Dortmund           –cuando también rompió el fuero de juego en el gol de Lewandowski– y su poca pericia ante el Inter en la final de la Champions en el Santiago Bernabéu. Pero esta vez, en Wembley y ante un Borussia Dortmund ejemplar, Robben se sacudió el mal fario y las recriminaciones asistiendo casi sin ángulo para que Mandzukic adelantase al Bayern Múnich y, después del empate de Gürdogan de penalty, hizo el tanto de la victoria en el 88, aprovechándose de un taconazo de Ribéry y metiéndose entre tres rivales para definir ante un Weidenfeller inmenso, a la altura de Neuer en una final casi irrepetible con 26 ocasiones entre ambos, 17 entre los tres palos, y un campeón, el Bayern Múnich, que alcanza al Liverpool con cinco Champions y después de ganar la Bundesliga aspira a lograr el triple este curso. Lo logrará si gana la Copa al Stuttgart.

Robben abrió los brazos tras su gol, corrió, se paró... Estaba fuera de sí y cuando el árbitro pitó el final del partido se tiró al suelo y se tapó la cara, como si llorase. Pero le costó soltar las primeras lágrimas. Seguro que se le pasaban muchas imágenes por las cabeza. Ya más relajado, se fue a la grada y unos aficionados le dieron una bandera de Holanda con su apellido, mientras Jupp Heynckes abrazaba a Schweinsteiger –que ofreció la copa al presidente, Hoeness y al máximo dirigente de la junta directiva, Rummenigge– y a Mandzukic. Reus, desconsolado, parecía rezar y Klopp –un entrenador grandioso que ha sabido optimizar los recursos de un club que en el 2004 estaba al borde de la bancarrota– iba animando a sus jugadores: “Volveremos, quizás no a Wembley, pero sí a otra final”. Pero no había otro más contento que Robben, el primero en llegar a los vestuarios aislado con sus cascos y que pisó el césped con el rostro serio e ido por la música. Antes le había comentado a Javi Martínez un secreto a voces: “Me acuerdo mucho de la final del Mundial contra Casillas”.

Weidenfeller y Neuer, inmensos

El extremo holandés, que apenas brilló en su periplo en el Madrid y se fue tras la vuelta a la presidencia de Florentino Pérez y el fichaje de Cristiano Ronaldo, fue el primero en replicar el gran latigazo inicial del Borussia Dortmund, que rozó el gol de múltiples maneras. Con un disparo desde lejos de Lewandowski, un tiro de primeras de Blaszcykowski, una contra de Reus y una oportunidad de Bender. Neuer frustró todas las jugadas con la manopla, estirando la pierna izquierda, los puños y blocando. Igual de buenas fueron las intervenciones de Weidenfeller, grandioso para rectificar su trayectoria y frustrar un cabezazo de Manduzic, en lo que fue la primera ocasión de un Bayern de Múnich en el que Robben pidió la pelota y de nuevo se equivocó en un par de unos contra uno ante el portero –¡en una impactó la pelota en la cara de Weidenfeller!– y ni tiró ni pasó a nadie en otra ocasión. Parecía condenado a su historia.

Pero Robben no se puso nervioso y dio el gol entero a Mandzukic, que solo tuvo que empujarla. El Borussia Dortmund, acostumbrado a sufrir como ante el Málaga y el Madrid, no se descompuso y empató con un penalty transformado por Gündogan –el primer gol de su vida en la Champions y en una final, como hicieron en su momento Boli, Mijatovic, McManaman, Carlos Alberto, Campbell, Belletti y Kuyt– en una acción en la que Rizzoli perdonó la segunda amarilla a Dante. Pero el conjunto de Heynckes, el técnico más veterano de la historia en ganar una Champions con 68 años –solo superado por los 71 de Goethals con el Olympique de Marsella– tenía más gasolina. Subotic salvó sobre la raya de gol un tiro de Müller tras recortar al portero y el central del Borussia fue incapaz de contener a Robben en el 89, cuando el extremo holandés se sacó de encima el sambenito de perdedor y formuló varias veces su pregunta: “What? What? What?”.

BORUSSIA DORTMUND 1: Weidenfeller; Piszczek, Subotic, Hummels, Schmelzer; Bender (Sahin, m. 92), Gündogan; Blaszczykowski (Schieber, m. 91), Reus, Grooskreutz; y Lewandowski. BAYERN MÚNICH 2: Neuer; Lahm, Boateng, Dante, Alaba; Javi Martínez, Schweinsteiger; Robben, Müller, Ribéry (Luiz Gustavo, m. 92); y Mandzukic (Mario Gómez, m. 94). Goles: 0-1. M. 60. Mandzukic. 1-1. M. 68. Gündogan, de penalti. 1-2. M. 88. Robben. Árbitro: Nicola Rizzoli (ITA). Amonestó a Dante, Grooskreutz y Ribéry. 90.000 espectadores en Wembley. El Bayern gana su quinta Copa de Europa.

viernes, 24 de mayo de 2013

Las diabluras de Sergio Rodríguez

El base canario arrolla en el segundo cuarto al Obradoiro y adelanta al Madrid en la serie de cuartos (90-75)

Sergio Rodríguez asiste a un compañaero ante Hummel y Kendall - ACB Photo / A. Martínez. 


Su aspecto, esa barba bien poblada y algo desaliñada, le da un perfil bohemio y de artista. Sergio Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1986) es un jugador musical, de banda sonora. En tiempos en los que se exige la pizarra por delante de la creatividad, el base canario supone aire fresco, pureza y frescura. Sergio Rodríguez juega con la alegría de un niño, la entereza de alguien que ha sabido resarcirse después de haberlo pasado muy mal en la NBA –a la que llegó con menos recorrido del que necesitaba– y que ha encontrado en Pablo Laso

jueves, 23 de mayo de 2013

La química entre Tomic y Mavrokefalidis

La nueva pareja interior azulgrana brilla ante un Bilbao Basket sin brújula y minimizado por las bajas (88-62)

Tomic, en una acción del partido - ACB Photo / Àlex Caparrós.

Es el pilar sobre el que se ha sostenido el Barça durante casi toda la temporada, el que más rápido se adaptó de los nuevos refuerzos y el que más ha despuntado del grupo. Ante Tomic (Dubrovnik, Croacia, 1987) advirtió en su presentación que el juego del Barça de Xavi Pascual le beneficiaba más que el del Madrid de Pablo Laso y ha tratado por todos los medios de que su mensaje no se quedase en una observación de cortesía más para caer en gracia a su nueva afición. El pívot croata encontró acomodo en Barcelona después de que no le renovasen en la capital. Operación redonda para los azulgrana, que disfrutan de un Tomic escogido tanto en el quinteto ideal de la Euroliga y de la Liga ACB. El jugador recibió con rostro serio este último galardón antes de firmar una actuación bien completa (13 puntos, cinco rebotes y seis asistencias) ante un Bilbao Basket sin brújula y sometido desde el principio, en parte, por las bajas de Rakovic, Pilepic y Vasileiadis. Un caramelo para un inmenso Loukas Mavrokefalidis, llegado desde Rusia para suplir a Jawai para los playoffs de la Liga. El griego, que puede jugar de 4 y de 5 como destacó Pascual, tuvo química con Tomic y se sintió muy cómodo en la pista (16 puntos con 7/9 en tiros de campo) en la victoria local, concretada en 88-62. El Barça está a un triunfo de sellar su pase a semifinales.

Ni hubo partido ni tuvo rival el Barça en un Bilbao Basket debilitado que echó en falta a quienes no podían jugar y a la mayoría de los que jugaron. Raül López estuvo perdido, Zisis, tan errático como Hamilton y Mumbú, y solo Roger Grimau y Hervelle se salieron de ese guión desteñido. Entre ambos acumularon 31 puntos, la mitad de su equipo, vencido por adelantado tras el empate a 4 inicial por la electricidad de Huertas, la chispa de Oleson –lastrado por las personales–, la elegancia de un Lorbek renacido que casi todo lo hizo bien o la soltura de un Rabaseda que recuperaba una pelota y se marcaba un contraataque para machacar la pelota a una mano.

49-35 al descanso  

No tuvieron problemas los azulgrana porque Navarro no tuviese el día (1/5 en triples) ni lamentaron que Ingles se quedase a cero. Fueron los únicos en desentonar en un equipo que no se relajó pese a su gran superioridad: 49-35 al descanso y 61-41 (a los 23m 45s) tras el único triple de La Bomba. Los tiros desde más allá de 6'75 metros (7/24) y los tiros libres (7/14) fueron los únicos puntos negros de un Barça que cogió 39 rebotes por los 27 de su rival y que pese a tirar las mismas veces de dos (42) acertó once más, 30 por 19.

Nada más salir Mavrokefalidis asistió a Sada e hizo uno de los cinco mates de su nuevo equipo, capaz de repartir 21 asistencias ante un Bilbao Basket falto de fuerzas y de confianza. “Era muy difícil. A nuestra defensa le ha faltado energía”, advirtió Katsikaris. Y sobre todo poder frenar el poderío interior, liderado por Tomic y Mavrokefalidis, y rematado por Lorbek, Todorovic y Wallace. Entre los cinco sumaron 53 puntos en un encuentro sin chicha.

BARÇA 88 (27+22+19+20): Huertas (10), Oleson (7), Rabaseda (6), Wallace (7), Tomic (13) –quinteto inicial–; Sada (8), Navarro (4), Todorovic (5), Ingles (-), Mavrokefalidis (16), Lorbek (12). BILBAO BASKET 62 (15+20+11+16): Zisis (4), Grimau (14), Mumbrú (9), Hervelle (17) y Hamilton (9) –quinteto inicial–; Moerman (7), Sánchez (-), Raül López (-) y Samb (2).

domingo, 19 de mayo de 2013

La Liga del Hospi desde la grada

El conjunto de Miguel Álvarez se proclama campeón del grupo III de Segunda B y se jugará su pase a la categoría de plata con Jaén, Tenerife o Alavés

Jugadores y aficionados del Hospi celebran el campeonato de Liga - Foto: Toni Delgado. 


Parece que todo vaya a cámara lenta. Ángel Guirado (Málaga, 1984) se la acomoda y, girándose sobre sí mismo, remata ante Craviotto. El estadio se queda en silencio por la trascendencia de una jugada que marcará el futuro de ambos equipos. Si entra, el Olímpic de Xàtiva se meterá en los playoffs de promoción de ascenso a 2ª División y el CE L'Hospitalet perderá el campeonato de Liga del grupo III de 2ªB a favor del Huracán Valencia, que ha vencido 0-1 en Badalona y poder jugar la eliminatoria de campeones para ascender con una sola ronda. Guirado, centrocampista malagueño que juega con la selección filipina su madre es de allí, no acierta y se lleva las manos a la cabeza desconsolado. “¡Mi corazón!”, grita un niño en la grada, medio tiritando del susto y del diluvio que le está cayendo encima, pues va con pantalones cortos y no tiene nada con que protegerse. Es uno de los primeros en saltar al campo dos minutos después, en el 95, cuando el árbitro pita el final del partido: 0-0 y el conjunto de Miguel Álvarez sabrá su rival este lunes entre el Tenerife, el Jaén y el Alavés. Una bandera del Hospi se mezcla entre los jugadores y los aficionados locales y lo primero que hacen Craviotto y Valentín es consolar a un rival.

Bacari salta encima de la piña formada entre público y jugadores mientras suena el himno del club, seguido de un Follow the leader idóneo para la ocasión. La novia de Marc Pedraza se sube a él y se besan. Es la éxtasis para un equipo que hace poco más de un año y ante el mismo rival, también con un empate –en este caso a uno–, se quedó a las puertas de jugar las eliminatorias de ascenso. Aunque tampoco le hubiese valido ganar. “Todo el mundo sabía que íbamos a sufrir, pero ha merecido la pena”, se escucha en la grada. Es la misma voz que hace un rato ha reflexionado sobre el nombre del rival: “¡Qué pretencioso es llamarse Olímpic porque en Xàtiva no hay Juegos Olímpicos!”. Y la misma que le ha dicho al árbitro por activa y por pasiva que pite el final del partido tras la ocasión de Guirado, objeto de bromas por parte de la grada, que aconseja a su jugador Valentín, calvo: “¡Quítale la melena y hazte rastras!”. Guirado es muy protagonista en el campo, pues antes también había encarado sin suerte a Craviotto, genial para sacar la pierna. Con la pierna y la cabeza despeja Moyano una nueva acción de los visitantes, que protestan la amarilla a su capitán, Rifaterra. Un aficionado del Hospi opina lo opuesto: “¡Todo el partido igual 8, todo el partido igual!”.

Empieza a llover en serio y se encienden las luces del estadio, coincidiendo con la entrada de Nájera por Pau por los visitantes y un centro-chut de Nando que Craviotto desvía a córner. “¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”, gritan los aficionados del Olímpic, que todavía lo ven posible y se desesperan ante la salida de Craviotto, hábil para despejar con la cabeza ante Najera. Cirio exige a Francis. Belda le lleva la pelota a Manga para que saque, pero éste se entretiene. No tiene prisa y el árbitro le saca amarilla. Julio Rico, que había entrado por Corominas, remata de cabeza el segundo córner consecutivo y, poco después, se va cojeando y es sustituido por Peque. Quedan tres minutos más el añadido. ¡Final! Varios aficionados saltan al césped. En el marcador figura Campions y en la grada luce todavía más una pancarta agradecida: “Un equipo inolvidable. Gracias por este sueño”.     

Huracán Nadal en Roma

El tenista balear tritura a Federer (6-1 y 6-3) para ganar su séptimo título en la capital italiana y llegará a Roland Garros como número cuatro   

Nadal celebra su victoria en Roma - AFP. 


Es el sexto juego de la segunda manga y Roger Federer, el tenista con más Grand Slams (17), salva su primera bola de rotura subiendo a la red. Rafa Nadal le replica sin pestañear y cierra el juego con un passing de revés. En poco más de una hora el tenista balear tritura al suizo por 6-1 y 6-3 en una final del Másters 1.000 de Roma sin historia. Nadal levanta los brazos y apenas celebra su séptima victoria en la capital italiana, pese a todas las buenas noticias que le comporta: su sexto título en los ocho torneos que ha jugado esta temporada y recuperar un cuarto puesto que le dará un cuadro más accesible en Roland Garros. “Valoro lo que me está pasando porque sé realmente donde estábamos hace unos meses", dice el tenista con más Másters 1.000 que nadie, 24.

“Si me dicen esto antes, hubiera pensado que era una cosa de locos. Sin tanto tiempo que competir y con las dos primeras semanas en Chile y Brasil con sensaciones bastantes negativas, estar aquí meses después llevando ganado todo lo que llevo es un sueño”, continúa Nadal, que tras pasarse siete meses lesionado disfruta como nunca. Nunca antes había encadenado ocho finales como este año, donde es el mejor tenista con mejor currículum. En Roma supo sufrir ante Gulbis y Ferrer, y no tuvo apenas dificultades ante Berdych en semifinales ni en la final ante Federer, contra el que jugó gran parte del partido tranquilo, alejado de la línea ante un rival descompuesto que cedió la primera manga en 23 minutos, moviéndose de un lado de la pista y sin poder defender ninguna de las tres pelotas de rotura que se procura un rival desatado que ya este curso ya le había ganado en Indian Wells en cuartos de final dejándole también en seis juegos. Dos menos logró esta vez el suizo, que fue muy directo en su análisis: “Hoy no fue mi día, sino el de Rafa, lo que pasa frecuentemente contra mí”. Es la 20ª victoria de Nadal en los 30 duelos entre ambos. Citas para la historia como la final de Wimbledon de 2008, quizás el mejor partido de siempre.


Punto y final para Unicaja

El Barça, que se enfrentará en cuartos al Bilbao Basket, se lleva un partido de difícil digestión (57-50) y deja sin playoffs a un rival perdido que cede su puesto al Obradoiro  

Rabaseda se prepara para penetrar ante Zoric - ACP Photo / À. Caparrós.

– El partido no se ha acabado todavía...
– El partido no ha empezado...
Queda poco menos de medio minuto y un periodista ya ha recogido todos los bártulos de la tribuna de prensa y se dirige hacia la salida. Su vecino no le convence. No aguanta ni un momento más un partido de difícil digestión tras el descanso, con un Barça anotando ocho puntos en el tercer cuarto y un Unicaja quedándose en seis en el último y atesorando un 1/14 en triples. Con el penúltimo fallo desde más allá de 6'75, de Andy Panko, los visitantes pierden la opción de ganar el partido (la derrota se concreta en 57-50) y de entrar en los playoffs. Su puesto lo ocupará el Obradoiro, que sí ha hecho los deberes y logra su primera clasificación para las eliminatorias por el título –se enfrentará al Madrid– tras ganar al Bilbao Basket en Fontes do Sar por 79-73. Los vascos serán el rival del Barça en cuartos. Valencia Basket-CAI Zaragoza y Baskonia-Gran Canaria completan los cruces.

Con un robo a Urtasun y un contraataque de libro Rabaseda acaba desequilibrando un partido repleto de dudas, errores y tensión de ambos equipos. Una cita solo vistosa en la primera parte, cuando Wallace tiene un inicio fulgurante, Huertas está suelto, Sada aparece en todos los sitios y debuta Mavrokefalidis, el fichaje de los azulgrana para los playoffs para sustituir al lesionado Jawai. El pívot griego, que llega del Spartak de San Petersburgo y con pasado en Valencia, se empareja con Zoric y en su primera oportunidad anota su única canasta en juego. A Mavrokefalidis le necesitará cuatro intentos para meter un tiro libre, el gran déficit de su nuevo equipo en la primera parte (4/14). “Loukas lleva dos días con nosotros y ha jugado siete minutos. Tenemos que entenderle más y él a nosotros, tenemos que ubicarlo mejor en el campo. Estoy contento con su estreno”, analiza Xavi Pascual, su nuevo técnico.

Estoy bastante decepcionado”

En los dos primeros cuartos Unicaja domina el rebote, sobre todo el ofensivo, y se procura cinco tiros más (37-32 al descanso). Pero al conjunto de Repesa le falta un líder, un jugador regular que le guíe y le dé soluciones ante las dudas. Panko se estanca en cuatro puntos en el primer cuarto, Urtasun anota sus dos canastas en el segundo, el período en el que Vidal anota sus cuatro puntos. Únicamente Vázquez sobrepasa los diez puntos en un equipo que las ha pasado canutas durante todo el curso, que no se clasificó para la Copa del Rey de Vitoria y no estará entre los ocho mejores en la Liga ACB. 

A Repesa le preguntan en rueda de prensa cuál ha sido el principal problema de un curso tan convulso en el que llegó al Top 16 de la Euroliga. Cariacontecido, el técnico aprovecha la cuestión para enfatizar que el club debe renovarle: “Es mi primera temporada en ACB y para muchos jugadores también. [Con alguna victoria más] podíamos quedado quintos o sextos... Es la primera vez como entrenador que no me clasifico para unos playoff. Estoy bastante decepcionado”. ¿Está preocupado por su futuro? “Si salud está bien, si la familia está bien, no estoy preocupado”, responde. Es su única frase en castellano antes de repetir que cuando se mira al espejo sabe que lo ha dado todo por el equipo, aunque “no lo suficiente”.

Dragic remata un parcial de 0-10

A su Unicaja le ha faltado orden y lectura de las jugadas. Y claridad y acierto en ataque, pues solo el Cajasol, con 2.448, ha anotado menos puntos que los malagueños (2.481). Unicaja solo ha metido seis puntos más de los recibidos. Cinco consecutivos mete Dragic para rematar un parcial de 0-10 que vuelve a poner por delante a los visitantes (43-44 a los 29m 56s). Sobre la bocina y con una contra supersónica Huertas se marca una canasta exquisita para aliviar a su equipo, que solo había anotado dos triples, ambos de Ingles (2/17 en la segunda parte).

Un poco de Tomic, algo de Jasikevicius y Rabaseda, que se marca el mencionado contraataque y no falla dos tiros libres, frustran a un Unicaja que se despide del curso sabiendo que debe hacer de nuevo una profunda renovación. El puesto de Repesa y el de varios jugadores pende de un hilo.

BARÇA 57 (19+18+8+12): Huertas (7), Oleson (6), Rabaseda (3), Wallace (7), Tomic (11) -quinteto inicial-, Sada (1), Jasikevicius (2), Todorovic (4), Lorbek (4), Ingles (6), Abrines (3) y Mavrokefalidis (3). UNICAJA 50 (17+15+12+6): Calloway (5), Vidal (4), Panko (4), Vázquez (10) y Zoric (7) -quinteto inicial-, Urtasun (4), Perovic (4), Kinsey (5), Lima (0) y Dragic (7). Árbitros: Arteaga, Bultó y Castillo. Sin eliminados. Incidencias: Partido correspondiente a la trigésima cuarta jornada, última de la fase regular de la Liga Endesa, disputado en el Palau Blaugrana de Barcelona ante 4.013 espectadores. 

domingo, 12 de mayo de 2013

Spanoulis remata otra proeza de Olympiacos

Nombrado MVP de la final, el base griego lidera a un equipo generoso que remonta 17 puntos en contra a un Madrid boquiabierto para ganar su segunda Euroliga consecutiva (100-88)

Spanoulis levanta la tercera Euroliga del Olympiacos, segunda consecutiva - Euroleague / Getty.

No hay nada imposible para un grupo tan generoso como Olympiacos, capaz hace un año de remontarle 19 puntos al CSKA en 12 minutos y el curso después de recuperar 17 ante el Madrid y llevar el partido a un marcador amplio, justo lo que, en teoría, convenía a los blancos. El grupo de Bartzokas supo reponerse a un inicio fulgurante de su rival (10-27 a los 9m 23s) y de Sergio Llull, Rudy Fernández y Begic en particular, y se llegó a poner a dos puntos (39-41 a 20m 28s) sin ningún tanto de su estrella, Vassilis Spanoulis (Larissa, Grecia, 1982), negado hasta entonces (0/5). El Olympiacos se sostenía sin su pilar gracias a un espíritu colectivo encomiable -el que transmitió al grupo Ivkovic y ha sabido mantener Bartkovas-, a una defensa mejorada, a los triples de Antic, Perperoglou y Law, y a la voluntad de Hines y Sloukas. Pero aguardaban la guinda, que no era otra que Spanoulis. V-Span se transformó en la segunda parte, donde se mereció su tercer MVP en una Final Four –con lo que iguala a Kukoc– por su maestría y contundencia: metió 22 puntos con tres triples consecutivos con los colocó a su equipo por primera vez por delante (48-45 a los 22m 10s). Rudy (21) y Sergio Rodríguez (17), los mejores del conjunto de Pablo Laso, pudieron salvar la situación hasta bien entrado el último cuarto, pero el partido se le hizo muy largo al Madrid, derrotado por 100-88, privado de un Carroll competitivo de un Reyes bien defendido y errático con los tiros libres (2/6) y sentenciado con otro triple de un Spanoulis brillante que logró su tercera Euroliga. Tantas como su equipo, que encadena dos consecutivos. Algo que no lograba ningún equipo desde el Maccabi Tel Aviv de Jasikevicius, campeón en 2004 y 2005.

“Estos partidos nos tienen que hacer crecer y aprender de estas situaciones. Somos un equipo joven, unos novatos en este tipo de finales”, reflexionó Rudy, eliminado a medio segundo del final por darle un pequeño zarpazo a Spanoulis, capitán de Olympiacos y el primero en levantar bien alto un trofeo sudado por su equipo. El mismo jugador que, viendo las caras de sus rivales desde el podio, se bajó y fue a saludarlos uno a uno. Un gesto generoso.

El reparto de puntos

El Madrid era un equipo deshecho que se había quedado boquiabierto ante los recursos de un rival inferior en su fondo de armario que le había ganado en un partido ofensivo en su vuelta a una final de la máxima competición continental 18 años después, cuando se llamaba Copa de Europa y ganó la octava. Hubiese levantado la novena si hubiera  mantenido la excelencia del primer cuarto, cuando anotó cinco triples en siete intentos y solo falló dos canastas de dos. A los cinco minutos todos los miembros del quinteto inicial del Madrid habían anotado. Y eso, mayor contribución entre más jugadores, es lo que echó en falta durante todo el partido, pues solo Rudy, Llull y Sergio Rodríguez superaron los ocho puntos, mientras que en el Olympiacos hasta seis jugadores alcanzaron o superaron los diez.

El primer triple tras seis intentos de los griegos –obra de Antic– cambió la dinámica del partido: el Olympiacos recuperó su garra habitual y el Madrid se encogió como Rudy y solo Sergio Rodríguez impidió que estuviese por delante en el marcador al descanso (37-41). La segunda parte sería un recital de Spanoulis y compañía, letales especialmente en el último período, cuando golpearon a un rival herido con 39 puntos, por más que Sergio Rodríguez tratase de igualar al Olympiacos en épica.

OLYMPIACOS 100 (10+27+24+39): Law (20), Spanoulis (22), Powel (2), Printezis (5), Papanikolau (5) —quinteto inicial—, Hines (12), Antic (10), Perperoglou (10), Shermadini (3), Sloukas (11) y Katsivelis (0). MADRID 88 (27+14+20+27): Llull (14), Rudy Fernández (21), Carlos Suárez (5), Mirotic (7), Begic (6) —quinteto inicial—, Draper (0), Reyes (4), S. Rodríguez (17), Carroll (5) y Slaughter (9). Árbitros: Cerebuch (ITA), Belosevic (SER) y Ryzhyk (UCR). Rudy y Slaughter, eliminados en el minuto 39. 15.169 personas en el 02 de Londres. El CSKA gana 74-73 al Barça por el tercer puesto.

Un tentempié para Nadal

El balear borra a Wawrinka (6-2 y 6-4) para llevarse su tercer Másters 1.000 de Madrid, su quinto título del curso y el 40º en tierra batida, igualando a Muster

Nadal muerde su tercer trofeo de Másters 1.000 de Madrid. 

– Lo que no voy a hacer nunca es estar en una pista de tenis sin dar todo lo que tengo dentro. Eso jamás.    

Rafa Nadal (Manacor, 1986) lo dice en octubre de 2005 tras remontar dos sets en contra en la final del Másters 1.000 de Madrid ante Ivan Ljubicic. Aguanta un dolor indescriptible en el pie izquierdo y las rodillas y cuando el doctor Cotorro le queda la venda del pie tras el partido descubre ampollas, sangre y piel desgarrada en algunas zonas. El balear ha logrado una victoria épica, pero poco después tiene que renunciar a la Copa de Maestros de Shanghái y su carrera pende de un hilo varios meses. Una situación que volvió a vivir durante siete meses, desde su derrota en Wimbledon el curso pasado hasta su reaparición en Viña del Mar en un curso fantástico para él. Nadal ha jugado siete torneos y ha levantado cinco, el último y por tercera vez en su carrera –como Roger Federer– en Madrid ante un Wrawrinka que no fue ni la sombra de aquel Ljubicic que le formó al máximo. El suizo levantó la bandera blanca de rendición tras una hora y 11 minutos y un marcador muy claro: 6-2 y 6-4. Nadal logró su 40º torneo en tierra batida, igualando la marca de Thomas Muster. 

El balear tiene a solo seis títulos el récord de Guillermo Vilas, el mejor especialista en arcilla de la historia por palmarés. “Quizás esta victoria es aún más especial por donde venimos, de una temporada complicada. En estos últimos partidos me he acercado a la línea de juego que me interesa, a la aspiro a conseguir. Necesito seguir encontrando un poco más de calma, más confianza en mis movimientos”, dijo tras ganar su 23º Másters 1.000: “El torneo ha salido mejor imposible. Es el partido en el que he estado más agresivo. He conseguido jugar a un nivel alto”. Su próximo reto es revalidar su título en Roma –donde acumula seis coronas–, un logro que le haría recuperar el cuarto puesto en el ránking y tener cruces más favorables en su ciudad fetiche, París. En Roland Garros.  
            

Alonso enamora a Montmeló

El piloto asturiano vence con autoridad en el GP de España ante Raikkonen y Massa

Alonso y Massa, en el podio de Montmeló - EFE. 

Lo perseguía desde 2006, cuando vestía el azul de Renault y peleaba por un segundo título Mundial que acabaría festejando en Brasil. Pero han tenido que pasar siete años para que Fernando Alonso (Oviedo, 1981) volviese a ganar en Montmeló en el GP de España. Y lo logró tras remontar desde la quinta plaza, devorando a Raikkonen y a Hamilton en la tercera curva, a Vettel en la estrategia –Ferrari le hizo parar un giro antes que el alemán– y a Rosberg con el DRS. El propio Kimi Raikkonen, segundo, y su compañero Felipe Massa, tercero después de partir noveno, le acompañaron en el podio. 

Según están las cosas, venir aquí supone un gran esfuerzo. Quiero dedicaros este triunfo a todos y daros las gracias en mi nombre y en el de Ferrari”, dijo, emocionado, Alonso: “Volver a ganar en casa en increíble”. El asturiano redujo 13 puntos su desventaja sobre Vettel, de quien ahora le separan 17. El alemán suma 89 por los 85 de Raikkonen, de nuevo genial para cuidar los neumáticos haciendo una parada menos que sus rivales, y los 72 del propio Alonso, uno de los que doblaron a Hamilton (12º) y que se descuelga con 50 puntos, cinco más que Massa. Felipinho logró su primer podio del curso:Creo que vamos en la buena dirección, especialmente en las carreras”. 

Mercedes y Red Bull

El F138 funciona el domingo, pero no lo suficiente en las calificaciones. Justo lo contrario que el F1 W04 de Mercedes. Rosberg salía con la pole y solo pudo ser sexto, justo detrás de Vettel y Webber. Los Red Bull tampoco se encontraron cómodos en Montmeló. Vettel no tuvo opciones de atrapar a Massa y subir a un podio con dos Ferrari. El brasileño se acercó en los últimos giros a Raikkonen pero, según sus palabras, no quiso arriesgar para no desgastar más las gomas. En todo caso, el finlandés tenía una buena renta.

Alonso festejó la 32ª victoria de su carrera -ya es el cuarto piloto con más triunfos detrás de Senna con 41, Prost con 51 y Schumacher con 91- paseando la bandera de España por el circuito y luego la colgó en su Ferrari. La grada estaba rendida a los pies del asturiano, el primero en la historia que gana en Montmeló saliendo más allá del tercer lugar. Alonso sumó su segundo triunfo de la temporada, tantos como Vettel. El otro fue para Raikkonen. Son los tres primeros en un Mundial emocionante.  

Serena Williams vuelve a empequeñecer a Sharapova

La estadounidense se consolida como número uno venciendo por segundo año seguido en Madrid y prolongando su racha de victorias ante la rusa, que no le gana desde 2004

Serena festeja su victoria en Madrid - Reuters. 

No era un trofeo especialmente bonito. Recordaba a cualquier jarra de vidrio que sirve para decorar la casa o poner las flores. Pero para Maria Sharapova (Niagan, Rusia, 1987) era el más bonito del bonito, lo mecía y lo agarraba con ternura a la altura del corazón. “Ya sé que no me estoy mostrando demasiado entusiasmada, pero no se confundan. En realidad, sí que lo estoy. Lo que pasa es que no me salen sus palabras”, decía la rusa, que entonces tenía 17 años y cerraba su fantástico 2004 –Birmingham, Seúl, Tokio y sobre todo Wimbledon, convirtiéndose en la tenista más joven en ganar un Grand Slam desde Martina Hingis– con un triunfo en Los Ángeles en la Copa de Maestros. El 16 de noviembre de 2004 iba a marcar un punto y aparte entre Sharapova y la rival a la que había vencido en esa final y en la Wimbledon, Serena Williams (Saginaw, Michigan, 1981), que antes de la final del Másters 1.000 de Madrid había encadenado once victorias consecutivas ante la rusa, a la que derrotó en finalistas tan dolorosas como la de los Juegos Olímpicos de Londres, la Copa de Maestros del curso pasado y el Abierto de Australia de 2007. “[Me falta su] fuerza física (…) Ella es capaz de coger la línea y, con consistencia, disparar un tiro que es 30 kilómetros por hora más rápido que el resto de las chicas”, reconocía a Juan José Mateo en El País horas antes de comenzase el torneo en el que Sharapova pretendía acabar con su maldita trayectoria ante Serena Williams, pero perdió por 6-1 y 6-4. Serena Williams empequeñeció a la rusa para lograr su segunda victoria consecutiva en el Másters 1.000 de Madrid, algo que habían logrado, entre otras, Dinara Safina, Aravane Rezai o Petra Kvitova. Es el 50º título –el décimo sobre arcilla– de la menor de las Williams, que continúa como número uno del mundial ante Sharapova, sin la tecla adecuada para ganar a una rival casi inigualable.  

“Gracias a Dios… Estoy muy feliz. Gracias a Maria, al estadio…”, dice en castellano Serena Williams, al borde del llanto, pero también de la risa. Está eufórica la estadounidense, que volvió a minar la moral de Sharapova, condenada por los latigazos de su rival y de sus propios errores, hasta ocho dobles faltas, la última en el penúltimo punto del partido y cinco en un primer set sin historia. Serena Williams atenaza a Sharapova, que en 15 minutos ya ha perdido dos servicios y cae 4-0. A la rusa le cuesta un mundo mantener su saque –lo consigue a la séptima oportunidad–, pero cede la manga. Mejora en la segunda, en la que llega a ponerse 1-3 y volviendo a las andadas para perder por 6-4. La estadounidense, a la que le encanta bailar salsa, se marcó un divertido giro sobre sí misma para celebrar el triunfo, antes de saludar a la grada, firmar a la cámara y hacer gestos.   

La Caja Mágica apenas disfruta de la final, poco más de una hora vive un encuentro intenso entre dos jugadoras poderosas en la pista y fuera de ella. Entre dos mayúsculas supervivientes. La rusa llegó a caer hasta el 126º puesto en el ránking por una lesión en el hombro, mientras que la estadounidense, que temió por su vida en 2011 cuando se le diagnosticó una embolia pulmonar –“ha sido extremadamente duro, aterrador y decepcionante. Sé que me pondré bien, pero estoy rezando y deseando dejar esto atrás pronto”–. Comparten un pasado difícil, pero les separa separan cinco años de vida, títulos y constitución. Mientras Serena mide 1'76 metros y pesa 70 kilos –puro músculo, fuerza, el vídeo que encabeza su web personal no podía ser otro que el de un entrenamiento en el gimnasio–, cuenta con 15 Grand Slam y 49 títulos, mientras que Sharapova, apodada Shazza, es más alta (1'90) y más fina (59 kilos), cuenta con cuatro Grand Slam, uno por cabeza. El año pasado rompió su difícil relación con la tierra batida ganando en Roland Garros, el único grande que el faltaba y donde en 2007 dijo una frase que le acompañará de por vida: “[en esta superficie] me siento como una vaca en el hielo”. Así se llegó a sentir por momentos ante una Serena Williams muy superior.

viernes, 10 de mayo de 2013

El genio de Sergio Rodríguez y el ingenio de Reyes frenan a un Barça corajudo

El Madrid alcanza la final de la Euroliga 18 años después ante un rival que se olvida de sus bajas y  pierde el hilo al final (67-74)


Sergio Rodríguez repartió nueve asistencias - Reuters. 

Es un momento íntimo que prefería vivir solo, con la única compañía de una toalla colgada en el cuello y la mirada perdida en el suelo, pero Nate Jawai (Sídney, Australia, 1986) atiende a una periodista en el vestuario del O2 de Londres y luego hace lo propio con Jordi Robirosa, a quien confiesa que no se encuentra bien, que está decepcionado y triste por la derrota del equipo: “He intentado ayudar a mis compañeros. No sé cuánto tiempo durará mi lesión”. La cámara enfoca su maltrecho pie derecho, el que se lesionó cinco días antes ante la Penya y cuyo diagnóstico –rotura parcial del tendón peroneo lateral largo– le exigía reposo. Pero el pívot australiano, que rompe a llorar tras la entrevista, ha hecho de tripas corazón para jugar cojo minuto y medio arriesgándose a empeorar de su lesión. Su cometido es que Tomic, hasta ese momento la referencia interior exclusiva con 18 puntos, coja aire justo después de que el Barça remonte (44-45 a los 25m 1s) ocho puntos en contra. El pívot croata ya no vuelve a lanzar y entre el genio de Sergio Rodríguez (nueve asistencias) y el ingenio del capitán Reyes (17 puntos) lanzan a un Madrid capaz de recuperarse de un 61-52 a 7m 29s para acabar ganando por 67-74 –a pesar del acelerón de Huertas– y alcanzar la final de la Euroliga 18 años y contra el mismo rival, Olympiacos. Perdidos al final por sus concesiones en ataque y en defensa, los azulgrana jugarán por el tercer puesto contra el CSKA de Moscú.

Hasta ese parcial de 6-22 que decide el partido hay un Barça inmenso que se olvida de las bajas y de tener a varios jugadores tocados y que sabe llevar el partido a su terreno: posesiones largas, ritmo pausado y a no dejar casi que su rival corra como le gusta. Al principio Navarro ata en corto a Rudy, que como su equipo ni está cómodo ni puede tirar como le gusta. Mientras, La Bomba anota con facilidad (16-9 a los 6m 3ss) y Huertas dirige con frescura a unos azulgrana en los que Tomic está acertado incluso con los tiros libres. Llull recompone al Madrid con tres triples y Reyes y Sergio Rodríguez empiezan a hacer de las suyas, a aprovechar los despistes de un Barça sostenido por Tomic y que por momento es muy inocente, como Ingles haciéndole una personal a Reyes a poco más de dos segundos (33-39 al descanso).

Huertas y Tomic

Un mate de Begic (33-41 a los 21m 11s) parece impulsar al Madrid, pero los azulgrana responden con una canasta de Lorbek que entra llorando y la garra de Huertas y Tomic para remontar. El base brasileño anota ocho puntos casi seguidos -con dos triples incluidos-, Jasikevicius comparece con fuerza e Ingles –uno de los cuatro titulares que superan los 30 minutos en el partido– se marca otro triple (61-52).

El Madrid está en el dique seco. Eso es lo que indica el marcador, pero no. Encuentra de nuevo a Reyes, un ejemplo de tesón y coraje al que algunos parecen descubrir cada año. El capitán madridista da un par de zarpazos seguidos aprovechando que el Barça, en palabras de Huertas, “comete errores infantiles”. Continúa el actuación del mago de la chistera, un Sergio Rodríguez (nueve asistencias, seis en el segundo cuarto) que está jugando su mejor temporada y cumpliendo las expectativas que generó tras su apurado viaje a la NBA. El base canario enamora con su desparpajo y Jasikevicius y compañía se bloquean provocando contraataques fáciles de un rival que se pone 63-69 a los 2m 8s, tras otra acción de Reyes -“le llamamos relojito porque siempre está”, le elogia Laso- y un parcial de 2-17.

El rebote y las pérdidas minimizan a un Barça que no se rinde: a Lorbek duda y luego le faltan unos centímetros para meter el triple y a Tomic para capturar el rebote. Uno importante coge Mirotic, encogido gran parte del partido, y Navarro, bien defendido en el epílogo, no puede recibir. Huertas falla un triple, Sergio Rodríguez anota dos tiros libres y minimiza a Navarro, y un Rudy discontinuo se hace con la enésima pérdida de un Barça corajudo que pierde el hilo al final. “No hemos sabido jugar los últimos seis o siete partidos. Son oportunidades que no se pueden dejar escapar”, concede Navarro. “Nuestra defensa en el último cuarto ha sido clave”, dice Rudy. Y nadie como Jawai resume la derrota azulgrana. “Hay otro partido por el tercer puesto que no va a ser fácil jugar”, cierra Lorbek.


BARÇA 67 (18+15+18+16): Huertas (19), Navarro (9), Ingles (5), Lorbek (6) i Tomic (18) -quinteto inicial-, Sada, Abrines, Jasikevicius (6), Todorovic (2), Rabaseda, Jawai y Wallace (2). MADRID 74 (11+28+9+26): Llull (13), Rudy Fernández (8), Suárez (6), Mirotic (6) y Begic (4) -quinteto inicial-, Draper, Reyes (17), Sergio Rodríguez (12), Carroll (2) y Slaughter (6). Árbitros: Luigi Lamonica (ITA), Ilija Belosevic (SER) y Elias Korominas (GRE).

El fuego de Spanoulis

El MVP de la Euroliga, a pesar de su porcentaje en triples (0/6), dirige hacia la final de la Euroliga a un Olympiacos grandioso que derrite a un CSKA menor (52-69)

Spanoulis, en una acción del partido - Euroleague/ Getty.

“Es algo que pasa sólo una vez cada cien años. Que un equipo con un presupuesto de 10,8 millones consiga el título era impensable”, decía Vassilis Spanoulis (Larissa, Grecia, 2012) recordando la gesta del curso pasado de Olympiacos, que se coronó campeón de la Euroliga tras empequeñecer al Barça en semifinales y en la final a un CSKA de Moscú que ganaba por 19 puntos a falta de 12 minutos en Estambul. De la mano de Spanoulis y con un tiro agónico de Printezis se vivió una de las grandes remontadas de la historia del deporte.
Casi un año después ambos equipos se volvieron a ver las caras en el O2 de Londres, esta vez en semifinales, con el mismo ganador que todavía a reducido más su presupuesto. De nuevo con Spanoulis –a pesar de su 0/6 en triples– como pieza clave de Olympiacos, pero esta vez en un encuentro sin un epílogo trágico, pues los griegos, dirigidos por su estrella, nombrado MVP de la Euroliga el jueves, fueron infinitamente superiores a un CSKA horroroso y desnortado por el pésimo partido de dos de sus figuras, Teodosic (5 puntos y 1/9) y Krstic (2 puntos, 1/5). Vencedores por 52-69, los griegos esperan a Barça o Madrid en su segunda final consecutiva de Euroliga.

El CSKA apenas se pareció a sí mismo, a ese equipo con un fondo de armario interminable que dispone de más recursos económicos que nadie en Europa. Lo fue en su puesta en escena con un Weems inalcanzable y un Khryapa fino (8-4 a los 2m 22s), el guión que habían imaginado los expertos, que volvían a dar como favoritos a los rusos. Quizás olvidaron el duende de Spanoulis, capaz de recomponer a un equipo ejemplar que no buscó excusas en que tanto Powell como Papanikolaou –otro héroe de la final de Estambul– se cargasen con dos personales rápidas. En el diccionario de Olympiacos están subrayadas en marcador palabras como trabajo, generosidad y entrega. Valores que encarna Spanoulis, que adelantó a su equipo por primera vez (15-16 a los 7m 1s). Ahí, a base de hacer las cosas bien, el conjunto griego rompió a su rival, al que minó la moral poco a poco. El grupo de Messina empezó fallando cuatro tiros libres en el primer cuarto y afinado con los triples (4/7). En cuanto perdió el acierto desde más allá de 6'75 –encadenó diez fallos consecutivos– el CSKA se convirtió en un pelele para un Olympiacos en el que sobresalían todos: el tesón de Sloukas, la pericia de Hines y la muñeca de Antic (28-40 al descanso).

El partido decayó en ritmo y el Olympiacos se perdió el lujo de dudar y en el tercer período perdió cinco pelotas, una menos que en toda la primera parte. Pero su rival seguía atontado y sin sangre y Teodosic ya cometía un error de peso el base serbio, que anotó por primera vez en la línea de personal a 8 minutos del final. Su equipo había metido todos sus puntos (ocho) en el tercer cuarto desde dicha distancia y se había acercado (36-47 a los 26m 20s). Pura anécdota, pues ahí estaban Hines y Antic para remediar el mini entuerto. Vorontsevich anotó la primera canasta en juego del CSKA en más de 13 minutos, un dato que resumió el fuego de Spanoulis y compañía ante un CSKA muy menor.      


CSKA MOSCU 52 (17+11+8+16): Jackson (7), Teodosic (5), Weems (13), Khryapa (11) y Kaun (7) –quinteto inicial–; Papaloukas (-), Micov (3), Vorontsevich (2), Erceg (2) y Krstic (2). OLYMPIACOS 69 (24+16+13+16): Law (6), Spanoulis (8), Papanikolau (5), Printezis (6) y Powell (-) -cinco inicial-- Katsivelis (-), Sloukas (5), Perperoglou (8), Hines (13), Antic (13) y Shermadini (5). Árbitros: Guerrino Cerebuch (ITA), Borys Ryzhyk (UCR) y Olegs Latisevs (LET). Sin eliminados. O2 Arena. 9.218 espectadores.