domingo, 31 de julio de 2011

Button reina en Hungría y Alonso queda tercero

Button hace el gesto de la victoria en el podio de Hungaroring -EFE.
Un mismo gesto compartido por tres personas cercanas se degusta más. Jenson Button (Frome, Reino Unido, 1980) unió sus pulgares, extendió los dedos índices y escondió el resto como hacían su pareja, Jessica Michibata, y su padre, John. Los tres dibujaban con las manos la W de victoria (win en inglés) para celebrar el undécimo triunfo del piloto de McLaren en el escenario del primero, el circuito de Hungaroring, y coincidiendo con el gran premio número 200 de Button, para el que definitivamente Hungría es especial. El británico se marchó de vacaciones a Miami con los 25 puntos de la victoria. Un mal menor para el líder del Mundial y segundo clasificado de la prueba, Sebastian Vettel, insatisfecho siempre que no gana -no lo consigue desde hace tres pruebas-, pero contento de haber aumentado la renta con respecto al resto de aspirantes, de los que Fernando Alonso es el más certero en las últimas fechas. El asturiano concluyó tercero justo por delante de su ex compañero Lewis Hamilton, el genio decidido y ambicioso que lideró casi toda la prueba y al que le perjudicaron un par de decisiones: la de su equipo de poner neumáticos intermedios cuando estaba lloviendo en vez de duros -como sí hicieron Alonso, Vettel y Button- y un pase y siga, su quinta sanción en el curso, por hacer una maniobra que provocó que Di Resta se saliese fuera de la pista. Buenas noticias al fin y al cabo para Button, que sacó de sus casillas a Hamilton: es el más tranquilo en las carreras más extrañas, como sucedió en Canadá. "No me preguntéis por qué", relató el vencedor en  Hungaroring, "pero se me dan bien este tipo de situaciones".

Button había abandonado en Silverstone y Nürburgring. Una racha que le afectó en Hungría, donde empezó muy seguro defendiendo su posición (el tercer puesto) ante Alonso, que había dicho que podía ponerse primero en la salida a pesar de partir desde la tercera línea de parrilla, quinto. Y cuarto se colocó Alonso tras superar a su vecino en Ferrari, Felipe Massa, a quien le pasó de todo -choque con las protecciones incluido- para acabar sexto. El lugar al que cayó Alonso después de ser sorprendido por los dos Mercedes de Michael Schumacher y Nico Rosberg. Cuando el asturiano los adelantó, Hamilton seguía poniendo nervioso a Vettel, hasta forzar el error del alemán y ponerse primero. Button venía muy fuerte por detrás.

Incendio en el Renault de Heidfeld

El trazado se iba secando y Ferrari y Red Bull quisieron probar el rendimiento de los superblandos con Massa y Mark Webber -quinto en el GP de Hungría-. Sólo cuando los equipos comprobaron que era la estrategia adecuada repitieron la jugada con sus primeros pilotos. A Alonso, como le había sucedido a Massa, le costó mucho calentar los neumáticos y tuvo algún despiste. Sustos sin importancia -nada que ver con la imagen de Nick Heidfeld, a quien se le incendió el Lotus Renault- en una carrera que dominaba a placer Hamilton: en 19 vueltas ya había doblado a cinco rivales. En su remontada, Massa forzó tanto a Schumacher, que éste se salió del trazado y tuvo que retirarse. Tampoco el 2011 es la temporada del mejor piloto de la historia.

Entre los más destacados figura Alonso, que adelantó a los dos Red Bull, primero a Webber y después a Vettel, en la tercera parada en boxes, pero que no podía intervenir en el duelo por la primera posición entre Button y Hamilton. Los dos pilotos de McLaren se intercambiaban la primera posición: ahora tú, ahora yo. Hamilton se fue primero a cambiar los neumáticos, los equivocados, los intermedios. Lloviendo como llovía, eran un peligro y tuvo que reemplzarlos por los duros dos vueltas después, con lo que tuvo que hacer un pit stop de más. Y no tardó en volver a los talleres, ya que fue penalizado con un drive-through, tras el que salió quinto tras Webber, al que pudo adelantar con un interior: "Asumo el castigo. Otro para mi baúl. Voy camino de récords. ¿La carrera? Button me apretó mucho cuando yo iba en cabeza y se mereció ganar la carrera. Me da pena por el equipo porque no hemos podido hacer un doblete". 

Con Vettel conservador -"he dejado que Jenson se fuera. He tenido algún problema con el freno y no quería arriesgarme"- Button tuvo unas últimas vueltas plácidas. Un epílogo antes de las vacaciones que siempre recordará por coincidir con su gran premio número 200. Dos años en el Mundial cumplía Jaime Alguersuari, que celebró la efemérides puntuando -fue décimo-, mientras que su compañero Sebastien Buemi, que salía último le ganó la partida para colocarse octavo. 

lunes, 25 de julio de 2011

Stoner le devuelve la moneda a Lorenzo para vencer en Laguna Seca

Stoner rueda primero, seguido de Lorenzo -EFE.

Casey Stoner tenía un par de cuentas pendientes. La primera, frenar la racha de Jorge Lorenzo, su único rival por el título, que le había recortado 13 puntos en dos carreras, incluso en Sachsenring, le había superado en la última vuelta. La segunda idea de Stoner era volver a ganar en Laguna Seca para olvidarse de una vez por todas de aquel genial adelantamiento que le hizo Valentino Rossi hace tres años, el principio del fin del australiano aquella temporada. Stoner ganó, le sacó cinco puntos más a Lorenzo, segundo, y amplió a 20 puntos su renta, además de aparcar el famoso episodio con Il Dottore. En un ejercicio de talento y paciencia el australiano Stoner se ventiló con un interior a Dani Pedrosa en la entrada del Sacacorchos y en Andretti, con un por fuera prodigioso, se puso primero y se escapó definitivamente de Lorenzo, mermado por su caída en los entrenamientos y que tuvo que conformarse con el segundo puesto en el GP de EE UU. Pedrosa, al que le fallaron las fuerzas en el ecuador de la prueba -es normal tras tres operaciones en un año-, fue tercero y Rossi, sexto. El Mundial descansará tres semanas, hasta la prueba en Brno de mediados de agosto.  

El triunfo de Stoner, el 28º en la categoría reina, el quinto de la temporada y el segundo en el circuito más corto del calendario, resultó una victoria de temple y cabeza fría, empezando por la calificación, en la que acabó segundo gracias a una última vuelta sólo 72 milésimas inferior al tiempo de Lorenzo, que marcó su tercera pole consecutiva en el Mazda Raceway Laguna Seca. El australiano reaccionó en el warm up, Honda hizo mejoras en la moto y el piloto se sintió más cómodo. Puestos ya en faena, perdió la plaza en la salida con Pedrosa, que le pasó por el interior, y no se destempló con éste y Lorenzo se escaparon en las primeras vueltas. Por detrás Rossi remontaba y le hacía de tapón a Ben Spies, doble motivado por correr en casa y hacerlo con una Yamaha diseñada especial por el 50ª aniversario de la marca. Con el rojo y el blanco como colores dominantes. Exacta estampa que la que llevaba la moto hace semanas en la primera victoria de Spies en MotoGP. Esta vez el estadounidense no llegó tan lejos, pero le birló la cuarta plaza a Andrea Dovizioso a dos giros del final.

En Ducati no pensaban en ganar, sino en experimentar: se tomaron la cita como un banco de pruebas. Rossi quedó por delante de Nicky Hayden, séptimo, con lo que los italianos extraen que la moto del nueve veces campeón del mundo, con algunos guiños a la del curso que viene, funciona algo mejor que la actual, que pilota el último estadounidense en ganar en Laguna Seca. Territorio favorable a Lorenzo, cuya ilusión era escaparse al principio y que Pedrosa quedase por delante de Stoner. Un deseo que no se cumplió, pues el australiano se comió a Pedrosa y acabó haciendo lo mismo con Lorenzo -"cuando me ha pasado he visto que tenía un ritmo superior, le felicito", que en tres años ha pasado por las tres plazas del cajón del GP de EE UU: fue tercero en 2009, primero en 2010 y segundo ahora. Como el año pasado Álvaro Bautista tuvo que abandonar -como su enemigo Marco Simoncelli- y Héctor Barberá, en su GP número 150, finalizó noveno. 

domingo, 24 de julio de 2011

Mirotic machaca a Italia para condecorar con su primer oro europeo a la selección sub 20

La selección sub 20 festeja su triunfo en el Eurobásket -EFE.
Tiene la mirada tristona de Dejan Bodiroga. Incluso se parece a él físicamente. El tiempo, los partidos y los logros determinarán qué más une a Mikola Mirotic (Podgorica, Montenegro, 1991) con uno de los mejores jugadores europeos de la historia, un rebelde que nunca quiso ir a la NBA. Una aventura que Mirotic, escogido en el último draft por los Chicago Bulls, tiene aparcada. Su deseo inmediato es triunfar tanto en el Real Madrid como acaba de hacer con la selección española sub 20, a la que condecoró con su primer oro europeo en su cuarta final ante Italia (70-82). Francia fue bronce tras vencer a Rusia por 66-50. Mirotic, nacionalizado español, ue nombrado MVP del torneo y anotó 29 puntos  y 11 rebotes el último día, con lo que también se  convirtió el mejor anotador histórico en un Eurobásket sub 20, después superar la marca a Kostas Vasileiadis (27 tantos de media por los 25'5 logrados por el griego en 2004). A Mirotic se le ha quedado pequeño el torneo disputado en el Bilbao Arena. Los chicos de Juan Antonio Orenga emularon a las chicas sub 20, que entrenadas por Lucas Modelo y lideradas por la MVP Queralt Casas ganaron el oro en el Eurobásket de Serbia. 
Mirotic fue el objetivo prioritario del ataque español -"todo el mundo ha trabajado para él y él para los demás", dijo Orenga- y de la defensa italiana, empeñada en neutralizar al jugador más desequilibrante del campeonato. Nunca lo consiguió y Mirotic fue quien anotó la primera canasta del partido, quien puso la máxima renta de la selección (55-72 a 8m 32s) y quien se alió con el capitán Josep Franch (19 tantos y siete asistencias) para tranquilizar al equipo, que acababa de encajar un 9-0 en contra con Di Nicolao como protagonista. Éste es un oro zanjado a base de talento, lucha y pese a los contratiempos, empezando por el codazo que se llevó en la final en la nariz Joan Sastre de Gentile en el primer minuto y que le impidió volver a la pista. El jugador de Cajasol, el segundo máximo anotador del equipo, se mareó en el vestuario, donde le pusieron varios puntos, no pudo volver a jugar. Mientras que el infractor, Gentile, se llevó los pitos de la grada y los gestos de incomprensión de sus compañeros: siempre fue por libre. Incluso cuando Italia empequeñeció a España en el primer cuarto, cuando se puso 13-8. La entrada de Àlex Barrera dio más ideas y frescura a la selección, que concluyó el período con empate a 15, pero con siete pérdidas, cuatro menos que su media durante el campeonato.

Josep Franch, genial

Con Josep Franch en la dirección (en la recta final se unió alos tantos) y Barrera y sobre todo Mirotic en la anotación, España se fue al descanso 35-42 y 19 tantos de su MVP. Italia había tenido que prescindir mucho tiempo de Melli, cargado muy pronto con dos personales, y que cometió la tercera y la cuarta en el inicio del tercer cuarto. Un momento para el descaro de Joan Tomàs, Jóder y Franch y para la desgracia de Simeón, un buen defensor que se torció el tobillo. Otro jugador eliminado. El tercero sería Nacho Llovet, que ha jugado el campeonato con la rodilla derecha maltrecha, se hizo daño en la izquierda. El martes tiene cita para operarse.

Franch fue el mejor en la recta final: resultó explosivo y desequilibrante, y después tuvo el mejor detalle compartiendo el momento de levantar la copa con Sastre, antes incluso de que sonase el himno español por megafonía. El orden no alteró el producto. "Hemos tenido la mentalidad fría", reconoció Mirotic recordando los problemas que tuvieron durante el torneo y en la propia final: "Me siento muy contento, he hecho un gran campeonato. Mis compañeros me hacen jugar fácil y me pasan balones". Ellos, como el propio público, le felicitaron antes de recibir el trofeo como MVP en manos de Svetislav Pesic: era un secreto a voces. Mirotic posó para la foto con una txapela que le pusieron. Un broche de tradición para un torneo para enmarcar de la selección, que logró su primer oro europeo después de ganar sus nueve partidos. Lo hizo a las nueve en punto de la noche. 
ITALIA 70  (16+19+20+15): De Nicolao (11), Vitali (3), Gentile (14), Melli (9) y Cervi (2) - quinteto inicial-, Polonara (6), Moraschini (17), Santiangeli, Baldi (8) y Traini. ESPAÑA 82 (17+25+26+14): Franch (19), Pozas (5), Sastre, Llovet (3) y Mirotic (29) -quinteto inicial-, Simeón, Barrera (10), Arévalo, Jodar (6), Joan Tomás (7), Lorenzo y Gil (3). Árbitros: Radovic (CRO), Lottermoser (ALE) y Dragojevic (MNE).  

Cavendish se lleva su quinta victoria para despedir un Tour marcado por las caídas

Cavenvish celebra su victoria en los Campos Elíseos -EFE.

Un final tranquilo, lógico con el quinto triunfo de Mark Cavendish al esprint, para el Tour con más caídas, accidentes y más líneas de parte médico de los últimos años. Una edición ganada por primera vez por un australiano, Cadel Evans, que con 34 años y cinco meses  -el más veterano desde 1922, cuando Henri Pélissier venció con un mes más- se llevó un triunfo por el que llevaba luchando desde que se enamoró del Tour gracias a los éxitos de Miguel Indurain. "Hay personas que han confiado en mí", relató Evans, "y yo también". Quizás le subestimaron los dos hermanos que le acompañaron en el podio de París, los Schelck. Andy y Franck se centraron en Alberto Contador y se olvidaron de Evans, corredor que empezó destacando en mountain bike antes de aterrizar en el Saeco, donde conoció a su preparador físico, Aldo Sassi, vencido por el cáncer en diciembre del año pasado. Evans confesó que no había tenido tiempo para reflexionar sobre qué significaba para él ganar el Tour, pero se lo agradeció a los que han sido agradecido con él y se emocionó con el precioso Advance Australia fair. El himno de su país interpretado a capela por una cantante. 

Evans estuvo tan generoso en gestos -sus compañeros del BMC le abrazaron a la vez- en la celebración como luchador durante la carrera, en la que fue un auténtico resistente y no dudó en vaciarse hasta el final para rebañar algunos segunditos, como en Gap cuando le sacó tres segundos a Contador. Sólo se sintió ganador "hasta los dos, tres o cuatro kilómetros finales" de la contrarreloj de Grenoble. Una tortura para Andy y para el resto de no especialistas. Ahí entra Jeremy Roy, nombrado (con total merecimiento) ciclista más combativo de esta edición y al que tras cruzar el Aubisque le faltaron fuerzas para llegar primero a Lourdes. Una etapa en la que venció Hushvod, que como su compatriota Edvald Boasson Hagen pretendía alcanzar su tercera victoria en este Tour como homenaje a las víctimas de los atentados de su país, Noruega. Ni uno ni otro tuvieron opciones, pues en el último kilómetro surgió del pelotón el HTC para servir en bandeja a Cavendish otro triunfo más. El de la Isla de Man, puro rodillo, le sacó una bicileta entera de margen al segundo, el propio Hagen, y confirmó su primer maillot verde de la regularidad tras ser repescado en las dos últimas etapas de los Alpes, en el Galibier y en el Alpe d'Huez. El español José Joaquín Rojas fue segundo.

Esfuerzos en vano

Se cumplió con la tradición en los Campos Elíseos: fugas poco claras y etapa decisida al esprint. Seis corredores duraron en la escapada más larga y cruzaron juntos la línea de meta en la última de las nueve vueltas al circuito tras el toque de campana habitual. El Quick Step se puso manos a la obra para alcanzarles, mientras Swift y Back, dos de los fugados, apuraban sus pocos opciones de éxitos exprimiéndose al máximo. Carlos Barredo también intentó atacar. Esfuerzos en vano, simple previa para el acelerón de Cavendish: "Hemos permitido que otros equipos alcanzaron a los escapados para nosotros llegar frescos al final". 

Fresco y contento apareció en el podio junto a sus hijos Samuel Sánchez, maillot de puntos rojos que le distingue como el mejor de la montaña. Y justo después hizo acto de presencia Pierre Rolland, el mejor joven, quien le privó del triunfo en el Alpe d'Huez a él y a Contador, lejos de los focos de los homenajeados en su Tour más complicado tras un Giro mayúsculo. 

Hamilton vence en Alemania y Alonso queda segundo en la peor carrera del curso de Vettel

Hamilton celebra su triunfo en el circuito de Nurburgring -EFE.

Este Mundial ya no es un certamen donde Red Bull y Sebastian Vettel se quedan el mejor trozo del pastel y al resto le dejan las migajas. Cierto, Baby Schumi es el líder con una renta sideral, 77 sobre su compañero Mark Webber, pero algo ha cambiado con las mejoras de Ferrari, que ganó en Silverstone con Fernando Alonso y que en Nurburbring completó una actuación interesante, con Alonso segundo y Felipe Massa, genial, como pesadilla móvil de Vettel, al que hizo de tapón y con el que sólo cedió la cuarta plaza en el última vuelta, cuando le cambiaron los neumáticos duros como al alemán. Los mecánicos de Red Bull fueron más rápidos en la peor carrera del alemán desde el GP de Corea del Sur de la temporada pasada, donde se retiró. Massa se reivindicó: es el único de los pilotos de las escuderías punteras al que los expertos nunca colocan entre los favoritos a ser campeón, aunque en 2008 lo fuese durante un instante. Entonces, en su país, Brasil, se creyó el ganador de un Mundial que acabó llevándose Lewis Hamilton. El británico ganó el GP de Alemania aprovechándose de otro error de Ferrari, que alargó una vuelta más de lo previsto el paso por boxes de Alonso. El británico bordó el giro y ya no peligró su segundo triunfo del curso, con lo que se sitúa tercero en la general, a 82 puntos de Vettel, cuatro más que Alonso y cinco menos que Webber, tercero en Nurburgring. La cruz en McLaren fue Jenson Button, que tuvo que retirarse por segunda vez consecutiva por problemas hidráulicos: "Tenía coche para estar entre los tres mejores".

Tanto exprimió Alonso el 150º Ferrari, que no le alcanzó la gasolina para completar la vuelta de honor y se subió al Red Bull de su amigo Webber: una imagen relajada para una carrera "de ataque" como la definió el propio Alonso, muy satisfecho por su tercer podio consecutivo (había acabado segundo en Valencia y primero en el GP de Gran Bretaña). Cuarto había sido en esas dos carreras anteriores Hamilton, filosófico para explicar su gran evolución durante el fin de semana: "Poco a poco he ido comprendiendo el comportamiento del coche y entendiendo cómo degradar menos los neumáticos". Para sinceridad, la de Webber: "No podía aspirar a más".

Desde la segunda línea    

Para empezar, todo había cambiado en la foto de la pole del sábado, cuando salía a la izquierda, con su compañero Mark Webber en el centro como autor del mejor tiempo, y Lewis Hamilton como el segundo. Vettel salió, por tanto, desde la segunda línea de parrilla, una situación inédita en las últimas 15 carreras. El actual campeón no empezó fino y Alonso le ganó la partida en la primera vuelta tras un adelantamiento en paralelo, después de que Hamiton superase a Webber por la derecha y Massa, ante el acoso de Nico Rosberg, se saliese fuera de la pista y perdiese una posición ante el piloto de Mercedes. 

Un error de Alonso, que se salió del trazado, permitió a Vettel superar al asturiano, que fue acercándose hasta superarle gracias al DRS en la curva Castrol-S, un lugar propicio para hacerlo. Se escapó Alonso, beneficiado por una equivocación de Vettel, tan ansioso que frenó en la línea blanca e hizo un trompo. Así que se le acercaron Massa y Rosberg, al que pasó como pudo el brasileño. Felipinho llenó a rodar primero después de merendarse a los dos Red Bull antes de hacer su primera parada. Algo que hicieron en la 17ª vuelta Hamilton y Alonso. Antiguos compañeros en McLaren y eternos enemigos, las diferencias entre ambos eran pequeñas. No pararon en el mismo giro en el paso por el pit lane: el británico lo hizo en la 32ª y el asturiano, en la siguiente. Alonso se puso primera tras la salida de boxes, pero con los neumáticos (blandos, de nuevos) todavía fríos tuvo que aceptar que Hamilton le superase sin remedio. Es el principal problema del 150º Ferrari según palabras del piloto de referencia de la escudería: las gomas tardan en coger temperatura; lo positivo es que también retrasan su degradación.

Advertencias desde la radio

Webber iba detrás del dúo de cabeza seguido de Massa, en territorio de nadie, y con Vettel cerca. Los dos alargaron el segundo cambio de neumáticos (41º giro el brasileño, 42º el alemán) y las posiciones se mantuvieron. Vettel tenía problemas en los frenos. Desde la radio le indicaban que tenía que aguantar lo máximo con las nuevas gomas, porque "las duras con 1'5 segundos más lentas". 

No fue la carrrera de Jenson Button, que se tuvo que retirar poco después del ecuador de la prueba (36º giro) por problemas hidráulicos, justo cuando su compañero Hamilton se anotaba la vuelta rápida y sacaba tres segundos a Alonso. Bastante más detrás, Michael Schumacher luchaba por la undécima posición con Jaime Alguersuari.  Vettel mejoró sus registros y en Ferrari le decían a Massa que estaba a punto de perder el puesto. El brasileño, atento, se defendió haciendo el mejor segundo sector en pista. Apretaba el alemán, mientras Alonso continuaba recortándole décimas a Hamilton. 

Visto y lo visto, la estrategia iba a decidir. Webber, tercero, estaba al acecho de cualquier contratiempo de sus rivales. Hamilton puso los neumáticos duros a nueve vueltas, y Alonso, a seis. Ferrari tuvo que adelantar el cambio un giro más y el asturiano salió por detrás. Webber era el líder virtual, pues no tenía el suficiente margen para mantener la plaza después del paso por boxes. Y así fue. "Haz lo contrario que haga Massa", le indicaron a Vettel, que hizo lo que quiso y acabó cambiando los neumáticos en la última vuelta. La rapidez de sus mecánicos le permitió ganar tres puntos más y acabar cuarto por delante de un Massa muy combativo, frustrado como el curso pasado en la misma prueba. Entonces, en una cita disputada en el circuito de Hockenheim, cuando en Ferrari le soltaron aquel famoso: "Alonso va más rápido que tú, ¿lo has entendido?". El brasileño tuvo que apartarse.  

sábado, 23 de julio de 2011

Evans logra su primer Tour tras destrozar a Andy Schleck en la contrarreloj de Grenoble

Evans lanza el ramo de flores al público -EFE.
La diferencia estuvo a punto de alcanzar los cuatro minutos y medio. Andy Schelck caminaba, volaba hacia su primer Tour después de un calculado ataque en el Izoard y con dos compañeros como aliados en la fuga, camino del Galibier. Cadel Evans miró al resto del grupo. "¿No tiráis? ¿Por qué no tiráis?", les decía el australiano con gestos muy expresivos, totalmente enfadado. Evans no entendía por qué nadie hacía el trabajo sucio para recortar la renta de Andy. Así que, dedicido, se puso a tirar él mismo hasta recortar la desventaja casi a la mitad sin las ayudas de las que se ha aprovechado siempre. Evans tomó la iniciativa, salvó un día terrible y ató en corto al luxemburgués en la etapa de Alpe d'Huez, a pesar de tener problemas con la bici (que le cambiaron) cuando su rival se había escapado con Contador. Evans había resistido bien, había vencido en la photo-finish en el Muro de Bretaña. El australiano fue todavía más grande en el penúltimo día, en el último oficioso, cuando se quedó a siete segundos del ganador de la contrarreloj de Grenoble a Tony Martin, pero sobre todo destrozó al otro gran aspirante a ganar el Tour, Andy Schleck, con el que empezó con 57 segundos de desventaja y al que acabó sacando 1m 34s. Un mundo en 42'5 kilómetros de recorrido, una excelente actuación para que Evans celebrase su primer Tour: "No me lo creo, llevo tanto tiempo concentrado en ganar". Se acordó de su entrenador, Aldo Sassi, que falleció en diciembre y que seis meses antes le había asegurado que iba a llegar con el maillot amarillo a París. Contador fue tercero de la etapa y quinto en la general. Samuel Sánchez fue sexto, mientras que Thomas Voeckler resistió en el cuarto puesto y no tuvo opciones de subirse a la última plaza del podio, espacio para el hermano de Andy, Franck.  

Empapado en el rodillo, Evans estaba concentrado, inexpresivo antes de su tercera gran oportunidad de llegar a París como vencedor final. Había fracasado en el intento en 2007, cuando Contador ganó su primer Tour, y al año siguiente ante Carlos Sastre. No dejó escapar la ocasión esta vez el australiano, campeón del mundo en Mendrisio (Suiza) en 2009, donde vive actualmente, y amante de los coches antiguos, con lo que deshizo con Andy un empate trágico. Ambos habían sido dos veces segundos en la ronda francesa. Ahora el luxemburgués acumula tres (2009, 2010 y 2011), tantas como el carismático Raymond Poulidor. Evans no se lo creía en el podio, donde incluso esbozó una sonrisa, pese a ser una persona poco dada a mostrar su perfil más alegre. El referente del BMC olió el león de peluche de la organización y tiró las flores al público: su sueño se acababa de cumplir. Es el primer vencedor de la prueba desde 2005, año del séptimo Tour de Lance Armstrong, que no es español. 

"Igual su forma de correr no es espectacular"

Evans se ha renovado para vencer en la edición que siempre se recordará por el desfallecimiento de Contador en el Izoard y el Galibier. "Igual su forma de correr no es espectacular, pero ha hecho una gran carrera", le elogió el madrileño: "Es un digno campeón". Contador, que confesó que su móvil se quedó sin batería después de l gran número de mensajes que recibió tras su gran etapa en Alpe d'Huez, ha sabido asumir la derrota sin buscar excusas recurrentes como hacen otros. Más contento ha acabado Samuel Sánchez, brillante maillot de la montaña y con una victoria de etapa (la de Luz Ardiden) en su haber: es el primer español que acaba la prueba como el mejor escalador desde que en 1974 lo consiguiese Perurena. Sánchez hizo una crono notable, pues incuso superó al gran especialista actual, el suizo Fabian Cancellara, que salió pronto -era el 126º de 167- y que con la misma velocidad comprobó que no iba a ganar. En un rato le superaron Porte, De Gendt... Y, claro, Tony Martin. Cancellara, poco visible en este Tour, reducido a fundidor esporádico del pelotón al servicio de los Schleck, acabó a 1m42s del vencedor por el 1m 35s de Sánchez.

A poco más de un minuto acabó Contador, consciente de que tenía remotas opciones de llegar al podio y de llevarse una etapa que comenzó mal, pues a punto de caerse en la rampa de salida. Un susto que no le desconcertó, sino que le hizo para motivarse más, por qué no, para luchar por el triunfo de etapa. Tanto que el líder de Saxo Bank pasó por el primer punto intermedio a 21 segundos de Martin, exacto registro que Evans, que rodaba con mayor cadencia y más alegría que su competidor directo, que pasó a 57, por lo que al luxemburgués sólo le quedaban 21 de margen. Evans se comía a Andy, que por mucho que tenga dos campeonatos de su país en dicha especialidad, tenía sólo entre tres y dos segundos de renta en la mitad de la prueba. Era la lucha entre un corredor de 34 años rejuvenecido y juvenil y un joven sin gas. El australiano se mostraba muy entero en la subida en su bicicleta y pasó por el segundo punto a siete segundos de Martin (Contador pasó a 41'94) y más de medio minuto de ventaja en la general con Andy. Mientras, Taaramae y Rolland luchaban en su batalla por llevarse el maillot blanco, el de mejor joven de la prueba. Rolland, vencedor en Alpe d'Huez, se llevó el premio. 

Era cuestión de tiempo que Evans superase a Andy en la clasificación14 minutos de las cinco de la tarde. De hecho, en 60 segundos le sacó seis a Andy, desmoralizado antes de pasar por el segundo punto de cronometraje. Sabía que Evans iba camino de su primer Tour, un triunfo grandioso para alguien que ha sabido cambiar su forma de correr para ser el mejor. "Nos estamos olvidando de toda la gente que se ha caído y se ha roto los huesos en la carrera", quiso recordar Samuel Sánchez. Evans ha sido de los afortunados que no han tenido excesivos sobresaltos. El más fuerte, en definitiva. 

Contador pone la casta y Rolland vence en Alpe d'Huez

Contador, ascendiendo el Alpe d'Huez en solitario - EFE.

El orgullo y el respeto por sí mismo fortalecen al campeón, al que se le exige que demuestre su condición siempre, como si fuese una máquina y no una persona de carne y hueso como el resto. Agotado por un Giro prodigioso y maltrecho por las caídas, Alberto Contador (Pinto, 1982) había perdido el Tour virtualmente cuando no pudo responder al ataque seco y certero de Andy Schelck en el Izoard y se quedó descolgado en la ascensión al Galibier. Una pájara, que se diría en el argot ciclista, sobre todo un motivo poderoso para acabar la prueba sin excesos. Pero Contador se negó a agotar los últimos cartuchos del Tour sin seguir dando guerra, como ya había hecho atacando en un puerto de segunda como el col de Bayard el día que hizo perder más de un minuto en la meta de Gap al propio Andy o cuando se alió con su hermano de asfalto, Samuel Sánchez, para vaciarse un descenso técnico en la siguiente etapa con final en Pinerolo, en un esfuerzo con  el que no obtuvieron recompensa. Eso, el decir aquí esto yo y no me rindo nunca -"quería divertirme", dijo- es lo que intentó Contador con un ataque a más de 90 kilómetros de la meta, menos de 24 horas de su desfallecimiento en el Galibier. El tres veces campeón del Tour juntó todos sin dientes, se levantó del sillín y lo probó sin dudas: sólo Andy pudo seguirle entonces y Cadel Evans, paralizado por el pánico, se bajó varias veces de su bicicleta. Al australiano, al que le cambiaron la bici, le temblaban las piernas y le había fallado la cadena. Mientras, el maillot amarillo, Thomas Voeckler iba a su ritmo y no podía aprovechar el cable que le ofrecía su ex compañero Pineau. Contador, Andy y el resto de escapados serían alcanzados por gran parte de los favoritos -Sánchez remontó en la bajada-. Un contratiempo que no desanimó a Contador, inmenso, como el escenario, arrancó en el inicio de Alpe d'Huez y sólo le siguió por un momento Rolland, el vencedor final después de aprovecharse de que Contador y Sánchez, brillante maillot de la montaña final, tirasen del carro. El Tour se decidirá este sábado en la contrarreloj de Grenoble entre Evans y Andy, que parte con una pequeña ventaja de 57 segundos.  

Contador lamentó no haber podido ganar la etapa y dijo que quizás se había acabado atacando tan pronto. Una decisión inusual entre los grandes en el ciclismo actual, más dado a darlo todo en la recta final, que el romper la carrera muhco antes. ¿Es igualdad entre los mejores? ¿Es respeto? ¿O quizás falta de fuerzas? Lo cierto es que uan de las ediciones de la ronda francesa más parejas de la historia tuvo uno de sus capítulos más bellos en el Galibier, con la valentía de Andy atacando a 62 kilómetros de la llegada, y tuvo su continuación en la etapa de Alpe d'Huez, la última para Voeckler como líder. El ídolo francés es un compañero antipopular en el pelotón que está acostumbrado a sufrir desde que perdió a su padre en alta mar mar cuando era pequeño.  

El amor propio de Voeckler

La fortaleza de Voeckler es su amor propio, una energía que le permitió rodar solo mucho tiempo sin nadie que le ayudase. Al final, claro, perdió más de tres minutos respecto al ganador y bajó a la cuarta posición de la general. Eso, la clasificación final, es algo que no preocupa a Contador, que según dejó claro sólo le importa ser el campeón. Dijo haberse acordado de sus vecinos de Pinto mientras subía el puerto.

"Había que jugársela", insistió Contador, al que Evans y Andy no pudieron seguir. Sí le alcanzaron Sánchez y, a su rueda, Rolland, que cambió el ritmo y se marchó sin remedio a dos kilómetros de coronar el Alpe d'Huez. Contador y Sánchez hablaron para ver cómo podía alcanzar al valioso gregario de Voeckler, al que le habían dado carta libre para que hiciese la suya. Pero ninguno de los dos tenía ese último plus necesario para llevarse una etapa tan mítica. A Contador, increpado por un espectador vestido de médico con jeringa en referencia a su positivo por clembuterol, le valió para demostrar que los auténticos campeones están a las buenas y a las maduras y acaban levantándose. A Sánchez para hacerse con el maillot de puntos rojos. Un premio merecido para un ciclista que ganó en Luz Ardiden y fue segundo en Plateau de Beille y también en Alpe d'Huez. "Lo de Alberto ha sido increíble. Nos ha puesto en jaque todos", reconoció Sánchez. La organización premió a Contador como el más combativo de la jornada. 

domingo, 17 de julio de 2011

Pedrosa está de vuelta y Lorenzo sigue acercándose a Stoner

Pedrosa celebra su quinto triunfo en Sachsenring -EFE.
Su currículum de éxitos, con tres campeonatos del mundo como grandes logros, no es tan amplio el historial de lesiones, que supera la docena. Por su constitución Dani Pedrosa (Sabadell, 1985) es más propenso que otros pilotos de MotoGP a hacerse daño cuando se cae y este año se ha operado tres veces, dos la clavícula derecha y una la izquierda. Contratiempos que han hecho que, llegado el ecuador del curso y con cuatro ceros en el casillero -todo empezó en Le Mans tras la famosa maniobra de Marco Simoncelli-, el catalán esté a 70 puntos del liderato. Pero el talento no entiende de calculadoras y en Sachsenring Pedrosa volvió para merendarse a Andrea Dovizioso y, en la recta, a Casey Stoner y a Jorge Lorenzo y lograr un triunfo convincente. El catalán está de vuelta y puede acabar convirtiéndose en el juez de un campeonato dominado hasta ahora por Stoner, disconforme otra vez con el rendimiento de su moto -habló de problemas de adherencia en el flanco del neumático- y muy frustrado por el brillante adelantamiento de Lorenzo en la última curva de la última vuelta. Entre ambos hay ahora sólo 15 puntos de diferencia. 11 es el número de tripletes que acumula el motociclismo español: en Alemania a la victoria de Pedrosa en MotoGP se sumaron la tercera consecutiva de Marc Márquez en Moto2 -con lo que se acerca a 47 de Bradl-, y la de Héctor Faubel en 125cc, ganador por vuelta rápida ante Johann Zarco, pues los dos cruzaron al línea de meta a la vez.  

"No, no me esperaba para nada esta victoria", se sinceró Pedrosa, vencedor en Sachsenring por quinta vez en su carrera, cómodo en un circuito repleto de curvas de izquierdas que le exigían menos forzar el hombro derecho: "Hemos vuelto y hemos ganado ya". Incluso buscó a Lorenzo en la vuelta de honor. Se felicitaron mutuamente: donde antes hubo distancia ahora hay, como mínimo, respeto y cordialidad. Una rivalidad sana fuera y dentro, donde Pedrosa superó a su rival a nueve vueltas del final por aceleración. Tres más tarde, Lorenzo también cedió ante Stoner, muy preciso en un interior. 

"La última curva más rápida de mi vida"

Parecía que el australiano se escaparía, pero Lorenzo reacció haciendo de tripas corazón, arriesgando en el último giro para comerse a Stoner en la última con otro interior después de haberse precipitado en la anterior. Un adelantamiento que celebró como una victoria y que le permitió rebajar cuatro puntos más su desventaja con el líder. Un movimiento bello en su ejecución y meritorio en su fondo, ya que Lorenzo tenía "mucho dolor en el antebrazo izquierdo, pero al final he ido encontrar las fuerzas". Tanto como para hacer "la última curva más rápida de mi vida". El campeón ha recortado 13 puntos de desventaja en dos carreras. Siete, récord personal, son las que acumula Stoner estando en el pódium. Mientras que 51 son los cajones que lleva Pedrosa en la categoría reina, con lo que iguala a Àlex Crivillé, al que también empata a 37 triunfos en las tres categorías, el mismo registro de Jorge Martínez Aspar y el propio Lorenzo.

Quien no piensa en récords, sino en mejorar lo más rápido posible es Valentino Rossi, que no gana una carrera desde octubre en Sepang. Desde su aterrizaje en Ducati Il Dottore no puede competir con los mejores y en Alemania  acabó noveno a casi medio minuto de Pedrosa, aunque el problema venía de atrás, pues partió penúltimo, 16º. Rossi está confundido con la Ducati: no tuvo feeling con la que comenzó la temporada ni lo tiene tampoco con la que utiliza ahora, más enfocada a la del curso que viene, ya con motor de 1000cc. Más papel tiene ahora su compatriotra Andrea Dovizioso, el tercero en discordia en el Mundial a 36 puntos de Stoner, y que superó a Simoncelli a falta de tres vueltas para ser cuarto. Séptimo y "después de habérmelo pasado genial" acabó Álvaro Bautista, eufórico tras quedar por delante de dos campeones de la categoría como Nicky Hayden y un tal Rossi.

sábado, 16 de julio de 2011

Las dudas de los favoritos, la certeza de Vanendert para coronar el Plateau de Beille

Vanendert festeja su primer triunfo como profesional en el Plateau de Beille -EFE.
Respeto y miedo suelen ser sinónimos, una relación que tienen muy clara los hermanos Schleck, preocupados más por el rival al que más temen, Alberto Contador, que por marcar el ritmo y las distancias. En la quinta parada en la historia en el Plateu de Beille, coronado por campeones finales como Marco Pantani, Lance Armstrong y el propio Contador, los Schelck marearon la perdiz con ataques de terciopelo. Andy lo intentó cuatro veces y Contador replicó con calma tres y con rabia sólo el segundo, como si supiese que el luxemburgués, su gran contrincante los últimos años, fuese de farol. O quizás el español no podía más de sí. Iban Basso fue valiente con un ataque tan feroz como estéril, como el inicial en el que se llegaron a reunir hasta dos docenas de escapados en el descenso del segundo puerto del jornada. Samuel Sánchez y Jelle Vanendert, protagonistas finales ya en Luz Ardiden, volvieron a ser en el Plateau de Beille, pero con los papeles cambiados. Decidido y sin complejos, el belga se fue a por la primera victoria como profesional y superó al último fugado, Casar. Nadie siguió a Vanendert hasta que lo probó Sánchez con más ilusión que piernas y una desventaja superior al minuto y medio. Una broma en la mayoría de etapas, pero no en una ascensión que se sube en unos tres cuartos de hora. Así que Vanendert se tocó el casco, miró hacia atrás y celebró con timidez una victoria sensacional, el premio al más descarado de la jornada. El Tour se despidió de los Pirineos y Thomas Voecker cruzó la línea de meta eufórico, apretando el puño, sabedor que ha superado con nota un tramo importante de la prueba. Andy recortó dos segundos a Contador y al resto de favoritos, y Sánchez, 25 al luxemburgués y dos a los demás.

En los últimos tiempos el Tour se ha acostumbrado a funcionar al ritmo de las decisiones de Contador, un vencedor final con márgenes estrechos, pero muy inteligente para atacar en el momento justo. El español, que ha vencido en sus seis últimas grandes vueltas, no tiene la fuerza que demostró en el Giro con sus ataques en el Etna y el glaciar Grossglöckner ni tampoco la de su primera gran actuación, en la ronda francesa del 2007, cuando atacó en la ascensión del propio Plateau de Beille, y sólo el entonces líder, Michael Rassmussen, apartado después de la prueba por el Rabobank.

Caídas de Voigt

Fatigado por el Giro y cansado mentalmente por todo lo que ha leído sobre él en los últimos meses y días -la prensa francesa insiste en que se retirará antes de llegar a París-, Contador resiste y observa. Defiende que cada día se siente mejor y que el momento de reaccionar será la tercera semana en los Alpes. Sus rivales callan y otorgan, y casi todo el margen que le llevan se debe a la caída del primer día. Señal que el español les infunde respeto y que ellos no son lo suficientemente valientes para arrebañarle más segundos, por mucho que el Leopard torturase el ritmo del pelotón con Stuart O'Grady o con Jens Voigt, que tuvo un día desafortunado y tuvo que cambiar la bici tras el primer de sus dos caídas -se encaró con la televisión francesa por enfocarle, en un acto infantil-. Aunque el accidente más espectacular fuese el de Ten Dam, que se salió de la carrera, tropezó con una piedra en la hierba y se cayó de cara. 

Por entonces el vasco Izagirre era cabeza de carrera con casi un minuto de margen sobre sus perseguidores y más de cinco sobre el grupo principal, que fue reduciendo las diferencias a marchas forzadas. Uno de los cometidos de Fabian Cancellara en el Leopard, además de ser el mejor contrarrelojista de la actualidad. El suizo puso el ritmo hasta que,a  15'8 kilómetros del final, empezó la ascensión a Plateau de Beille. Cancellara se apartó: había cumplido. Casar era en ese momento el fugado y Riblon y Zandio, los perseguidores. Una anécdota, como los continuos amagos de ataque de Andy o los gestos de Franck, jugando a despistar a Contador. Faltaba sangre y decisión y, sin nada que perder y con el recuerdo de haber cedido en los metros finales en Luz Ardiden, saltó Vanendert. Un descaro que le valió para festejar el primer triunfo de su carrera. Samuel Sánchez fue el segundo en el día del adiós de los Pirineos. El Tour conserva todas las dudas que tenía hasta ahora. Contador sigue entero y los Schleck funcionan como una pareja de observadores sociales: miran más que hacen. Y no es una prueba para estudios. Así que Cadel Evans, el ciclista-mosquito, el especialista en chupar ruedas del resto, se relame. Todo está siguiendo su guión.      

jueves, 14 de julio de 2011

Bella victoria de Samuel Sánchez en la cima de Luz Ardiden el día que Contador cede terreno ante los hermanos Schleck

Samuel Sánchez festeja su primera victoria en el Tour - EFE.
Los recuerdos de verdad nunca se dejan escapar, por mucho que digan que el tiempo todo lo borra y que el pasado ya pasó. Samuel Sánchez (Oviedo, 1978) tiene presente cada día a su madre, fallecida de cáncer en 2000, y su gesto de levantar los brazos y señalar al cielo para celebrar la victoria es siempre igual de conmovedor. Samu, como le llaman sus amigos, sólo ha tenido un equipo como profesional, el Euskaltel-Euskadi, pese a ser tentado con ofertas más suculentas. Una fidelidad inusual porque para él el dinero no lo es todo. Por eso después de ganar en la cima de Luz Ardiden diez años después de que lo lograse Roberto Laiseka, en lo que fue el primer triunfo del Euskaltel en el Tour, Samuel Sánchez lo dejó claro: "No somos multimillonarios, sino, entre comillas, modestos. Para nosotros es un triunfo que vale toda una temporada". En el asfalto el asturiano se vació hasta conseguir ganar por fin una etapa de la ronda francesa y de hacerlo en un escenario donde ya habían triunfado otros cuatro españoles: Cubino, el mencionado Laiseka, Perico y un tal Indurain. Samuel Sánchez tenía marcada en rojo en su agenda esta etapa, con el Tourmalet de por medio. Sabía, dijo, que el estar a dos minutos y medio de los favoritos le iba a dar cierto margen de maniobra en la primera cita de alta montaña y acabó venciendo con facilidad al belga Jelle Vanendert, que en la meta le estiró el maillot para felicitarle. Un uniforme naranja que Samuel Sánchez no lucirá este viernes en el Aubisque, donde llevará el de puntos rojos como nuevo líder de la montaña. El amarillo continuará siendo para Thomas Voeckler, tenaz y siempre visible en las primeras posiciones de un pelotón convertido al final en un grupo selecto, roto por un ataque brillante del mayor de los Schelck, Franck, al que no pudo responder Alberto Contador, torturado por los dolores de su rodilla y que perdió 13 segundos más con respecto al hermano menor, Andy, del que le 1m 43s.

Lo que une a Contador y a Samuel Sánchez es haber estado en el lugar equivocado el primer día de este Tour, en medio de una caída en la que acabaron cedieron un minuto largo. Un episodio habitual en la edición de la ronda francesa más accidentada, marcada hasta ahora, hasta la primera etapa de los Pirineos, por los partes mécidos y los contratiempos que por los ataques: Wiggins, Vinoukurov o Van den Broeck ya están fuera de casa. Más suerte tuvo uno de los seis escapados, Geraint Thomas, al que se le fue la bici en un par de ocasiones en el descenso de La Hourquette d'Ancizan. El galés pretendió escaparse -entre los cuales había Ivan Gutiérrez, en su tercera tentativa de esta edición, y el Euskaltel Rubén Pérez- y lo logró en La Mongie. 

La selección del Leopard

El Leopard de los Schleck, mientras, minimizaba al grupo principal y Mangel y Kreuziger se unían para dar alcance a Thomas, que vio acogió de buen grado la rueda de Roy y no tuvo respuesta para seguir a Vanendert y Samuel Sánchez, protagonista el día que Contador fue probado y vigilado por los Schelck una y otra vez. Le acosaron a pequeños ataques en los últimos kilómetros de ascensión a Luz Ardiden, a falta de 4.300 metros. En el primero progresó Andy, respondió Contador y Franck salió a su izquierda: el actual campeón neutralizó el intento de ataque en un santiamén en un grupo en el que ya no estaba Samuel Sánchez. Lo intentó de nuevo Andy y replicó Contador, atento a otro ataque de Franck, contra el que no poudo hacer nada a 2'5 km del final.

Oro olímpico en Pekín

Instantes finales de supervivencia para Contador y de cara desencajada para Samuel Sánchez, que apretaba los dientes en busca de su primera victoria en el Tour con la que compensar la perdida el año pasado ante Andy en Morzine o, más lejos, dos de los episodios más duros de su etapa como profesional. En 2002 perdió más de 50 minutos en Plateau de Beille y un año después llegó fuera de control en Alpe d'Huez en la jornada triunfal de su entonces compañero Iban Mayo. No volvió al Tour hasta 2008, después de un 2007 fantástico con un tercer puesto en la Vuelta y tres triunfos -en la 2009 se quedó a 55 segundos de Alejandro Valverde-.  

Ahora Samuel Sánchez ya tiene el triunfo con el que "soñé de niño", otro más para el oro olímpico de ciclismo en ruta en Pekín -imborrable su sprint final con Kolobnev-. Para alguien que tras su cuarta posición en París pretende alcanzar un primer podio en su carrera favorita. El año pasado a Samuel Sánchez se le escapó por una aparatosa caída la jornada del pavés, cuando Franck tuvo que retirarse. Ahora los Schleck están en forma y se ayudarán para destronar a Contador. Samuel, a once segundos del madrileño, también estará al acecho: continúa su terreno, la montaña, y quiere dedicarle más proezas a su madre. Un reto que le obsesionó en el pasado, cuando medía mal sus ataques. Le costó lograr la primera victoria e incluso le descalificaron cuando lo logró, en Oviedo en el sprint de la última etapa de la Vuelta a Asturias, en 2003. Tuvo que esperar un año más para el ansiado homenaje: fue en la escalada a Montjuïc, donde también se impuso en la general. 

domingo, 10 de julio de 2011

Alonso vence a Vettel y a Red Bull en Silverstone para sellar su primera victoria del curso

Alonso señala la imagen de Ferrari en su volante - EFE.

Número de la perfección, el diez es la primera cifra con dos dígitos, pero también puede llegar a ser una cifra incómoda. Lo era para Fernando Alonso (Oviedo, 1981), que aterrizó en Silvestone con una marca impropia de él y de Ferrari: diez carreras sin ganar, desde la cita en Corea. 52 vueltas después, tras un par de errores grandiosos de Red Bull en el pit stop, el asturiano pudo celebrar su primer triunfo del curso en el GP de Gran Bretaña. Alonso aprovechó los despistes de los mecánicos rivales con Mark Webber primero y después con Sebastian Vettel, ayudas ajenas cierto, pero  también marcó un ritmo muy superior a sus rivales y acabó sacándole 16 segundos y medio al alemán. Una diferencia extrema favorecida por las mejoras en el 150º Ferrari -el fondo plano, las suspensiones, los nuevos alerones y los escapes- y también por la limitación de los difusores soplados ordenada por la FIA para equilibrar fuerzas. Un triunfo, en todo caso, convertido en homenaje para la escudería de Il Cavallino Rampante, pues la jornada era muy especial: se cumplían 60 años justos de la primera victoria de Ferrari en la Fórmula 1 de la mano del argentino José Froilán González, en el mismo trazado e imponiéndose a un mito como su compatriota José Manuel Fangio.

Hay gestos, detalles que acaban siendo una celebración previa. Sucedió con Alonso en Silvertone, cuando antes de la carrera se paseó con el Ferrari 375 de González. El asturiano honró la memoria de un piloto sólo ganó dos carreras en el Mundial, ambas en el mismo circuito. Las mismas que Alonso en Silvestone, donde el año pasado había tocado fondo con una 14ª posición, un resultado que fue el inicio de una remontada que estuvo a punto de coronarle como campeón. Un objetivo que persigue este año, pero que ve muy imposible: depende de que Vettel tenga que abandonar alguna cita. El alemán fue segunda esta vez y por primera vez en mucho tiempos su parada resultó un desastre, muy larga. Era la vuelta 28 y Alonso salía de boxes antes que él y se puso primero, una posición que ya no abandonaría. En la 13 ya había adelantado en circunstancias parecidas a Webber, tercero. En carrera Alonso hizo un único adelantamiento, a Lewis Hamilton, que le había pasado en un gran inicio de prueba. El británico fue el rival más incómodo de Alonso hasta que desde la radio le dijeron desde la radio que ahorrase gasolina. Así que Hamilton -al que Vettel superó en el pit stop- acabó perdiendo la última posición de podio en favor de Webber -al que instaron a mantener las distancias con Vettel cuando se lo estaba merendando; las órdenes de equipo vuelven a ser legales...- y conservó la cuarta posición ante Felipe Massa, al que frustró en su último de superarle en la vuelta final. Jenson Button ya había quedado eliminado mucho antes con otro error de un mecánico, incapaz de ponerle la tuerca a la rueda delantera derecha.   

En un día de errores tremendos los aciertos fueron para Ferrari y la imagen fue el abrazo reparador de Alonso con Stefano Domenicalli, director deportivo de la escudería. "Gracias por la paciencia", dijo el piloto en la rueda prensa muy contento y utilizando un discurso emotivo: "Hoy he hemos vuelto a vencer con la misma pasión y amor que Ferrari tiene por esta competición. Después del inicio difícil de temporada con Red Bull dominando todas las carreras, nos sacaban segundo y medio y hoy les hemos sacado 20 segundos". El asturiano reconoció que el Mundial está imposible, pues Vettel no baja de la segunda posición. El alemán estuvo cariño con Alonso, al que felicitó en varias ocasiones, y muy cauto como su compañero Vettel: "Ferrari nos ha ganado. No es flor de un día". Como tampoco la progresión de Jaime Alguersuari, décimo y puro incordio para el noveno, un tal Michael Schumacher. El mejor piloto de todos los tiempos. El antiguo icono de Ferrari. Ahora lo es Alonso, que renovó su contrato esta temporada y se siente muy identificado con el equipo que casi siempre le pretendió.

domingo, 3 de julio de 2011

Djokovic vuelve a ganar a Nadal para lograr su primer Wimbledon

Djokovic mira a la grada emocionado mientras Nadal le aplaude - EFE.

Se puso el trofeo a la altura del corazón, que latía con más intensidad de lo habitual por el esfuerzo acumulado, pero sobre todo por la emoción de ver cumplido un sueño de siempre, tenía entre sus manos la copa con la que más se había imaginado posar. Resultó una celebración más propia de un poeta más que de un showman que juega a tenis como Novak Djokovic (Belgrado, 1987), que rompe estadísticas con la misma facilidad que provoca las caracajadas del respetable. El serbio besó la copa de Wimbledon, su tercer grande tras los dos anteriores en Australia. Djokovic sólo ha perdido un partido este año y es la nueva bestia negra de Rafa Nadal, al que ha arrebatado el número uno  mundial y ha vencido en cinco finales este 2011. La última, en la central del All England Club por 4-6, 1-6, 6-1 y 3-6, su "mejor partido de mi vida en hierba".

Djokovic logró lo que pocos jugadores pueden hacer: que Nadal cambiase su forma de jugar. Le obligó a replantearse estilo y estrategia. Como en los cuatro partidos anteriores entre ambos Djokovic le había discutido en los juegos largos, Nadal optó por intentar acortar lo máximo los intercambios, en resolver, para bien o para mal, los puntos en pocos golpes. 

Un break, un set

Estuvo a punto de funcionarle la idea a Nadal en el primer set, en el que llegó a tener un 90% en su primer servicio y defendió bien su saque como su rival el suyo. Pero la manga fue para Djokovic, el único de los dos capaz de hacer un break, en el undécimo juego, el definitivo. Lo mismo había sucedido en semifinales ante Murray, pero al contrario que entonces Nadal no era tan fiable y en el segundo juego de la segunda manga ya llevaba un error no forzado más (ocho) que en el partido anterior. El balear se veía obligado a jugar con su segundo servicio y su rival le torturaba a aces. Precisamente con esa solución, con dos saques directos consecutivos, Nadal se llevó su único juego de un segundo set magistral para Djokovic, capaz de conectar 13 golpes ganadores por sólo seis de Nadal.

Los números y la historia iban con el serbio. Sólo en cuatro ocasiones en la historia un jugador ha  remontado dos sets en contra en una final de Grand Slam, y siempre sucedió en Roland Garros, donde Djokovic perdió su partido en un grande después de 2-0 ante Jürgen Melzer. Pero Nadal no se vino abajo, sino que desestabilizó a su rival y en el segundo juego tuvo (y aprovechó) su primera opción de rotura. Más fresco y seguro, Nadal jugó profundo y desquició a su rival, que cedió el 5-1 con su primera doble falta y se dejó el 6-1 en blanco. 

Doble falta de Nadal

La final, disputada a toda velocidad, parecía encaminada a prolongarse hasta el quinto set. Ambos rompieron el servicio del otro hasta llegar al 3-3. Djokovic se llevó el siguiente juego en blanco y Nadal cometió su primera doble falta. Resultó el inicio del fin de su sueño de lograr su tercer Wimbledon, el tercero también ante un rival distinto. Restó largo: 3-5. Necesitaba romper el servicio de Djokovic para intentarlo, pero el servicio subió a la red para lograr el punto de partido y el balear volvió a restar fuera. Fin de un sueño para uno, el sueño para el otro.

Djokovic se santiguó, se puso las manos a la cabeza y cogió un trozo de hierba para metérselo en la boca. En ese gesto espontáneo sin ningún complejo se explica el éxito de un jugador al que le ha tocado convivir en una época muy difícil, la de Roger Federer y Rafa Nadal, y que está dispuesto a ser el nuevo rey. Números en manos de este 2011 lo es sin duda: siete títulos, entre ellos el Abierto de Australia y Wimbledon, y sólo una victoria. El triunfo en la Copa Davis en diciembre ha fortalecido a un Djokovic que parece no tener límite y al que ni siquiera Nadal es capaz de vencer.  

Lorenzo maravilla en Mugello y contiene a Stoner en una jornada de triplete español

Lorenzo celebra en el podio su primer triunfo en MotoGP en Mugello -EFE.
Lo persiguió sin descanso hasta conseguirlo. Sólo los valientes se enfrentan directamente a sus miedos y Jorge Lorenzo (Palma de Mallorca, 1987) no se reserva, sino que se vacía al límite. Un instinto que le define y que ya había demostrado en Assen remontando hasta la sexta posición después de que Marco Simoncelli le arrastrase en su caída. En Mugello, sin percances de por medio, Lorenzo corrió “totalmente con el corazón” y maravilló con una remontada precisa y preciosa: en la salida se plantó segundo partiendo desde el quinto puesto y por el exterior; después no se puso nervioso cuando Casey Stoner se escapó ni cuando le superó Andrea Dovizioso. La réplica del  mallorquín para sus únicos dos rivales por el título salvo sorpresa llegó en un mismo punto, el más mítico del circuito de Mugello, la bajada Casanova Savelli. Allí concretó un triunfo de autor y balsámico, el segundo del curso tras Jerez, que le permitió recortar nueve puntos al líder, Stoner, del que está a 19, y citarse con dos récords españoles: igualó las 37 victorias de Jorge Martínez Aspar –sólo les supera Ángel Nieto con 90– y superó, con 16 victorias, la marca de Àlex Crivillé en la máxima categoría. Después de ser segundo las dos últimas temporadas Lorenzo pudo celebrar por fin su primer triunfo en Mugello,  triste por el sexto puesto de Valentino Rossi, pero satisfecho por el segundo puesto de Dovizioso, que le hizo el favor del día a Lorenzo superando a Stoner en el último giro, por el interior y después de colarse el australiano en una jornada imborrable para el motociclismo español, que en el GP de Italia completó el décimo triplete de su historia. Nico Terol ganó en 125cc superando a Johann Zarco en la última recta –Maverick Viñales fue tercero–, mientras que Marc Márquez venció en Moto2 al líder, Stefan Bradl y Bradley Smith. 

Entre la broma y el sacar pecho a veces sólo hay matices. Durante la vuelta de honor Stoner felicitó a Lorenzo y le dijo había quedado segundo. Así que el mallorquín pensó que le había quitado cinco puntos en vez de nuevo y lo soltó ante ante las cámaras. El periodista le corrigió: “Ah, ¿ha hecho tercero? ¡Mejor aún!”. De peor humor estaba Stoner, que llegó a tener tres segundos de margen y que achacó su derrota a la decisión de Honda, que después del warm up no cambió la presión de los neumáticos, con lo que “se fueron degradando más”. El australiano dijo que prefirió “aguantar y no arriesgar”. Un discurso, pues, con el que restó méritos a la reacción de su rival, que también le birló el récord del circuito. Hasta ahora la mejor marca databa del curso pasado y correspondía a Dani Pedrosa, el primero en 2010 en vencer a Lorenzo. Esta vez, tras su caída en Le Mans y perderse tres carreras, acabó en una digna octava posición.

El ojo de Rossi

El 12º puesto era el punto de partida de Rossi, que trabaja con más ilusión para la Ducati de 1000cc del año que viene que para la de esta temporada, lejos de las mejores, brava como algunas olas del mar. Il Dottore llevaba puesto un caso con su ojo en grande, recordando que el año pasado perdió sus opciones al Mundial en Mugello en una aparatosa caída en que se fracturó la tibia y el peroné de su pierna derecha. Rossi estaba nervioso porque su entonces compañero de equipo, Lorenzo, había ganado las tres carreras disputadas. Nueve, siete consecutivas desde 2002 a 2008, acumula Rossi en su casa, donde nunca había quedado tan mal como esta vez: sexto y después de batallear con Edwards, Bautista, Barberá y compañía.   

Hay rencillas que difícilmente se cerrarán nunca: Il Dottore fue a saludar con sus seguidores el sexto puesto justo en el momento en el que Lorenzo recibió el trofeo de vencedor. “Siempre hace estas cosas”, resolvió el mallorquín, que fue irónico con la reacción de la grada: “No sé si estaban pitando o contentos por la sexta plaza de Valentino”.