domingo, 30 de agosto de 2009

Lorenzo comprime otra vez el Mundial

Lorenzo rueda en Indianápolis mientras Rossi se cae -EFE.


Tiene todos los elementos propios de libro que se te pega a las manos y no puedes dejar de leer. El Mundial de MotoGP de este curso es imprevisible, emocionante y espectacular. Tres adjetivos que deberían acompañar a cualquier deporte de motor y que definen el impagable enfrentamiento de Valentino Rossi y Jorge Lorenzo por el título. Una inquietud, una preciosa incertidumbre que pareció esfumarse hace dos semanas en Brno con la caída de Lorenzo y la victoria de Il Dottore, encantado de coger un colchón de 50 puntos. Una desventaja tan salvaje que el propio Lorenzo reconoció que era “imposible” de recuperar. Medio mes después el piloto balear cambió su discurso por completo –“Sigue siendo complicado, pero hay Mundial”– gracias a los dos factores que necesitaba para hacerlo: una victoria en el GP de Indianápolis y el abandono de Rossi tras un resbalón impropio de su experiencia. Dos circunstancias que dejan a Lorenzo a 25 puntos del liderato, justo cuando ha decidido desestimar la extraordinaria propuesta de Ducati (cifrada entre seis y siete millones de euros por año) y renovar con Yamaha, dividida por un muro y dos equipos de trabajo diferente. A un lado Rossi y al otro Lorenzo, que depende de sí mismo para ganar el Mundial a falta de cinco pruebas. El Mundial se comprimió otra vez con un podio atípico. Al balear le acompañaron Alex De Angelis, segundo, y Nicky Hayden, tercero. Una posición especial para ambos. El sanmarinense logró su primer podio en la categoría reina, mientras que el estadounidense se estrenó con Ducati en casa. Quien acabó totalmente decepcionado fue Dani Pedrosa, décimo, y que se cayó cuando rodaba primero y con el mejor ritmo. Es la quinta vez en su carrera que no consigue un podio tras partir con la pole. Por su parte, Toni Elias acabó noveno y Pol Espargaró, en su estreno en MotoGP, sumó tres puntos con su 13º puesto.


“Todo el mundo tiene que ir al límite para ganar”, sintetizó Lorenzo para intentar explicar las caídas de Pedrosa y Rossi. Percances muy extraños en pilotos de élite y acostumbrados a bregar en situaciones más extremas y con condiciones atmosféricas ingobernables como sucedió el año pasado en el mismo escenario y con el Ikue como peligroso protagonista. Extraño en Pedrosa, muy fiable cuando sale primero y coge una renta importante, pero que esta vez acabó en el suelo por un fallo en el cambio de dirección. Al menos pudo seguir, algo que desestimó Il Dottore, que reconoció que había sido “un error de trayectoria. Es el primer error de este año”. Rossi se cayó en la novena vuelta en una acción tan inexplicable como la que le costó el título en Valencia en 2006 y decidió abandonar cuatro giros después porque su máquina no estaba para más. El octacampeón se cayó por ir demasiado al límite en un trazado con menos agarre que en los entrenamientos y la calificación por el descenso de las temperaturas. Pero el error surgió sobre todo por la presión de Lorenzo, que tras haberle adelantado por el interior empezaba a sacarle décimas en cada parcial –algo que negó el propio Rossi: “Me he convencido de que Jorge iba mucho más rápido que yo y me he convencido de que un segundo no estaba mal”–. Un ataque el balear quiso concretar antes y no dejarlo para las últimas vueltas, como había hecho en Sachsenring y Donington Park. “Si ves que tu ritmo es mejor, lo más inteligente es intentar adelantar y no esperar”, explicó Lorenzo en el programa de TVE MotoGP Club 2009. “Me guío por mi instinto. Si mi instinto me dice de adelantarle le adelanto, sino no”, añadió.


A Lorenzo le costó tranquilizarse en cuanto le comunicaron que Rossi había abandonado. Dijo que estaba tan intranquilo como quien “cuenta ovejas para intentar dormir”. Aunque no cometió errores y tampoco necesitó seguir exigiéndose tanto (batió el récord de la pista) por la ausencia de rivales. De Angelis estaba ya a más de 10 segundos, poco menos de los que le sacaría en la línea de meta. Lorenzo completó los últimos metros haciendo un caballito y festejó su tercera victoria de la temporada subido a la verja de las gradas y con paseando el escudo del Capitán América por el circuito. Un guiño al escenario de su triunfo y el complemento que le faltaba a su casco, diseñado también para la ocasión. El Mundial se comprime. Rossi tiene 25 puntos de ventaja e intentará aumentarlos el próximo 6 de septiembre en Misano, a 15 kilómetros de su casa, en Tavullia. Otro año más miles de aficionados harán el camino a pie con las banderas amarillas del 46. “No sentiré más presión por estar en su territorio. De hecho, no estoy más presionado por competir en otro país. De hecho en el mío me ha costado bastante caer bien y eso que son mi gente”, zanjó, directo como siempre, Lorenzo.


Raikkonen se reivindica ante Ferrari

Raikkonen y Fisichella celebran sus posiciones en el podio -EFE.


Para las personas inexpresivas, para aquéllos que reaccionan con la misma cara ante situaciones completamente diferentes cualquier gesto o cambio en la cara parece algo extraordinario. Kimi Raikkonen (Espoo, Finlandia, 1979) es de esos tipos. Le cuesta gesticular con cierto ímpetu ni tan siquiera cuando gana. Por eso su entusiasmo festejando su triunfo en el GP de Bélgica resultó extravagante. Pura respuesta a los críticos con sus resultados, pues el piloto finlandés acumulaba 26 pruebas sin acabar primero, desde la disputada en Montmeló el año pasado. Un balance que, según han publicado tanto publicaciones serias como los panfletos, hizo que Ferrari –sin triunfos este curso hasta ahora– tomase la decisión de no contar con él para 2010 y fichase a Fernando Alonso para sustituirle. Si Raikkonen podía elegir un escenario para reivindicarse éste no podía ser otro que el Spa-Francorchamps, donde ya ha ganado en cuatro de las últimas cinco ediciones (2004, 2005, 2007 y 2009). En 2006 no se disputó y en 2008 se impuso Felipe Massa, al que Ferrari echa de menos tras su accidente en Hungría. Como persona y como corredor, pues su recambio, Luca Badoer, sigue desprestigiando la trayectoria de Ferrari. El italiano, ojo derecho de Michael Schumacher, quedó último de los que acabaron en una carrera marcada por el abandono en la primera vuelta (y tras un accidente múltiple) de Lewis Hamilton, el líder del Mundial Jenson Button, Jaume Alguersuari y Romain Grosjean. Tampoco acabó Alonso, de nuevo con un problema mecánico en la rueda delantera izquierda de su R29. Quien sí concluyó la carrera fue su ex compañero en Renault Giancarlo Fisichella, que tras partir con una pole surrealista acabó segundo con un Force India, una escudería que no había sumado ni un punto desde su debut el año pasado y que está en venta. Sebastian Vettel ocupó la tercera plaza y se puso a 19 puntos de Button. A 16 está Rubens Barrichello, que completó las últimas cuatro vueltas con el Brawn GP sacando humo y el motor para el arrastre.


Da la sensación que este curso cualquier cosa es posible. McLaren ocupó los dos primeros puestos en la calificación de Valencia y en Bélgica ni pasó a la Q2. En otra jornada atípica, lo mejor corrió a cargo de dos de los últimos tres campeones del mundo. En los primeros metros Raikkonen pasó de la sexta posición a ocupar la segunda, y poco después superaría a Fisichella para colocarse primero –“sólo me ha adelantado por el KERS, mi ritmo era tan bueno como el suyo”, lamentó Fisico–. Una acción que aseguró el triunfo para Ice Man, que lejos de polemizar y sacar pecho tras su victoria repitió su discurso habitual: “Lo único que sé es que en 2010 tengo contrato en vigor”. Alonso, con una remontada superior, no encontró recompensa. El piloto de Renault salió dispuesto a hacer una carrera tan épica como la de Singapur en 2008 –ganó saliendo el 15º, aunque según el portal Autosport la FIA estaría estudiando la legalidad de dicha victoria–. En Bélgica Alonso salió 13º y cuando fue a repostar ocupaba la tercera plaza: “Era la mejor carrera del año… Pero en boxes comprobamos que el coche estaba muy dañado (tras un toque con Adrian Sutil) y la rueda delantera izquierda no encajaba bien. “Decidimos retirarnos porque en la segunda parada tendríamos el mismo problema e íbamos ya a 30 segundos del penúltimo”, reconoció Alonso, que felicitó a Fisichella: “Me alegro por él porque se merece este resultado”.


Tampoco acabó satisfecho Barrichello, frustrado por no haber podido recortar más puntos a su compañero Button, que sigue aguantando como líder tras haber ganado seis de las siete primeras pruebas. Desde entonces, en las cinco siguientes no ha vuelto al podio y suma 11 puntos. Cualquier cosa es posible este año. En Bélgica Ferrari volvió a ganar con el piloto más peculiar de la parrilla. En su momento Raikkonen dejó el hockey sobre hielo por no despertarse tan pronto para entrenar.


domingo, 23 de agosto de 2009

El oro efímero de Natalia Rodríguez

Rodríguez, pensativa, por no saber si iba a ser descalificada -EFE.



La madurez es una meta lógica y comprensible para cualquier persona, un proceso natural que frecuentemente se desnaturaliza por las circunstancias, pues ni todos maduramos al mismo ritmo ni las vidas de unos y otros tienen nada que ver. Hay quien es niño toda la vida y, aplicado a los deportistas, quien jamás llega a encontrar la combinación entre sangre fría y motivación máxima para competir al 100%. Natalia Rodríguez (Tarragona, 1979) dio ese paso tras ser madre en 2007 y meses después se presentó en los Juegos Olímpicos de Pekín y finalizó sexta en 1.500 metros. “Soy otra mentalmente desde entonces”, destacó la atleta tarraconense, que llegó a los Mundiales de Berlín con la plata en los Europeos de pista cubierta de Turín y muy buenas sensaciones. Las que transmitió en cada una de las series y en la final, donde cruzó la línea primera. Un oro, un premio inmenso del que nunca llegó a disfrutar y que sólo fue oficial durante media hora, pues fue descalificada por un incidente con la etíope Geleke Burka, que se cayó en la última curva cuando intentaba impedir que Rodríguez progresara. La atleta tarraconense cruzó la línea de meta contrariada, sin saber qué hacer. Acaba de ganar la carrera con su mejor marca del año (4:03.37) y un margen de ventaja suficiente sobre Maryam Yusuf Jamal, de Bahréin, y la británica Lisa Dobriskey, pero parecía haber sido eliminada en la primera serie. “El público se ha vuelto loco y no he hecho la vuelta de honor porque podían apedrearme”, dijo Rodríguez, que lo primero que hizo fue ir a interesarse por Burka, lesionada en el suelo. La etíope alcanzó la meta por orgullo, pero acabó deshecha. “Es una sensación desagradable. Se abre un poquito, deja espacio y decido adelantar por dentro. Cuando vio que yo iba a pasar se cerró, me desplazó hacia fuera, hubo un pequeño forcejeo y ella cayó. No he hecho nada ilegal”, analizó Rodríguez en TVE, antes de ser finalmente descalificada por al acción. La Federación Española presentó una reclamación oficial y que fue desestimada por el Jurado de Apelación. “Nos han enseñado el vídeo a cámara lenta, por delante, por detrás, por todos los lados, y se ve claramente que es Natalia la que empuja y hace caer a Gelete Burka”, declaró, convencido, José Luis de Carlos, director general de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA).


“No me arrepiento, no soy una atleta a la que me guste arriesgar, meterse a base de codazos. Si me decido pasar es porque he visto que había hueco”, comentó Rodríguez una vez que supo que finalmente había perdido la medalla de oro. Una decisión que hizo campeona a Jamal, repartió la plata a Dobriskey y el bronce para la estadounidense Shannon Rowbury. La española Nuria Fernández, que ascendió a la cuarta plaza final, fue quien más animó a Rodríguez y quien le instó a celebrar el triunfo. “¡Tía, que eres campeona del mundo!”, le dijo en la meta. “La rusa (Natalia Evdokinova) ha repartido unas leches… Estas carreras es lo que tienen. Natalia ha ganado. Es campeona del mundo”, insistió Fernández. “Es un campeonato raro, hay muchas descalificaciones raras”, valoró Rodríguez.


Decisiones de jueces al margen, la atleta tarraconense gestionó muy bien una carrera lenta, con 1:06:66 en los primeros 400 metros y 2:15.13 en los 800. Corrió sin desgastarse en la última posición y empezó a remontar a pocos metros de la última vuelta, que pasó tercera. Arriesgó pasar a Burka y cabó perdiéndolo todo. El juez de la carrera se basó en el artículo 163.2 del reglamento de la IAAF, “cualquier competidor que obstruya o empuje a otro atleta de modo que le impida progresar será descalificado de la prueba”. En media hora Rodríguez pasó de campeona del mundo a supuesta tramposa. Fue un oro efímero.

Barrichello vuelve a ganar y homenajea a Massa gracias a una pifia de McLaren

'Rubinho' celebra su primera victoria en Brawn GP -EFE.



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Visto siempre como un piloto secundario y simple escudero, Rubens Barrichello (Sao Paulo, Brasil, 1972) seguía compitiendo en Fórmula 1 con la esperanza de volver a ganar una prueba. Algo que por material y monoplaza sólo había podido aspirar en su periplo en Ferrari, entre 2000 y 2005. Una etapa en la que logró nueve triunfos y 11 poles, pero que se resumió en la imagen del piloto brasileño cediendo la victoria obligado a Michael Schumacher en el GP de Austria de 2002. Este curso Barrichello vuelve a tener un coche ganador y en el GP de Europa, en Valencia, logró el décimo triunfo de su carrera gracias a una pifia de los operarios de McLaren, más lentos de lo normal en colocarle la rueda delantero derecha a Lewis Hamilton en el último repostaje y cuando el británico estaba a punto de ganar su segunda prueba consecutiva, a 20 vueltas del final. “Esto va por Massa y por todos los brasileños. Es un momento muy bonito. Ojalá dure siempre. Por favor no os vayáis”, les dijo a los periodistas asistentes a la rueda de prensa Barrichello, muy emocionado, que no ganaba desde 2004 en China -Hamilton fue segundo y Kimi Raikkonen, tercero-. No está pasando un buen momento el piloto de Brawn GP, pues se rumorea que no continuará la próxima temporada y su puesto será ocupado por Bruno Senna, sobrino de Ayrton. De momento Rubinho recupera la segunda posición del Mundial, a tan sólo 18 puntos de su compañero Jenson Button, séptimo. Una posición aceptable para británico, más humilde que cuando proclamó que era el mejor de la historia y beneficiado por el bajo rendimiento de los Red Bull: Sebastian Vettel abandonó tras romper el motor y Mark Webber acabó noveno. Fernando Alonso finalizó. En su opinión, “lo máximo a lo que podíamos aspirar”. Jaume Alguersuari acabó 16º, delante de Luca Badoer, 17º. Kimi Raikkonen fue tercero y salvó del ridículo a Ferrari.

Nada más cruzar la línea de meta la voz de Barrichello empezó a temblar, apenas se le entendía qué le estaba diciendo a su equipo por radio. Nada más bajarse del Brawn GP se tocó el casco en la zona en la hizo diseñar un círculo con los colores de su país, y con un mensaje para Massa, uno de sus mejores amigos de la parrilla: "Felipe... see you on track soon" (Felipe... te veo pronto en las pistas). Un gran detalle para Felipinho, que estuvo a punto de morir en Hungría tras recibir el impacto de un muelle desprendido del Brawn GP de Barrichello, que se siente culpable y ha visitado varias veces a Massa. En el podio Barrichello se puso la mano en el pecho a la altura del corazón: era el ganador de una prueba marcado con las noticias extradeportivas, con el posible retorno de Schumacher y la probable ausencia de Alonso por sanción.
278 GP
Para la mayoría de aficionados Barrichello (278 GP) es carismático y entrañable, mientras que para gran parte del mundo del Gran Circo representa un veterano con poco más que aportar. “Jubilado” le llamó Flavio Briatore, que podría centrarse más en los problemas del R29, muy justito para entrar en puntos. “Ha sido una carrera muy exigente. Al principio he tenido que tirar para tratar de alcanzar a Rosberg e intentar adelantarle en el repostaje y, después, me he tenido que proteger primero de Webber y luego de Button. No he tenido una vuelta de respiro”, relató Alonso. También completó una buena prueba su compañero Romain Grosjean, que en su debut en la Fórmula 1 acabó 15º y sin vuelta perdida.
En Ferrari tienen sentimientos encontrados. Por fin ven que Raikkonen (en Hungría fue segundo) recupera la motivación y tiene coche para estar como mínimo en el podio. La escudería de Maranello no lo quiere para el año que viene, pero sabe que si el finlandés acaba bien el curso tendrá una salida más fácil. Un desenlace que parece no preocupar a Ice Man, tan frío con su futuro como con el estado de salud de su compañero Massa, al que ni ha visitado ni ha llamado desde su accidente en Hungaroring. Pero la máxima preocupación de Ferrari es no seguir haciendo el ridículo con su segundo piloto temporal, Badoer, abalado por el mismísimo Schumacher y desacreditado él mismo: en los primeros entrenamientos libre se pasó cuatro veces de la velocidad máxima permitida en el pit lane y la FIA le sancionó con 5.400 euros de multa. En la carrera el corredor italiano no lo hizo mucho mejor, con varios trompos y pisando la línea del pit lane, con lo que fue castigado con un drive through. Badoer se defiende con que ha hecho 150.000 en los últimos diez años como probador. “Mientras no está Massa el coche es mío”, proclamó con cierta insolencia, desprestigiando la labor de Marc Gené, al que ya le han asegurado que esté no deje de prepararse, que en cualquier momento pueden necesitarle. Mañana lunes podría confirmarse el relevo de Badoer por el propio Gené o Nico Hulkenberg, actual líder de la GP2.


sábado, 22 de agosto de 2009

Allyson Felix, la fe como camino hacia el éxito

Felix celebra su triunfo en los 200 m con la bandera de EE UU -EFE.


De aspecto angelical y pinta de cantante de grupo adolescente, Allyson Felix (Los Ángeles, California, EE UU, 1985) es la figura más relevante del atletismo estadounidense, incómodo ante la imparable progresión del jamaicano y Usain Bolt en particular. Felix habla de valores que tienden a perderse en la sociedad actual, como el trabajo y el esfuerzo, y sobretodo de fe. “La fe es lo más importante de mi vida”, proclama en su página web, donde se ofrece a ayudar a los interesados en sus “viajes de fe”. Da gracias a Dios por tener la habilidad de correr tanto y asegura que es el responsable de sus éxitos, como el de haberse convertido en la primera velocista en conseguir tres oros consecutivos en una misma prueba y en tres mundiales distintos: Helsinki 2005, Osaka 2007 y Berlín 2009. Un registro histórico que Felix completó con autoridad, pero sin la necesidad de acercarse excesivamente a su mejor marca de siempre, los 21’81 de Osaka, que tienen un protagonismo destacado en la presentación de su web. En el Olímpico de Berlín hizo 20’02 por los 22’35 de Veronica Campbell, su gran rival, quien le privó del oro en los Juegos Olímpicos de Atenas y de Pequín. La bahameña Debbie Ferguson-McKenzie fue bronce con 22’41.


Felix es de las pocas deportistas que se toman realmente en serio su poder de influencia entre los más jóvenes. Por eso en su momento aceptó la oferta de Barack Obama como asesora del consejo de acondicionamiento físico y deportes dependiente del presidente para “promover y motivar a los estadounidenses de todas las edades a que se vuelvan físicamente activos y practiquen deportes”. Felix pretende que las nuevas generaciones –en general desmotivadas– tengan inquietudes. Siempre fue una chica inquieta con la necesidad de hacer y abarcar muchas cosas. De pequeña jugaba a básket y hacía varias actividades extraescolares más, como gimnasia o alfarería. Por entonces su gran sueño no tenía relación con el deporte, sino con la docencia: quería ser profesora. Una vocación que le venía de familia, pues su padre, es pastor ambulante y profesor de Nuevo Testamento, y si madre Marlean, maestra de primaria.


Marion Jones


El atletismo acabó por enamorar a Felix, que no apenas se separó del televisor en los Juegos Olímpicos de Sydney, maravillada por los logros de sus compatriotas. Especialmente por las actuaciones de Marion Jones, su gran referente deportivo hasta que confesó haber hecho trampas y entregó las medallas ganadas. Probablemente fue la decepción más grande de la carrera de Felix, que con 17 años había superado el récord de los 200 metros de high school de la propia Jones. Por entonces ya era conocida como chicken legs, por tener las piernas muy delgadas y largas.


Felix es una amante del trabajo, disfruta de los entrenamientos y no le agobia la rutina de ejercitarse cinco días a la semana. Es una trabajadora ejemplar, como ha reconocido muchas veces su entrenador Bob Kersee, que también dirigió a Florence Griffith Joyner. “No soy una mala perdedora y siempre intento aprender de mis derrotas”, señala Felix, que dice que la fuerza mental depende de la educación recibida. Antes de una carrera no se obceca en pensar en si ganará o no, prefiere concentrarse en reaccionar rápido y “salir con agresividad, con fuerza”. Puro pragmatismo para el icono del atletismo estadounidense. Una chica joven de 23 años que los domingos va a misa, juega a bolos y cena con las amigas. Su vicio es comprar montones de zapatos y bolsos.


viernes, 21 de agosto de 2009

García Bragado, la juventud del más veterano

García Bragado sonríe tras su ganar el bronce -EFE.


La juventud no responde a una cuestión aritmética. Uno es joven hasta que deja de tener ilusiones e incentivos para continuar. Hay jóvenes viejos y veteranos jóvenes, como Jesús Ángel García Bragado (Madrid, 1939), cuyo DNI señala que con 39 años (cumplirá los 40 el 1 de octubre) es el más mayor de la delegación española en los Mundiales de atletismo de Berlín. “No lo sé qué es lo que tengo, supongo que mucha ilusión”, señaló García Bragado tras lograr el bronce en los 50 km marcha con un buen tiempo, 3h41:37 –el oro fue para el ruso Sergey Kirdyapkin (3h38:35) y la plata para el noruego Trond Nymark (3h41:16)–. Ésta es la segunda medalla para España en Berlín tras el oro de Marta Domínguez en los 3.000 metros vallas. Ambos simbolizan el estancamiento del atletismo nacional, al que le está costando encontrar recambios de calidad para los integrantes de las últimas generaciones exitosas. La marcha volvió a dar una medalla a España en un campeonato del mundo, algo que sucede desde Edmonton 2001.

“He hecho una marca muy buena que no hacía en años y me he visto con fuerza para mejorar incluso mi marca personal”, analizó García Bragado, que acabó muy entero una carrera en la que llegó a correr 15º –“no tenía muy claro en qué puesto iba”–. Su aparición en el último cuarto de hora de la carrera fue toda una aparición para la televisión alemana, empeñada en grabar con planos deficientes a los primeros clasificados, como los australianos Adams y Tallent, que pese a liderar la prueba varios kilómetros acabaron lejos de los medallas, 6º y 7º, respectivamente.

El mejor atleta en Mundiales

El atleta madrileño supo ser paciente en la carrera como con su futuro. Siempre fue a su ritmo, con “la cabeza fría” y sin prisas. No quería repetir situaciones del pasado: “Me he quedado con fuerzas de más, pero los jueces han estado muy exigentes conmigo y había que ser muy prudente”. Lo dijo con conocimiento de causa, pues fue descalificado en los dos últimos campeonatos del mundo, en Helsinki 2005 y Osaka 2007. García Bragado no quiso poner fecha todavía a su retirada, pero anunció que le hace especial igual competir en los Europeos de Barcelona de 2010.

Difícilmente llegará para Londres 2012, un sobreesfuerzo para el que sí hubiese trabajado si Madrid hubiera sido nombrada sede. Así que se quedará con su asignatura pendiente: lograr una medalla en unos Juegos Olímpicos. En Pekín acabó cuarto, en Barcelona, décimo, en Sydney, duodécimo, y en Atlanta tuvo que retirarse. De momento, y durante algunos años, García Bragado será el atleta español más laureado en mundiales, con cuatro preseas en nueve participaciones. El bronce de Berlín se sumó al oro en Stuttgart 1993 y las platas en Atenas 1997 y Edmonton 2001. Le siguen otros dos referentes: Marta Domínguez (oro en 3.000 metros vallas en Berlín 2009 y plata en 5.000 metros en Edmonton 2001 y Osaka 2007) y Paquillo Fernández (tres platas entre París 2003, Helsinki 2005 y Osaka 2007).

jueves, 20 de agosto de 2009

Blanka Vlasic vuelve a las alturas a ritmo de baile

Vlasic medalla su medalla de oro en los Mundiales de Berlín-EFE.


Visto a cámara lenta, el salto de altura es pura poesía, la reunión de detalles máximos concentrados en un tiempo mínimo. Gran parte de ese arte corresponde a Dick Fosbury, un atleta inglés afincado en Estados Unidos y ya fallecido al que se le ocurrió innovar saltando de espaldas en los Juegos Olímpicos de México de 1968 y el black power de Bob Beamon. La técnica de Fosbury gustó tanto que desbancó a las anteriores y ahora es el casi el único nexo de unión de las atletas, cada una con un estilo y unas rutinas y manías diferentes. A Blanka Vlasic (Split, Croacia, 1983) le gusta que el público le aplauda antes de cada salto. Lo reclama con palmas porque le motiva oír el ritmo pausado y coordinado de miles de personas. Mientras que Ariane Friedrich, la gran rival de la croata, prefiere pedir silencio para concentrarse y oír sólo sus propios mensajes de ánimo. Vlasic y Friedrich son tan iguales como el mar y la montaña, pero protagonizan los mejores duelos en el salto de altura. Como el de la final de los Mundiales de Berlín, con la alemana ante sus paisanos y Vlasic presionada por vencer en su casa a una rival que le había ganado en cuatro de las cinco últimas pruebas disputadas y, sobre todo, por la responsabilidad de revalidar su título mundial conseguido en 2007 en Osaka. Un duelo mediatizado –así lo reconocieron ambas– que acabó con Friedrich aplaudiendo a Vlasic en su tentativa de saltar 2’10 metros y conseguir el récord mundial, cuando la croata ya había ganado una competición exquisita saltando 2’04 metros y se había marcado uno de los bailes: un paso para allí, otro para allá. “He recuperado la confianza”, resumió Vlasic, después de llorar oculta en la bandera de Croacia y fallar en su intento de lograr la mejor marca de la historia, en propiedad de la búlgara Steftka Kostadinova desde 1987 (2’09 en 1987). La campeona en Berlín saltó 2’07 en Estocolmo en 2007.


Confianza era la palabra más anhelada por Vlasic, muy afectada por haber perdido la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pequín ante la belga Tia Hellebaut, que superó los 2’05 a la primera y no a la segunda como ella. La trayectoria de la croata desde entonces había sido muy irregular y especialmente dolorosa había sido perder en la Golden Leage de Berlín contra Friedrich (2’06, marca nacional y mejor registro del año). Pero en el Estadio Olímpico de Berlín Vlasic se evadió del lógico favoritismo del público hacia su rival y se mostró impasible conforme iba pasando las primeras alturas sin fallo (1’87, 1’92, 1’96 y 1’99). Una actitud diferente que la de Friedrich, tupé rubio tan rígido como su mirada, completada con una cara de haber ganado antes de empezar. La germana empezó el concurso con 1’92 y renunció al 1’96 para superar sin dificultades también los 1’99. Con cinco supervivientes (las dos favoritas, más Chicherova, Di Martino y Beitia) se llegó a 2’02, que decidió quien podría optar a las medallas. El punto y final para Di Martino y Beitia, “por primera vez contenta en una competición al aire libre. Porque he peleado y he estado muy cerca en los tres intentos sobre 2’02. El primer nulo para Vlasic y los dos primeros para Friedrich, que superó la marca a la tercera. Un dato que acabaría privándole de la plata, ya que Chicherova saltó dicha altura a la primera y la alemana falló su arriesgada apuesta de relevar el listón hasta los 2’06 para seguir aspirando al oro después de que Vlasic saltase a la segunda 2’04.


“Me ha sorprendido mucho”


“Vlasic me ha sorprendido mucho porque yo pensaba cien por cien que iba a ganar Friedrich. Igual la presión le ha podido un poco”, analizó Beitia. “Felicito a Blanka. Ha sido mejor. Estoy contento con quedar tercera en mis primeros Mundiales. Ahora sólo pienso en dormir, algo que por los nervios no he hecho en los últimos días”, replicó Friedrich, ya mucho más relajada.


El de Vlasic es otro caso más de deportista a la que las adversidades han convertido en una fuera de serie. Vlasic compitió en los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004 mermada por una enfermedad desconocida que le hacía perder peso y sentirse muy agotada. Logró un discreto 11º puesto con 1’82, un puesto y una marca muy por debajo de sus condiciones en una situación normal, pues con 16 años ya había debutado en la cita olímpica de Sydney (1’92) y había ganado dos Mundiales júnior en Santiago de Chile (2001 con 1’91) y Kingdom (2002 con 1’96), y los Juegos del Mediterráneo en Tunicia. Meses después descubrió qué tenía: hipertiroidismo, que puede acelerar el metabolismo de su cuerpo hasta en un 100 %.


2007, su gran año

Tan exuberante como sencilla, Vlasic vive el tiempo que puede en Split, cerca de su familia y amigos, alejada de los grandes centros de alto rendimiento: el talento y el esfuerzo no entienden de escenarios. Quien dirige sus entrenamientos es su propio padre, Josko, un brillante decatleta que en 1983 ganó el oro en los Juegos del Mediterráneo disputados en Casablanca. Josko se enamoró de la ciudad marroquí y decidió ponerle Blanka a la hija que iba a tener con Venera, también decatleta y que aún posee la plusmarca croata –la familia Vlasic se completa con Marin, Luka y Nikola–. “Mi padre es mi gran apoyo, sabe animarme y entender cómo me siento”, suscribe Blanka, todo un icono deportivo y patriótico en Croacia, donde se llegó a proyectar un mini documental hecho por un amigo de la familia sobre los momentos previos a su medalla de oro en el Mundial de Osaka de 2007. Un año perfecto con 18 victorias en 19 pruebas y en el que saltó 20 veces por encima de dos metros.

Vlasic creció muy rápido y no tenía un gramo de grasa. Demasiado poco cuerpo para ser velocista como soñaba, pero una constitución perfecta para la disciplina que acabó entusiasmándole: el salto de altura. La atleta croata también disponía de la coordinación adecuada, ya que su padre le llevó mucho tiempo por las pistas de tenis. Un deporte en el que, según reconoce la propia Vlasic, era muy negada.


De su debut en unos Juegos Olímpicos, los de Sydney, Vlasic extrajo tres grandes sensaciones. El inconformismo –quedó “un poco decepcionada” pese a saltar 1’92 en un curso en el que mejoró su marca hasta 13 centímetros–, el placer de estar entre las mejores y una certeza: “Aprendí que algún día sería una gran saltadora”. En Berlín ha sido la mejor y ha vuelto a las alturas a ritmo de baile.


Otro récord del récord para Bolt: 19’19

Berlino y Bolt hacen el gesto del relámpago -EFE.


Todos tenemos automatizadas ciertas rutinas que hacemos sin pensar: las piernas van solas cuando nos dirigimos al autobús, al metro o picamos nuestro piso en el ascensor. La rutina hace que no perdamos ni una centésima de segundo en pensar a qué planta vamos o como se llega antes a la parada de metro, si doblando la esquina o siguiendo recto. Para Usain Bolt (Trelawny, Jamaica, 1986) hacer récords de sus récords, batirse así mismo –a los demás ya los batió en Pekín– sea como vestirse un camisa o lavarse los dientes. Se muestra tan relajado antes de competir que hace partícipes a los suyos de sus bromas de atleta al que nadie se imagina serio. Tampoco esta vez dejó de jugar con la cámara y antes de competir contra sí mismo por la calle 5, ganar el oro en los 200 metros y mejorar su marca de Pekín (de 19’30 a 19’19 segundos) Bolt simuló darle un puñetazo a su amigo Wallace Spearmon (bronce con 19’95), que fingió recibir el golpazo realmente bien. Luego, Bolt se cruzó de brazos, levantó su camiseta y habló con la cámara. Tres gestos con tres mensajes: prometía ganar con la gorra, hacerlo por su país y reiterar que es el mejor. Incluso se ha ganado a Berlino (o más bien al tipo que va disfrazado de la mascota de los Mundiales), que le ayudó a levantarse del suelo y le hizo hacer su gesto característico: el relámpago. El Estadio Olímpico de Berlín volvió a frotarse los ojos ante la proeza de Bolt, que cuatro días después de batir el de 100 metros (lo dejó en 9’58) volvió a repetirlo con el de 200 y con 0.3 de viento en contra y exacta mejora: once centésimas, todo un mundo en una distancia tan corta para haberle sacado más de medio minuto a quien le precedió en la meta, el panameño Alonso Edward (19’81). El sábado aún puede ser más grande en la final de 4x100.


“He demostrado que mis récords en Pekín no fueron un chiste”, reivindicó Bolt, como si alguien cuestionara sus logros. Tampoco lo hacen los controles antidopaje, pasó cinco en Pekín sin problemas y también salió bien parado en el del domingo en la final de los 100 metros. Una estrella limpia que acumula cinco oros (y seis récords del mundo) entre los Juegos Olímpicos de Pekín y los Mundiales de Berlín con una seguridad fuera de lo normal: “Estoy preparado para otro récord del mundo con el relevo, pero no sé cómo están mis compañeros”. Bolt está agradecido a su país, Jamaica, y nunca se planteó irse becado a Estados Unidos y correr para ellos como sí han hecho algunos de sus compatriotas: “Lo hago todo por mi país. Están enloquecidos por mí y me siento orgulloso”.

La carrera bien podía haber sido un entrenamiento dirigido por su técnico, atento con un cronómetro en la mano. Ausente por problemas físicos Tyson Gay, se encontró a faltar alguien que se resistiera a Bolt al menos hasta el ecuador de la carrera, el máximo consuelo en una final en la que esté el jamaicano. Porque con la mejor salida de su vida (133 milésimas) casi se aseguró el oro, mientras que el resto de atletas se dedicaron a intentar por los otros dos metales en una final fantástica en la que los cinco primeros bajaron de 20 segundos. Un premio que lograron Edward, que protagonizó una tremenda remontada que le sirvió para ganar la plata, y Spearmon, decepcionado: “Esperaba la segunda posición. Bolt es un gran competidor y un amigo. Ojalá pueda ganarle en un futuro”.


lunes, 17 de agosto de 2009

Marta Domínguez: culto al inconformismo

Domínguez celebra su primer oro en un Mundial -EFE.


En tiempos de crisis económica, laboral y emocional Marta Domínguez (Palencia, 1975) representa un optimismo basado en la perseverancia y el inconformismo, en no aceptar sin más las circunstancias y no encontrar excusas suceda lo que suceda. Hace justo un año, otro 17 de julio, sonreía ante las cámaras después de tropezar en una valla a 300 metros de final cuando luchaba por su primera medalla olímpica en los 3000 obstáculos: “Mi relación con los Juegos… Vaya historia”. Ni una sola frase en condicional y sobre algo que no hubiese sucedido. Sólo una moraleja: “Esto me va a hacer más fuerte”. 365 días después Marta Domínguez volvió a sonreír, esta vez de felicidad, por ser la primera medallista de la delegación española en los Mundiales de Berlín. Por su excepcional oro en la misma prueba y convertirse en la primera atleta nacional en ganar el metal más preciado en un campeonato del mundo desde que lo hiciesen en Sevilla 1999 Abel Antón en maratón y Niurka Montalvo en salto de longitud. Además, acertó en su pronóstico: ahora es más fuerte si cabe, todavía más inconformista y ya tiene el récord de España de la especialidad (9:07.03). La plata de fue para la rusa Yuliya Zarudneva y el bronce, para keniana Milcah Chemos Cheywa, mientras que la campeona olímpica y plusmarquista mundial, Gunara Galkina, finalizó cuarta.


“Es un sueño desde niña. ¡Soy la más feliz del mundo! Siempre he entrenado para estar entre las mejores, pero este año me he sacrificado para el soy”, explicaba, con la sonrisa que nunca le abandona, Marta Domínguez. Una deportista inquieta que debutó en los Mundiales en Gotemburgo (1995) corriendo los 1.500 metros para pasarse a los 3.000 y 5.000 o, puntualmente, a los 10.000. Marta Domínguez es una ganadora completa, pues es campeona de Europa de 3.000 en pista cubierta (Viena 2002), en dos ocasiones de 5.000 al aire libre (Múnich 2002 y Gotemburgo 2006) y en cross, ya que en diciembre de 2007 ganó los Campeonatos de Europa en Toro (Madrid). La palentina tiene también tres bronces en Europeos en pista cubierta (Estocolmo 1996, Valencia 1998 y Gante 2000) y otro en el Europeo de Budapest (1998), y dos platas mundiales (Edmonton 2001 y París 2003), y otras dos repartidas en el Mundial de pista cubierta de Birmingham (2003) y los Europeos celebrados en 2007 con las mismas condiciones en dicha ciudad.


Sprint final fantástico

Por lo que se refiere a la carrera, Marta Domínguez siempre se mantuvo entre las primeras, cómoda fuese cual fue el ritmo que marcase la gran favorita, la rusa Galkina. La atleta palentina pasó cuarta los durísimos 1.000 primeros metros (3:01:26) y tercera los 2.000, más normalitos (6:06.45). “Cuando la tunecina Ghribi ha cambiado a 700 metros del final me puse algo nerviosa, pero apreté los dientes y seguí su paso y el de Galkina”, relató Marta Domínguez. También replicó con suficiencia al intento de escaparse a falta de 300 de Zarudneva, la rusa teóricamente menor. Galkina y Ghibri no aguantaron, tampoco la keniana Cheywa. Así que Marta Domínguez, ya sin obstáculos, batió en la última recta a Zarudneva y aún le dio tiempo de sacarse su eterna cinta de la cabeza y moverla a modo de celebración.

“Estaba concentrada en no caerme”, confesó Marta Domínguez, que si se desequilibró en Pekín fue porque tenía miedo de no pasar bien la última ría. Se obsesionó en ello y tropezó en la valla precedente. Un error que ha entrenado una vez por semana en Palencia con su hermana y César Pérez, su consejero técnico, un atleta que intenta recuperarse de las consecuencias de un accidente de moto. Ellos forman el equipo de trabajo de Marta Domínguez desde que ésta rompió con Mariano Díez, su entrenador de toda la vida.

Tan alegre como exigente consigo misma, tan accesible para los periodistas como obsesiva del método y la perfección, Marta Domínguez merece estar entre las mejores deportistas españolas de la época, entre un grupo recudido formado por nombres como Sheila Herrero, Arantxa Sánchez-Vicario o Gemma Mengual. A la palentina sólo le falta una medalla olímpica: no ha tenido suerte en los Juegos Olímpicos. Al infortunio de Pekín se añaden la inexperiencia de su debut en Atlanta 1996 en 1.500 metros con sólo 20 años –quedó eliminada a la primera–, una gripe que le impidió alcanzar la final de 5.000 en Sydney 2000 y una lesión que le dejó en casa en Atenas 2004. En Londres 2012 tendría 36 años: “Me estoy haciendo mayor y no sé cómo llegaré. Ojalá fueran este año”. No sería extraño que tuviese opciones de medalla. El culto al inconformismo de Marta Domínguez no tiene límites.


Mayte Martínez, a la final de 800 y desastre en 1500


Exactas sensaciones, la misma ambición imperturbable desprende Mayte Martínez (Valladolid, 1976), que una carrera llena de obstáculos y que poco después de lograr un tremendo bronce en los Mundiales de Osaka de 2007 tuvo que retirarse de la competición por una fascitis plantar y renunciar a los Juegos Olímpicos de Pequín. Estuvo 15 meses fuera de la competición y se planteó un objetivo lejano y complicado: llegar a Berlín. Ha logrado algo más grande, alcanzar contra pronóstico su cuarta final consecutiva en un Mundial: “Más que por mérito mí ha sido por demérito de las de la tercera semifinal”. Martínez quedó tercera de su serie (1.58.72) y se clasificó por tiempos. “Por soñar que no quede. No tengo nada que perder”, advirtió en TVE. Quienes no podrán seguir compitiendo serán Juan Carlos Higuero y Reyes Estévez, eliminados en semifinales de 1500 metros. España siempre había tenido al menos un representante en la final de un campeonato del mundo en las once citas precedentes, desde el el primero, en Helsinki (1983). Higuero quedó séptimo en su serie con 3:37.33 y Estévez, octavo en la suyo con su mejor marca del año (3:37.55).


Isinbayeva vuelve a perder contra sí misma

Isinbayeva se lamenta tras fallar su último intento -EFE.


Tumbada en el tartán, las piernas en alto y la cara tapada por una toalla, Yelena Isinbayeva (Volgogrado, Rusia, 1982) prefería no seguir la final de pértiga. Si alguien le hubiese facilitado un cómic, cualquier revista o un móvil con el juego de la serpiente la rusa sólo hubiese desestimado la propuesta por conservar su reputación internacional. Cualquier cosa parecía interesarle más que los saltos de sus rivales. “Ha pasado mucho tiempo antes de saltar y no sabía cómo ponerme”, se había quejado Isinbayeva tras clasificarse para la final en su único salto a 4.55 metros, una altura de broma para alguien que ha llegado a los 5.05. En la final, como suele hacer, decidió arriesgar e intentarlo con 4.75. Una decisión cuestionable en un curso discreto, pero en el que había llegado a los 5 metros en la pista cubierta de Donetsk en febrero. Aún fría, casi sin haber calentado, Isinbayeva se quedó demasiado corta en el primer intento y ni tan siquiera llegó a la barra. Y arriesgó aún más intentando superar los 4.80, un esfuerzo en vano, pues en sus dos intentonas se llevó por delante el listón, quedándose sin marca y sin medalla. Era la peor, la última: la protagonista negativa de los Mundiales de Berlín. “Nadie es perfecto. No he tenido ningún problema de concentración, estaba segura de mí misma y venía a Berlín bien preparada. No sé qué ha pasado”, relataba, deshecha, a TVE. Isinbayeva, valga el recurso fácil, ha bajado de los cielos y tras seis años compitiendo sin competencia, ha perdido dos veces este año. Ambas ante la Anna Rogowska, que no ha necesitado grandes registros para hacerlo. En julio saltó 4.68 en Londres, la misma altura que Isinbayeva, pero con un intento menos. Mientras que en Berlín llegó a los 4.75: “Pensaba que se saltaría mucho más. Estoy un poco sorprendida de haber ganado”. La estadounidense Chelsea Johnson y la polaca Monika Pyrek recibieron dos medallas de platas, empatadas. No hubo bronce.
Refugiada en un chándal y una gorra con el nombre de su país, Isinbayeva empezó el serial de entrevistas dolorosas e ineludibles con televisiones de todo el mundo. Conforme repetía su incredulidad volvía a llorar. “No entiendo nada. He hecho muchos sacrificios las últimas semanas para llegar aquí en condiciones. Quizás hoy simplemente tocaba perder. Intentaré que me sirva de lección”, contó a nuestros compañeros de Eurosport. Y se alejó pensando que aún tenía que repetir varias veces más que era incapaz de dar explicaciones a lo sucedido. Algo especialmente duro para Isinbayeva, que tiene 26 récords mundiales y hasta este año estaba imbatida desde el Mundial de París de 2003, cuando logró la medalla de bronce por delante de la dominadora de la pértiga hasta entonces, la estadounidense Stacy Dragila. La rusa había sido, entre otras cosas, campeona olímpica en Atenas 2004 y Pekín 2008, medalla de oro en los Mundiales de Helsinki 2005 y Osaka 2007, y primera en el Europeo de Gotemburgo 2006, el único aliciente para competir que tenía para seguir progresando era la propia autosatisfacción de superación personal y el incentivo económico por victoria y por marca lograda.

Uno de los pocos que justificó lo sucedido en el Estadio Olímpico de Berlín fue Sergei Bubka, plusmarquista mundial con 6.16 metros de la historia y el gran referente de Isinbayeva. “La presión que lleva Yelena de tener que ganar siempre es inmensa, agobiante”, dijo, comprensivo por su propia experiencia, Bubka, que nunca ganó el oro olímpico y que como Isinbayeva quedó eliminado en sus tres intentos iniciales en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Ambos perdieron contra sí mismos. “Ha cometido el error de no probar otra vez con 4.75, pero seguramente se sentía capaz de saltar mucho más”, prosiguió el ucraniano, que en los últimos tiempos tiene una estrecha relación con la rusa. Isinbayeva tiene el mismo entrenador que dirigió a Bubka, Vasily Petrov.
 

domingo, 16 de agosto de 2009

Pedro, un protagonista de lo más normal

Bojan felicita a Pedro tras su gol EFE.



Inquieto por la lentitud con los fichajes e ilusionado por la cantidad de títulos a los que aspira su equipo este curso (seis), el barcelonista afrontaba la ida de la Supercopa de España ante el Athletic de Bilbao con cierta resignación, atendiendo más a las ausentes que a los presentes. Tres jugadores clave (Leo Messi, Rafa Márquez y Andrés Iniesta) no estarían en San Mamés por lesión, el mismo contratiempo de la incorporación estrella, Zlatan Ibrahimovic, que por nombre y despilfarro económico también tiene que ser un líder. El surtido principal del Barça eran los canteranos y seis aparecieron en la alineación titular de Josep Guardiola. Defensor incondicional de la Masia, el entrenador del triplete debutó en Liga en el Camp Nou ante el Racing poniendo de titulares a dos jovenzuelos como Sergi Busquets y Pedro Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1987), conocido entonces como Pedrito y que había enloquecido al Estadi meses antes con su estreno ante el Murcia y con Frank Rijkaard como entrenador. Casi un año despuéssPedro fue el protagonista del primer partido oficial de la temporada, quien desmoronó al Athletic en la ida de la Supercopa (1-2) con una asistencia a Xavi y un golazo desde fuera del área. “Sí, sé que es mi primer gol en una competición y estoy muy contento”, concedió a Barça TV con cierto reparo. Una actitud típica de un tipo humilde que suele bromear con que jugó la final de la Champions ante el Manchester aunque no llegase a tocar el balón.

Pichichi del Barça hasta ahora con cuatro tantos, Pedro sigue viviendo cerca del Camp Nou como hace años. Sabe que Guardiola cuenta con él para el primer equipo y que no ya no jugará con el filial. El técnico azulgrana dio órdenes al club para que no aceptase ofertas por Pedro, que tuvo, entre otras, propuestas de Tenerife, Málaga, Zaragoza o Málaga. El canario le agradeció la confianza en La Catedral y con un par de intervenciones excelentes que minimizaron el discreto partido del Barça ante un Athletic que se había adelantado un minuto antes del descanso gracias por un disparo de Óscar De Marcos que rebotó en Puyol y despistó a Valdés. La vida es tan curiosa que De Marcos, que en junio descendió a Segunda División B con el Alavés, marcaba el primer gol de la temporada 2009-2010. Y podía haberlo hecho incluso antes, tras una vaselina excelente que el portero azulgrana sacó como pudo.

El Barça se reencuentra

El gol del Athletic recompensaba su mayor entrega y predisposición en los últimos minutos de la primera parte ante un Barça que en la primera media hora había podido sentenciar tanto el partido como la eliminatoria. Bojan, por ejemplo, ya tiró al palo en el tercer minuto, y Xavi, ovacionado por San Mamés, falló una ocasión que requería poco más que empujar la pelota. El Barça rescató su eficacia habitual tras el descanso, cuando Pedro hizo olvidar a los grandes ausentes. Primero con una asistencia a Xavi, que en una situación similar no erró ante Gorka. Después para quebrar a Susaeta y marcar desde lejos. “Tendrá continuidad. Como extremo es perfecto, quiere ganarse la vida con el fútbol y tiene hambre”, dijo Guardiola sobre Pedro.

Formado en las categorías inferiores del CD San Isidro, Pedro despuntó marcando 24 goles con el juvenil en el curso 2003-2004. Unos números que le permitieron debutar en el primer equipo, de Tercera División, a los 16 años. El paso de gigante lo daría meses después cuando aterrizó en el Barça juvenil, en el que ganaría una Liga (2004-2005) y dos Copas (2005 y 2006) –marcando un gol decisivo en la primera–. Pasó por el Barça C y por el Barça Athlètic, donde coincidió con Guardiola. El 11 de septiembre de 2007 se estrenó con el primer equipo en la final de la Copa Catalunya ante el Nàstic de Tarragona y en enero de 2008 una lesión de última hora le permitió entrar en la convocatoria ante el Murcia. “¡Pedrito! ¡Pedrito!”, le gritó, cariñoso, el Camp Nou. Ahora es Pedro porque desde el club se dice que el diminutivo no vende igual. El canario lo acepta con resignación. Es un chico normal, de madre hostelera y padre que trabaja en la construcción.