martes, 30 de septiembre de 2008

Rossi: nunca es tarde para volver


Rossi festeja en el podio de Motegi su victoria en el GP y su octavo mundial -EFE.
Llegó un momento en el que dio por hecho que nadie sería capaz de ganarle jamás. Se sentía invulnerable, capaz de igualar y superar cualquier marca imposible. Valentino Rossi (Urbino, 1979) estaba convencido de que seguiría ganando carreras y mundiales con cierta facilidad, que sería el mejor hasta que decidiese retirarse. Así que gran parte de sus preocupaciones se centraban en la noche y en cómo mejorar ingeniar sus celebraciones. Rossi había quedado satisfecho de la perpetrada a finales de septiembre de 2005 en Malasia. En el circuito de Sepang Il Dottore se había hecho fotos con siete amigos caracterizados de enanitos y una atractiva Blancanieves le había dado varios besos. Acumulaba cinco títulos consecutivos y sólo se planteaba una cosa: ¿Qué podía hacer para festejar su octavo mundial? Ha tenido demasiado tiempo para pensárselo bien. En 2006 llegó a la última cita, a Valencia, con la fiesta preparada y dependiendo de sí mismo. Pero Rossi se cayó como un vulgar inexperto y Nicky Hayden, uno de los campeones más mediocres de la historia, acabó ganando el campeonato. El curso siguiente se despidió del título muy pronto, incapaz de superar a un Casey Stoner que se asemejaba al Rossi que ganaba con la gorra con Honda. La Ducati del australiano y los neumáticos Bridgestone eran la antítesis del binomio Yamaha-Michelin del piloto italiano. Il Dottore arregló sus problemas con el fisco y exigió el cambio de neumáticos. Algunos justificaron esa decisión como una típica rabieta de campeón perdido.
Recuerda Rossi que tras dos temporadas en blanco muchos le dieron por “muerto y enterrado”. “Yo no estaba de acuerdo y he trabajado duro para demostrarles que no tenían razón”, cuenta ahora, orgulloso de poder decir que sí, que de nuevo vuelve a ser el más grande. Su trabajo le ha costado: se ha implicarse al máximo con los mecánicos en mejorar la Yamaha y ha sabido asimilar un inicio discreto. Porque Il Dottore ganó su primer GP del curso en China, la cuarta cita del año. Un triunfo que encadenó con dos triunfos más consecutivos (en Francia e Italia). Después llegaría el accidente de Dani Pedrosa en Alemania (el catalán cedería su liderato al italiano) y la reacción de Stoner, que recortó treinta puntos en tres carreras a Rossi. Pero en Laguna Seca, un trazado en el que siempre había fracasado, Il Dottore realizó uno de los mejores adelantamientos de su carrera (en el Sacacorchos y por la gravilla) y destempló a Stoner, que se caería giros más tarde y abandonaría las dos siguientes citas. Que Rossi ganase su octavo mundial era una consecuencia inevitable, tan sólo faltaba ponerle día, hora y escenario. La elección no pudo ser más acertada: el pasado domingo en Japón, en el circuito de Motegi. O lo que es lo mismo: en casa de su ex equipo, Honda, y ante algunos de los dirigentes que en 2003 se mofaron de él por fichar por Yamaha.
Una celebración irónica
El piloto de Yamaha prefirió la ironía que las estridencias, prefirió reírse de sus dos temporadas nefastas. Por eso optó por ponerse una camiseta en la que podía leerse Scusate il ritardo (perdonen mi retraso). El show de Rossi continuó cuando simuló que iba a un notario, que le puso un sello con su número de siempre, el 46, para certificar que su retorno a lo más alto era ya oficial. Así celebró su octavo título mundial y su octava victoria de la temporada, la quinta consecutiva. La carrera fue una síntesis de lo que ha sido este último tramo final de la temporada, una constatación de la inmensa superioridad del italiano. Adelantó sin problemas a Lorenzo, Hayden y Pedrosa. Sólo se le resistió más Stoner, que tuvo que claudicar tras un interior preciso en el ecuador de la prueba.
“Puede que este título sea incluso más especial que el primero que conseguí con Yamaha en 2004 porque esta vez no era el favorito”, confesó Rossi. Esas son palabras mayores, porque aquella decisión provocó carcajadas entre sus detractores y escepticismo entre sus admiradores. Abandonó el caballo ganador para empezar un proyecto desde cero en un equipo caótico como era Yamaha en esos momentos, con motos ingobernables y pilotos desquiciados. “Si voy a irme de Honda, necesito hacerlo por un reto de verdad, algo increíble, aparentemente imposible. Quiero un reto difícil, loco”, cuenta en su biografía. Y meses después, en Sudáfrica, en su primera carrera con su nueva moto confirmó su máxima: el piloto está por encima de la máquina, sin talento no hay moto que valga. Ganó, le dio un beso a su moto y se rió: acababa de lograr algo inaudito.
Las marcas
Conseguir que Yamaha fuese campeona empezando de cero y volver a ser campeón son dos de los grandes retos que ha superado Rossi. “Quiero ganar las tres carreras que faltan”, avisa el italiano, que es el claro ejemplo de deportista incansable, de persona eternamente insatisfecha. Sigue teniendo ambición pese a ser el único piloto en ganar en motos de 125cc, 250cc, 500cc, 990cc y, ahora, 800cc. Il Dottore ha logrado 70 triunfos en la máxima categoría y 96 en total. El 90º lo festejó en el circuito de Le Mans con Ángel Nieto, el célebre piloto del 12+1 y uno de sus grandes amigos del circuito.
Sin embargo, la relación entre Rossi y Nieto no empezó bien. Se conocieron el día del debut del italiano en el Mundial de 125cc. Il Dottore, inexperto, pero al que le sobraba descaro, frenó “instintivamente” para evitar a Dirk Raudies y Jorge Martínez, el “intocable” de la categoría “no pudo evitarme, me tocó y se cayó”. Rossi acabó sexto y se ganó dos enemigos, el propio Martínez y Nieto, que le gritaron: “¡Hijo de puta, verás cómo te vamos a poner el culo!”. Cuenta Rossi que se escondió detrás de uno de sus mecánicos y no quiso salir corriendo porque la escena le divertía. Se los veía muy cabreados, pero eran tan bajitos y delgados…”.
Gibernau y Biaggi
Sus piques verbales con Sete Gibernau y Max Biaggi, con el que llegó a las manos, son inasociables de su trayectoria, forman parte de un pasado en el que Rossi confundió en ocasiones pasión con inconsciencia y provocación. Ahora no entra en esos juegos, aunque sigue soltando alguna perla para desestabilizar a sus rivales. Esa táctica no le funcionó en su momento ni con Hayden ni con Stoner.
En los últimos meses Rossi ha cuidado más su agenda y ha distribuido mejor el tiempo de ocio. Ha salido menos por la noche y ha descansado más. Eso sí, aún sigue peleado con el reloj: rara vez llega pronto a los sitios. Por eso se puso una camiseta con Scusate il ritardo y en el que podía verse un reloj marcando las ocho. En el fondo se estaba riendo de sí mismo.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Un Barça experimental cae ante el Tau en un pobre final (73-70)

Navarro, autor de 16 puntos, entra a canasta ante la mirada de Sada y Vidal -EFE.


La Supercopa ACB siempre llega demasiado pronto para los equipos que año tras año cambian varias de sus piezas para olvidar su fracaso más inmediato. Es el caso del Barça, que en las últimas cuatro temporadas sólo lleva dos títulos: ganó precisamente la primera edición de este joven torneo en 2004 y, contra pronóstico y con suma autoridad, la Copa de 2007. Al Tau le sucede todo lo contrario, parece llegarle en un momento perfecto, aunque no tenga a todos sus mejores disponibles. Esta vez no podía contar con Tiago Splitter, el MVP de esta competición los dos últimos años. Su cinco titular. No encontró a faltar al brasileño porque tras una campaña marcada por cuestiones extradeportivas e indisciplina descubrió a Will McDonald. El pívot estadounidense fue clave en el inicio del partido, cuando anotó 10 puntos y contribuyó a un parcial de 15-1 (21-9, a los 8’28’’) y al final, cuando anotó un triple sobre la bocina a 1’56’’ del final. Esa acción (72-70) fue decisiva porque sólo se metería una canasta más, un tiro libre de Igor Rakocevic, el otro anotador del día del Tau (18 puntos).

El Barça demostró que aún no sabe gestionar su ansiedad y basó sus últimos ataques en acciones anárquicas: triples mal seleccionados como los de Ersan Ilyasova o Víctor Sada o errores inexplicados, como la canasta a aro pasado de Juan Carlos Navarro o la falta de entendimiento entre éste y Gianluca Basile. El escolta catalán tenía que asistir al italiano para que lograse el triple que forzase la prórroga pero la pelota se perdió por la línea de fondo. En la otra semifinal, el CAI Zaragoza ganó con facilidad al DKV Joventut (96-81). Quinteros y Green anotaron entre los dos 39 puntos, mientras que por la penya sólo cumplió Mallet (seis triples).

Parcial de 7-4

El parcial del último cuarto (7-4 con 2/15 en tiros para el Barça y 2/13 para el Tau) desmereció un partido que, por momentos, se convirtió en un excelente espectáculo, desigual puntualmente y tremendamente igualado en el que se combinaron grandes rachas de aciertos. El Barça, por ejemplo, anotó desde más allá de 6’25 cuatro de los seis triples que intentó en el segundo período y que le permitieron llegar al descanso con una desventaja mínima (43-41). Su remontada se había basado en una defensa más agresiva y ese acierto esporádico con los triples (7/21 en total). Lo mejor para el Barça era corroborar dos de las grandes noticias de los últimos meses de la campaña pasada: Fran Vázquez parece querer ser el pívot al que aspiraba ser (10 puntos y cuatro rebotes) e Ilyasova es un jugador insustituible. El ala-pívot turco sumó 11 puntos en ese período.

En la reanudación el Barça, por momentos, se mostró con un equipo compensado y ordenado. Lo dirigía Roger Grimau, que es el exponente de sacrificio y polivalencia. Con Pepe Sánchez en el Madrid, ninguno de los tres bases ofreció un mínimo de confianza. Sorprendentemente Jaka Lakovic fue titular, pero sólo jugó los primeros seis minutos. Le sustituyó uno de los fichajes estrella, Andre Barrett, un trotamundos que parece perdido todavía después de cambiar tanto de equipo. El último experimento, Sada, está lejos de su nivel en Akasvayu, pero precisamente un triple suyo le dio al conjunto azulgrana la mayor ventaja del partido (46-50 a los 22’13’’). Eran momentos de triples, de defensas blandas, de ataques casi perfectos. Mirza Teletovic demostraba su habilidad desde la línea de tres y David Andersen, todo un tricampeón de la Euroliga, simplemente ratificaba que es un jugador delicioso. En breve Daniel Santiago, ex de Unicaja, podría ser su recambio.

El regreso de Juan Carlos Navarro debe ser la gran noticia para el barcelonismo. Sobre el escolta catalana tiene que pasar gran parte de la responsabilidad anotadora del equipo. Pero su rendimiento, de momento, es intermitente. Navarro anotó dos puntos en el primer período, contribuyó a la remontada en el segundo (10), no anotó en el tercero y fue él único en sumar en el último. Lo hizo tras un par de contras rápidas (67-70 a 4’40’’ del final). Ahí se acabó el partido para el Barça, incapaz de hilvanar jugadas que no fuesen anárquicas o pasionales. Así que al Tau le bastó con un triple de Mc Donald sobre la bocina de McDonald a 1’56’’ y con un tiro libre de Rakocevic. Navarro acababa de fallar un tiro a aro pasado. Después, en la última jugada, no se entendería con Basile, que no pudo coger la asistencia y ni tan siquiera pudo intentar el triple que podría haber forzado la prórroga. Dusko Ivanovic se mostraba casi impasible en el blanquillo vitoriano: se había vengado de su ex equipo, del que había salido mal y tras declarar que no podía hacer nada más con la plantilla que tenía. “Cualquier partido es especial”, había dicho en la previa el montenegrino. No se lo cree nadie.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Rossi se impone con suficiencia en Indianápolis y podría ser campeón en Japón con un tercer puesto



Rossi logró en EE UU la 95ª victoria de su carrera -EFE.

“Mi defecto es querer ganar más”, confiesa el nadador estadounidense Michael Phelps, el mejor deportista olímpico de todos los tiempos. Valentino Rossi (Tavullia, Italia, 1979) suscribiría esas palabras si se las mencionaran. Il Dottore siempre ha arriesgado al límite porque su objetivo no es otro que llegar el primero. Lo necesite o no. En el circuito de Indianápolis, bajo una intensa lluvia, con mucho viento y la pista sucia, Rossi no tenía por qué exhibirse. En la tercera vuelta, con Casey Stoner, su único rival por el Mundial, muy retrasado, podía haber conservado su segundo puesto tras Nicky Hayden. Pero Il Dottore no paró de pilotar al límite ni tan siquiera cuando pasó al estadounidense. Sólo se frenó cuando apareció la bandera roja y se suspendió la carrera a falta de ocho vueltas. Fue un respiro para el italiano -"era muy peligroso seguir en esas condiciones"- y para el propio Hayden, que estaba a punto de ser superado por Jorge Lorenzo. El balear, totalmente recuperado de sus continuas caídas, había sido segundo en Misano. La lucha por el subcampeonato es uno de los pocos incentivos que le quedan al Mundial: Stoner le saca sólo siete puntos a Dani Pedrosa y 44 al propio Lorenzo. Mientras que a Rossi, que tiene 87 puntos de ventaja, le basta un tercer puesto en la próxima carrera, el 28 de septiembre en Japón, para ser campeón virtual y lograr su octavo título. En Indianápolis, además, Il Dottore superó el récord de victorias en la máxima categoría de Agostini (el registro a batir ahora son 69) y sumó su séptimo triunfo de la temporada, el cuarto consecutivo, algo que no conseguía desde 2005. Es cuestión de días que vuelva a ser el más grande.

A veces la vida concede situaciones para minimizar los daños del pasado. Habrá quien califique como “venganza” esas situaciones. Sea como sea Rossi volvió a repetir un gran duelo con Hayden, el piloto que en 2006 cerró su hegemonía en el Mundial. Con tan sólo dos triunfos el estadounidense logró uno de los campeonatos más descafeinados de los últimos años. En Indianápolis se repitió ese enfrentamiento e Il Dottore fue ahora el ganador. El cuerpo a cuerpo duró diez vueltas, en las que el italiano puso nervioso a Hayden, que llevaba dos años sin completar primero un giro. Al estadounidense se le notaba inquieto y su moto, a la mínima, se deslizaba. Así que en el ecuador de la prueba, en una apurada de frenada en una curva de izquierda, Rossi le adelantó y a partir de entonces se distanció. Su triunfo era ya incuestionable.

Istanbul Park

El piloto de Yamaha no bajó el ritmo y siguió acumulando vueltas rápidas. Quería mejorar un registro realmente extraño: sólo había conseguido una victoria en las siete últimas veces que había partido desde la pole. Rossi además ganó en un trazado en el que nunca había corrido y ahora sólo le falta imponerse en Turquía para poder presumir que ha sido el mejor en todos los circuitos. Para lograrlo Dorna tendría que volver a incluir en el calendario el circuito de Istanbul Park, uno de los escenarios preferidos del piloto de Fórmula 1 Felipe Massa, que se ha impuesto los tres últimos años.

En Indianápolis Hayden recuperó sensaciones pasadas y aparcó sus últimas críticas, en las que acusaba a Honda de no ser un equipo y de trabajar casi en exclusiva para Pedrosa, al que le han permitido cambiar de marca de neumáticos (de Michelin a Bridgestone). “A mí no me han dejado nunca”, se quejó el estadounidense, que ya ha anunciado que la próxima temporada correrá en Ducati. Será el compañero de Stoner, al que sólo le queda el reto de asegurar el subcampeonato. El actual campeón, que esta vez fue cuarto, lleva 33 de los últimos 100 puntos posibles. Pedrosa, que estrenaba motor y neumáticos Bridgestone completó una decepcionante octava posición.

Hayden tuvo mucha suerte. Seguramente si no hubiesen mostrado la bandera roja Lorenzo le hubiera adelantado. “Han parado la carrera cuando estaba a punto de pasar a uno de los suyos. Supongo que será casualidad”, bromeó el español, que realizó varios adelantamientos al límite. El mejor, sin duda, el que le hizo en la tercera vuelta a Rossi. El interior, casi sin espacio, fue impagable. Pero el heptacampeón le rebasó metros después. Fue el penúltimo obstáculo para Il Dottore. Andrea Dovizioso tampoco pudo resistirse demasiado. Sólo aguantó Hayden. El duelo se convirtió en un regresión al pasado, pero el desenlace no tuvo nada que ver.

Vettel se convierte en Monza en el ganador de un GP más joven de la historia



Vettel celebra en el podio su primera victoria en la Fórmula 1 -EFE.

Cuando un mito se retira de la competición muchos intentan encontrar o pronosticar quién será su sucesor, determinar si hay alguien con las suficientes aptitudes para ser capaz de igualar o superar al deportista que ha marcado una época. Esa situación se produjo, por ejemplo, hace poco más de dos años, cuando Michael Schumacher, el mejor piloto de todos los tiempos, confirmó tras su triunfo Monza que se retiraba de la Fórmula 1. Entonces algunos vieron como su sucesor a Fernando Alonso, que esa temporada lograría su segundo Mundial. Otros, bastantes menos, repararon en un compatriota de Schumi: Sebastian Vettel (Heppenheim, 1987), que pese a no haber debutado en el Gran Circo no era un desconocido, sino un tercer piloto popular. En Turquía, en su primer GP como probador de BMW Sauber, Vettel había logrado el mejor tiempo en la sesión de entrenamientos. Dos días antes del anuncio de Schumacher también había sido el mejor en dos sesiones del GP de Italia. Precisamente en el circuito de Monza, con el propio heptacampeón instalado en el motor home de Ferrari, Vettel se ha convertido en el ganador de un GP más precoz de la historia, con 21años, dos meses y 11 días. Un récord que le ha arrebatado a Alonso (22 años y 26 días). El sábado el piloto alemán también le había quitado al asturiano otra marca, la de la pole más joven. “No se inquietó por nada, ni por las condiciones meteorológicas, ni por los cambios de estrategia. Estuvo absolutamente genial”, le elogió Schumacher.

El icono de la Fórmula 1 señaló a la perfección los méritos de Vettel, que en un trazado mojado, el más rápido del Mundial, no necesitó ni un adelantamiento. Sólo tuvo que superar a los doblados y eso forma parte de las reglas y no de la habilidad. Tienen que dejarle pasar. El piloto de Toro Rosso no tardó en asegurarse el podio: en la 18ª vuelta ya le sacaba 26 segundos a Felipe Massa, que rodaba cuarto. El brasileño concluiría finalmente sexto, justo por delante de Lewis Hamilton, que había partido desde la 15ª posición. El británico realizó una carrera extraordinaria y sigue liderando el campeonato, pero con tan sólo un punto de ventaja sobre Massa a falta de cuatro pruebas. También destacó Alonso, que logró una más que meritoria cuarta posición en el circuito en el que teóricamente iba a tener menos opciones. Heikki Kovalainen y Robert Kubica, segundo y tercero, respectivamente, completaron el podio.

Su debut en la Fórmula 1

“Todavía es pronto para hablar de futuro, pero tiene el potencial para llegar a lo más alto”, analizó Schumacher sobre Vettel. Ambos participaron y ganaron como equipo en la Race of Champions de 2007. El piloto de Toro Rosso también es el más joven en puntuar en el Mundial: la temporada pasada, con 19 años y 349 días, fue séptimo en el GP de EE UU. Era su debut en la Fórmula 1. El accidente de Kubica en Canadá le había daro la oportunidad de demostrar su valía, que venía de lejos: en 2003 ganó 18 de las 20 pruebas de la Fórmula BMW, 387 puntos de 400 posibles.

Más allá de la exhibición de Vettel, Hamilton y Alonso fueron los otros grandes triunfadores en Monza. El británico, tras su pésima calificación estaba a un lugar de los puntos tras las primeras quince vueltas, tras superar al límite de la legalidad a Tim Glock. Menos le había costado adelantar a Kimi Raikkonen, que acabó noveno y tiene ya 21 puntos de desventaja sobre el líder. Sin duda, el momento en el que disfrutó más Hamilton fue cuando adelantó a Alonso un par de vueltas después. Eran los peores instantes para el asturiano, que también cedió ante Glock. En el giro 30 Alonso realizó su única parada. “Tomamos la decisión acertada de poner neumáticos intermedios, fuimos los segundos en hacerlo y tuvimos suerte, a partir de ahí todo fue bien. Para mí, la pista era para intermedios, pero llamé al box para preguntar”, explicó el bicampeón. Era un riesgo importante, porque si empezaba a llover bien los accidentes eran casi inevitables. Salió bien y poco después gran parte del resto de pilotos utilizaron la misma estrategia.

Hamilton también quería ir a una sola parada, pero tuvo que pasar otra vez por boxes para cargar el alerón delantero. Su obsesión pasó a ser entonces adelantar a Massa, que pese a sus habituales indecisiones en el cuerpo a cuerpo, supo resistir. El Mundial sigue más que abierto y ya tiene a un nuevo ganador más precoz. Se llama Sebastian Vettel y cuenta con la confianza de Schumacher.


domingo, 7 de septiembre de 2008

Hamilton pierde su triunfo en Bélgica a favor de Massa tras un maniobra ilegal para la FIA con Raikkonen



Massa y Hamilton hablan durante la rueda de prensa posterior al GP -EFE.

“El año pasado mi gran preocupación era demostrar a todo el mundo que no era medio segundo más lento que Fernando (Alonso) como algunos creían. Si me hubieran puesto a Michael Schumacher como compañero, también habría querido demostrar que no era el numero dos”, confesaba hace unos días Lewis Hamilton en el diario The Times. “Pero esta temporada quiero hacer las cosas usando mi cerebro. Mi único objetivo es ganar el título mundial”, añadía el británico. Era una declaración de intenciones: en Spa-Francorchamps no arriesgaría si la situación no lo requisiese. Pero o no se acordó de su discurso o realmente Hamilton aún no es tan frío como cree. Tenía garantizada la segunda posición y Felipe Massa, su principal (y casi único) rival, era tercero a una distancia insalvable. No precipitarse era lo más sensato porque adelantar en un trazado tan complejo como el del GP de Bélgica y bajo la lluvia era un despropósito para cualquiera que tuviese algo que perder.

Sin embargo, Hamilton decidió atacar a Kimi Raikkonen sin contemplaciones, quería volver a demostrar que es el mejor, y lo hizo protagonizando uno de los duelos más espectaculares (y absurdos) de los últimos años. El McLaren se acercó a centímetros del Ferrari de Raikkonen, se tocaron y Hamilton cortó la variante de entrada a meta. Reglamento en mano el ojo derecho de Ron Dennis tenía que dejar pasar al finlandés. Así lo hizo, pero tardó unos metros después, en la curva de La Source, le adelantó en un acción habilidosa. En esos momentos el británico era líder con 10 puntos de ventaja sobre Massa, que pasaron a ser ocho cuando Raikkonen, obstaculizado por el peligroso Kazuki Nakayima, chocó contra los muros de protección y abandonó –“sólo me valía ganar… (ahora el finlandés está a 19 puntos del liderato)”–. El japonés ya había provocado en Valencia el adiós de Alonso en la primera vuelta. Hamilton celebró su triunfo en el podio y poco después se enteró que la FIA consideraba ilegal su acción y le sancionaba con 25 segundos, lo equivalente a un drive through. Así que Massa, que había preferido “no tomar riesgos considerando todo lo que estaba pasando delante de mí” fue proclamado ganador de la carrera horas después. Éste es el quinto triunfo de la temporada para el brasileño y el más peculiar de su carrera. Massa tiene 74 puntos, tan sólo dos menos que Hamilton –“ha sido un gran duelo y no creo que haya hecho nada sancionable”–. Los detractores del brasileño siguen sorprendiéndose.

La remontada de Heidfeld

El segundo gran beneficiado de la jornada fue Nick Heidfeld, que tras comprobar cómo la lluvia volvía a aparecer en las últimas vueltas decidió cambiar los neumáticos dos giros antes del final. El planteamiento idóneo para protagonizar una espléndida remontada y concluir tercero, segundo finalmente tras la sanción a Hamilton. Cerca del podio se quedó Fernando Alonso, que remontó dos posiciones en la salida y cuando rodaba tercero en el último giro se fue al pit stop para poner los intermedios. Pasó a ser octavo, pero en los últimos metros remontó hasta la cuarta posición, tras superar a 50 metros de meta a Robert Kubica y Sebastian Vettel.

“La decisión de entrar en boxes en ese momento fue conjunta, había que hacerlo como fuera, pero tendría que haber sido una vuelta antes, como hizo Heidfeld", explicó Alonso. "Decidimos parar porque si no lo hacíamos teníamos muchas posibilidades de acabar en el muro. Al final hubiese sido cuarto igual", valoró el bicampeón del mundo, que cree “imposible” repetir o mejorar este resultado en el próxima prueba, en Monza.


Yelena Isinbayeva: competir sin competencia


Isinbayeva celebra, emocionada, su clara victoria en Pequín -EFE.
 
Sentencia Yelena Isinbayeva (Volgogrado, Rusia, 1982) que nunca idolatró a nadie, que jamás sintió predilección por ningún deportista. Desde siempre su única fijación fue ser la mejor, convertirse en una estrella mundial. Lo tuvo claro desde pequeña, cuando se inició en la gimnasia y no abandonó su ambicioso anhelo cuando tuvo que pasarse al atletismo por ser demasiado alta (mide 1’75 metros). En 1997, con 15 años, empezó a saltar con la pértiga. Entonces no sabía ni tan siquiera quién era Serguéi Bubka, el icono de este deporte. Ahora dice que le hace gracia que le comparen con él, sobre todo porque ella ha sido dos veces campeona olímpica y Bubka no lo logró nunca. 

Isinbayeva tiene un cuerpo escultural, una mirada exuberante y sonríe con la elegancia y la seguridad de una modelo consagrada. Sabe que sus rivales están lejos de sus marcas, por mucho que durante la primavera pasada sufriera un par de derrotas y que Jennifer Stuczynski se postule como su relevo a largo plazo. La atleta rusa simplemente va a lo suyo, que no es otra cosa que batir sus propias marcas. En Pekín logró el 24º récord del mundo de su carrera (el 14º al aire libre) y consiguió la mayor diferencia en una final de la historia, 5’05 metros por tan sólo 4’80 de la propia Stuczynski. Un dato lo resume todo: en Atenas 2004 ganó saltando 4,91 metros, 14 centímetros menos que su marca en China. Su mejor marca bajo techo son los 4’95 que salto en Donetsk (Ucrania) en febrero de este año.

“Me gusta hacer”

“Me encanta sentirme sola en la cumbre A mí no me hablar. Me gusta hacer”, valoró Isinbayeva. Era su respuesta a Stuczynski, que días antes había asegurado que patearía “un culo ruso” y que la medalla de oro sería suya. La estadounidense, tras la exhibición de su rival, sólo pudo rectificar: “Yelena me lleva una década de preparación. Es la mejor”.

La competición se convierte para Isinbayeva en una oportunidad de superar sus propias y de acercarse a su objetivo final, que no es otro que alcanzar la cifra de 36 récords mundiales (uno más que Bubka) y superar el listón de 5’15 metros, casi un metro menos que el ucraniano (6’14). No hace mucho Bubka aseguraba que no le prestaría atención a la pértiga femenina hasta que alguna atleta lograse volar por encima de los 5 metros. Ahora es amigo de Isinbayeva: “Me desea suerte cada vez que me ve, y saber que está viéndome en directo, entre los espectadores, me sirve para motivarme”.

Habla con su pértiga

El ritual de la número uno antes de saltar suele ser siempre bastante parecido: mira al cielo, habla con su pértiga –“no pienso explicar qué le digo, es algo muy personal”– y piensa en cualquier cosa menos en que tiene que luchar contra sí misma otra vez. “Me acuerdo del libro que estoy leyendo esos días o en otras historias. Me dejo llevar”, confiesa Isinbayeva, que tiene la manía de competir con su mano izquierda llena de anillos. Cuando gana da una voltereta en el aire, pega unos gritos y se va directa a la grada para que alguien le de una bandera de Rusia. 

La organización, el método y el descanso son algunos de los secretos del rendimiento de Isinbayeva, que duerme nueve horas por la noche y otras dos de siesta. Es su fórmula para recuperarse de los entrenamientos exigentes de Vitaly Petrov, que fue técnico del propio Bubka y al que le gusta cambiar muchas cosas de los atletas que entrena. Así lo ha explicado la pertiguista española Naroa Aguirre, que el pasado invierno estuvo un mes preparándose con el grupo que dirige Petrov.

“Lucha aunque estés herida” es el lema de Isinbayeva, que ahora vive lejos de la fría Volgogrado y se corea entre el glamour (bien y mal entendido) de Montecarlo (Italia). Su cambio de residencia no han variado sus horarios: no suele salir de fiesta y se concentra en prepararse, comer, dormir y leer. No le queda tiempo para mucho más. Es el sacrificio que tiene que hacer para poder llegar a los Juegos Olímpicos de Londres de 2012 en óptimas condiciones y optar a ganar su tercera medalla de oro olímpica. ¿Qué hará después? “Probablemente me retire al año siguiente”, explica. De momento, está pensando en crear su propia línea de ropa deportiva y su perfume, que “será para mujeres fuertes de espíritu, para aquéllas que saben exactamente lo que quieren y siguen adelante hasta alcanzar su objetivo”.