domingo, 31 de agosto de 2008

Rossi logra su sexto triunfo en Misano y está a punto de volver a ser el más grande



Rossi rueda en el circuito de Misano mientras Stoner es conducido hacia 'boxes' en moto -AFP.

Algo original se le ocurrirá a Valentino Rossi para celebrar su octavo título mundial, el sexto en la categoría reina. La ocasión lo merece: está a punto de recuperar la hegemonía perdida, de volver a ser el número uno tres años después. Il Dottore logró su último Mundial el 26 de septiembre de 2005 en Sepang (Malasia) y lo celebró poniéndose una camiseta con el número siete y haciéndose una foto con siete amigos caracterizados de enanitos. Representaban ser los del famoso cuento infantil y cada uno llevaba un cartel colgado del cuello con las dos últimas cifras del año en el que ganó un Mundial: 97, 99, 01, 02, 03, 04 y 05. “He igualado a Gigi (Agostini) y tengo 75 puntos de ventaja…”, resumía hoy, relajado, el piloto de Yamaha tras lograr su sexta victoria de a temporada en el GP de San Marino (su compañero Jorge Lorenzo, segundo, y Toni Elias, tercero, le acompañaron en el podio, Dani Pedrosa fue cuarto). Ahora, tras dos cursos muy complicados y sus problemas con el Fisco, Rossi ya puede ir pensando en montar otra celebración peculiar para festejar que de nuevo vuelve a ser el más grande. Ante la prensa no se mostró especialmente emocionado, como si fuera rutinario haber igualado el récord de 68 victorias en la máxima categoría del mejor piloto de la historia. Un éxito que coincidió con el 700º triunfo italiano en el Mundial y con otra caída de su máximo rival, el actual campeón, Casey Stoner. A falta de 125 puntos la distancia ha aumentado hasta los 75. Sólo una remontada inédita e inesperada puede frustrar el retorno oficioso de Rossi a la excelencia.

El circuito de Misano se convirtió en un multitudinario homenaje a Il Dottore, probablemente el deportista italiano más querido y admirado de la actualidad. En este caso iba a su favor el factor de proximidad: el trazado tan sólo está a poco más de 12 kilómetros de su pueblo, Tavullia. Los fans de Rossifumi lograron que por un día su ídolo fuese considerado el alcalde. Muchos salieron de sus casas con sus banderas con el número 46 y recorrieron a pie el recorrido. Como el año pasado, en el que Dorna recuperó un circuito que tenía aparcado desde hacía 15 años. Pero en 2007 el viaje fue frustrante: Rossi tuvo que abandonar en la cuarta vuelta y a falta de cinco pruebas tenía 85 puntos de desventaja sobre el ganador en San Marino, Stoner. Un año después la caminata fue fructífera y su vecino más internacional fue quien logró el triunfo y quien acumula la ventaja insalvable, 75 puntos.

Otra caída de Stoner

La carrera se deshizo demasiado pronto: en la octava vuelta quedaron resueltas las tres posiciones de podio y la cuarta plaza. Stoner, resentido de una antigua lesión en el escafoides de la mano izquierda, se cayó cuando rodaba primero con tres segundos de ventaja sobre Rossi y tras realizar otra gran salida (partía con la pole por séptima vez consecutiva). El australiano lleva dos grandes premios abandonando y tres cayéndose. En Laguna Seca pudo levantar su moto y concluir segundo, ni en Brno ni en Misano tuvo esa suerte. Sus últimas actuaciones no tienen nada que ver con la seguridad que demostró en 2007, sino más bien con recuerdan a la irregularidad que marcó su debut en MotoGP, en el que se ganó, por sus continuas caídas, un apodo muy cruel, el de Rollingstoner.

“Nunca corro por ser segundo”, zanjó Rossi, que pese a la distancia que le sacaba Stoner siguió arriesgando y completando vueltas cada vez más rápidas. En cuanto su rival se cayó rebajó la velocidad. No era cuestión de arriesgar un triunfo fácil en el que tan sólo se tuvo que esforzar en sobrepasar a Pedrosa. Lo hizo con otro adelantamiento al límite por el interior, en una acción tan arriesgada como genial. El piloto catalán sólo se resistió en la recta siguiente. A partir de ahí empezó su declive: dos vueltas más tarde, en la cuarta, su enemigo mediático, Lorenzo, le superó. Con la misma facilidad con la que lo hizo metros después Elias.

“No ha sido una decisión mía”

“Un piloto sin confianza no puede ganar mucho”, sentenció Pedrosa, que anunció que correrá las últimas pruebas con neumáticos Bridgestone. “No ha sido una decisión mía, sino del equipo. Yo simplemente les he transmitido mis sensaciones, que últimamente no eran buenas”, añadió el piloto de Honda para justificar que su moto deje de llevar Michelin.

Más tranquilo se mostraba Lorenzo, que llevaba tan sólo 26 puntos en las últimas siete pruebas. “No, no que en ningún momento nos fuéramos. Sabíamos que teníamos calidad suficiente para estar arriba”, aseguró el piloto de Yamaha, que acabó segundo y parece que puede volver a ser el del inicio de la temporada. En su estreno en MotoGP logró las tres primeras poles de la temporada, ganó su primera carrera en la tercera cita (Portugal) y protagonizó un par de carreras (China y Francia) realmente prodigiosas pese a tener que pasarse casi todo el día en una silla de ruedas tras su trompazo en el trazado de Shanghai.

En Misano Elias también hizo callar varias bocas, las de aquéllos que proclamaban que su segundo puesto en Brno 15 días antes había sido una casualidad. “He leído muchas cosas, pero creo que he demostrado que esas cosas no eran ciertas. Me hubiese gustado ganar para ofrecerle la victoria a las familias de las víctimas del accidente de Barajas”, explicó el corredor catalán. “¡Bravo! ¡Bravo! Te estás acostumbrando a estar arriba”, le interrumpió, divertido, Rossi. El icono del motociclismo moderno está a punto de ser el más grande. En la salida el mismísimo Diego Armando Maradona así se lo dijo: “Tú eres la historia”. Y le besó las manos: un gesto casi bíblico.

lunes, 25 de agosto de 2008

Massa vuelve a postularse como el gran rival de Hamilton por el Mundial tras ganar en Valencia



Felipe Massa celebra su triunfo en Valencia haciendo el 'shaka', gesto típico de surferos -EFE.

Hace unos meses, a principios de marzo, Kimi Raikkonen aseguraba que Ferrari era el “punto final” de su carrera en la Fórmula 1, que la escudería de Maranello sería su último equipo. El piloto finlandés había logrado ganar el Mundial tras una remontada inusual y era respetado en el seno del equipo italiano pese a no responder al perfil de piloto con carácter que suele buscar Ferrari. Ahora, tras doce grandes premios disputados, Raikkonen está tremendamente cuestionado. Sólo ha ganado dos pruebas (Malasia y España). No se impone desde el pasado 27 de abril y muchos medios confabulan que el presidente de la escudería, Luca Cordero di Montezemolo, quiere negociar su salida para fichar a Fernando Alonso. Aún lo harán más tras el GP de Europa, el primero en el circuito urbano de Valencia, donde rompió el motor y tuvo que abandonar. Su compañero en Ferrari, Felipe Massa, el hombre eternamente criticado e ignorado, se está comportando como el verdadero líder del equipo. El corredor brasileño ganó en Valencia y le recortó dos puntos al líder del campeonato, Lewis Hamilton, que tras ser segundo tan sólo le saca seis (Raikkonen tiene ya 13 de desventaja). Completó el podio Robert Kubica y Fernando Alonso tuvo que retirarse en la primera vuelta. Massa ha logrado tantas poles y victorias (4) como Hamilton. Vuelve a postularse como su gran rival por el título.


Seguramente Massa iría primero del Mundial con un mínimo de suerte o si se quitase su sambenito de gafe: ha abandonado hasta en tres carreras, es el único de los siete primeros de la competición que ha llegado a tal extremo. El piloto brasileño ha subido al cajón del podio en siete de las nueve pruebas restantes. En Francia se puso líder en solitario por primera vez en su carrera y en la siguiente prueba, en el aguadero de Silverstone, no puntuó y vio cómo Hamilton le empataba en lo más alto. Después llegaría el tercero puesto en Alemania y lo último era la retirada por rotura de motor a falta de tres vueltas y yendo primero en Hungría.


“Un gran fin de semana”


“Hemos hecho un gran fin de semana (pole, vuelta rápida y victoria) después de los malos resultados”, se congratulaba Massa, que había sumado seis puntos de los últimos 30 posibles. Pero esta vez también estuvo a punto de perder la carrera y por una circunstancia que aún hubiese sido más desagradable, el súmmun de la mala suerte o del absurdo. El piloto de Ferrari pudo estuvo a punto de dejar escapar la victoria en Valencia por un despiste lamentable. Suyo, pero especialmente de sus mecánicos. En el último repostaje, cuando tenía casi encarrilado el triunfo sobre Hamilton, no vio que el Force India de Adrian Sutil circulaba por el pit lane. No colisionaron por poco, incluso durante unos metros rodaron en paralelo. Hasta que Massa le sobrepasó. Los comisarios de la FIA advirtieron al piloto y a Ferrari que después de la carrera estudiarían una posible sanción. El castigo se quedó en una multa de 10.000 euros.“Yo iba líder y Sutil era un piloto doblado. No veo ningún problema en lo sucedido. Además, es normal que dos coches circulen en paralelo en algún momento, son cosas que suelen pasar”, dijo Massa. Castigar al corredor con la pérdida de varios puestos hubiese sido un circo.

Más allá de por las decisiones en los despachos, el piloto de Ferrari no vio peligrar nunca su primera posición. Conservó el primer puesto en la salida “por la parte limpia de la pista” y en la séptima vuelta ya le sacaba casi tres segundos a Hamilton, su único perseguidor. Raikkonen rodaba quinto, tras Kubica y Kovalainen, que le había adelantado con facilidad en los primeros metros de la carrera. Quien ya no competía era Alonso, que se había retirado. Lo ha hecho en las dos pruebas celebradas en España. Si en Montmeló el bicampeón abandonó en el ecuador de la carrera, en la vuelta 34 y por la rotura de su motor, esta vez se quedó sin opciones de continuar en la tercera curva. El Toyota de Timo Glock frenó y Alonso tuvo que hacer lo mismo para no colisionar con él. Por detrás Kazuki Nakajima le arrancó el alerón trasero. Alonso habló con los periodistas –“que venga ahora toda la mala suerte para así volver a por todas la próxima temporada”–, se duchó y se fue del circuito para evitar multitudes. No le interesaba quién sería el ganador.

Los problemas de Kubica

Si no ocurría ningún percance, Massa iba a ser el primer piloto en imponerse en Valencia. Y Hamilton ocuparía la segunda plaza. Tampoco había dudas sobre el tercero, Kubica –“es nuestro lugar natural”–, que no se subía al podio desde su primer triunfo en la Fórmula 1, a principios de junio en Canadá. El piloto finlandés rodó varias vueltas a un ritmo lento, como si tuviese algún tipo de problema mecánico, pero después siguió con normalidad.

Kubica hizo el último pit stop a falta de 14 vueltas para el final, como Raikkonen. El piloto brasileño, en su intento de superar a su compatriota, arrancó cuando aún los miembros de su equipo no habían sacado la manguera. Atropelló a un mecánico, que afortunadamente sólo tiene lesiones leves en el pie y en la espalda. El Hombre de Hielo aún protagonizaría otro incidente, el definitivo. Dos giros después su Ferrari inundó de humo parte del circuito. Había roto el motor, como Massa en Hungría. Los monoplazas del cavallino rampante están perdiendo su fiabilidad habitual.

No hubo cambios en las tres primeras plazas y Massa pudo celebrar con el gesto típico de los surferos la novena victoria de su carrera. Así festejó su cita con la efemérides, su GP número 100. El piloto de Ferrari vuelve a postularse como el gran rival de Hamilton por el Mundial, por mucho que éste le sacase méritos: Esta carrera ha sido complicada para mí porque he tenido algunos problemas de salud -gastroenteritis- que me han impedido estar al cien por cien”.

domingo, 24 de agosto de 2008

España empequeñece a Estados Unidos y logra una plata espléndida

Pau Gasol besa su medalla y Kobe Bryant hace callar al público -EFE.

Llevarse el dedo índice a la boca desafiando al público siempre será un gesto de suficiencia y provocación, pero también un símbolo épico, la constatación de haber logrado algo grande en un ambiente hostil. Que Kobe Bryant, al que muchos señalan como mejor jugador del mundo, hiciese ese movimiento tras anotar un triple y forzar la exclusión de Rudy Fernández a falta de poco más de tres minutos para la conclusión de una final olímpica fue un sinsentido. Sin duda, una acción de debilidad: Estados Unidos, los inventores del básket, el combinado de estrellas de filigranas aéreas y músculo estaba pasándolo realmente mal ante España. El gesto no podía ser más simbólico. La selección jugó probablemente el mejor partido de su historia (107-118) y estuvo a punto de ganar a una reedición correcta del Dream Team de Barcelona’92. No le faltó demasiado para lograrlo al grupo de Aíto García Reneses y de Pau Gasol, el máximo anotador del torneo con 19’6 puntos de media. Hubiese sido una doble victoria, un triunfo ante un rival y, especialmente, ante unos árbitros caciquistas que permitían a los estadounidenses cometer pasos (hasta tres hizo el propio Bryant en un contraataque en la primera parte) y en la mayoría de jugadas con mínimo contacto, ante la duda (o sin ella), pitaban a favor de USA. La plata, la segunda de España en unos Juegos Olímpicos 24 años después de la generación de Fernando Martín en Los Ángeles, es un gran premio para un grupo extraordinario, pero también un reconocimiento insuficiente a sus méritos. “Hemos triunfo. Esta medalla es como la de oro, sólo cambia el color. Si hubiesen pitado mejor… Incluso podíamos haber ganado”, sentenciaba a TVE1 Rudy Fernández.
 
“Los hemos puesto nerviosos”, seguía el nuevo escolta de los Blazers. No le falta razón. Estados Unidos nunca estuvo cómodo en la pista, nunca tuvo las diferencias habituales. Llegó a dominar por 15 puntos en el segundo cuarto (31-46 a los 12’23’’), pero casi siempre tuvo diferencias inferiores a los diez puntos. Una ridiculez. De hecho, a poco más de dos minutos para el final del partido la distancia era de tan sólo cuatro puntos tras la cuarta personal de Bryant y un tiro libre anotado por Juan Carlos Navarro. El jugador del Barça, sorprendentemente en el quinteto inicial, jugó su mejor encuentro del torneo. Fue desequilibrante y atrevido: volvió a recuperar las sensaciones que no había tenido durante todo la competición.

Los enésimos pasos 

Navarro fue el mejor ejemplo de que el partido de la fase de grupos, la derrota de España por 37 puntos, había sido un accidente esporádico. La diferencia no era real y se demostró desde el primer instante y hasta el último minuto, en el que Carlos Jiménez falló un triple y en la acción siguiente Bryant anotó con algo de fortuna (105-113). Los colegiados, con dos técnicas al banquillo y a Ricky Rubio por protestar los enésimos pasos de Chris Paul cerraron el partido. 

Bryant enseñaba con orgullo su camiseta, se golpeaba en el pecho a la altura del rectángulo de la bandera de Estados Unidos. Señalaba que él era el mejor, el líder de la gran selección mundial. Ni una cosa ni otra. La gran estrella estadounidense en Pekín ha sido Dwyane Wade, tercer máximo anotador tras Gasol y Luis Alberto Scola, probablemente un jugador infravalorado para las prestaciones que tiene e infinitamente menos egoísta que el icono de los Lakers. Wade, con 21 puntos en la primera parte, fue quien lideró a su equipo ante una España maravillosa. Machacaba Pau Gasol, y Navarro se gustaba ante sus rivales. España llegó a ganar 21-17 a los 5’42’’ y Aíto planteó la zona 2-3. Una opción muy acertada a lo largo del partido.

Parcial de 10-29
 
Reaccionó Estados Unidos con sus propios medios y con los ajenos (¿hace falta especificar de quién?). El grupo de Mike Krzyzewski logró un parcial de 10-29, que coincidió con su máxima ventaja, (31-46). Fue entonces cuando sobresalió Rudy Fernández, que volvió a demostrar que no desmerece a la NBA. El ex jugador del DKV Joventut anotó 13 puntos –triple incluido en la cara de LeBron James– en el segundo cuarto (22 en total) y minimizó la diferencia al descanso, que sólo era de ocho puntos (61-67). El porcentaje de Estados Unidos desde la línea de tres era inusual: ocho aciertos de once intentos.

En la reanudación volvió a exhibirse Navarro, con su tiro particular, puso a España a dos puntos (69-71 a los 23’01’’), la misma distancia que tras el triple de Rudy Fernández a falta de 8’13’’ para el final del partido. Fue la menor desventaja de la segunda parte. Pau Gasol y Dwight Howard mantenían un duelo intenso, y LeBron James seleccionaba con acierto sus tiros (14 puntos, 6 de 9 en lanzamientos de campo).

Otra bomba al límite

España era descarada al ataque y realmente eficaz en defensa. Sólo le seguían frenando los árbitros, como en una acción de dos más uno de Marc Gasol que acabó por ser una simple falta sin tiros porque se señaló otra infracción de James y no la de Paul. Una bomba al límite de Navarro cerró el tercer período con un ajustado 82-91. 

Los minutos pasaban y la selección española seguía ahí, muy cerca. Sus jugadores se repartían el protagonismo: palmeaba Pau Gasol, Rudy Fernández hacía un mate a una mano. Llegó la famosa jugada de Bryant y éste mandó callar al público. Poco le faltó al propio jugador para tragarse dicho gesto: un triple de Jiménez, el jugador polivalente de este grupo, puso el 104-111 a 2’25’’ del final. El propio capitán fallaría otro segundos después. Entre esa acción y las dos técnicas tras los pasos de Paul se acabó el partido. Se cerró el mejor partido de España, que ha logrado una plata y se ha ganado la admiración del mundo. Los periodistas de otros países el mundo se levantaron de sus asientos en la tribuna de prensa para reconocer su gesta.

viernes, 22 de agosto de 2008

Una España coral se impone a Lituania (91-86) y jugará la final ante Estados Unidos


Navarro, Marc Gasol, su hermano Pau, Jiménez, Reyes y Garbajosa celebran el triunfo -EFE.

Aseguraba Aíto García Reneses antes de los Juegos Olímpicos que España no podía depender de Pau Gasol, que el ala-pívot de Sant Boi no debía asumir la gran responsabilidad. Semanas después, en las semifinales del torneo, en el primer partido con dificultades (Estados Unidos aparte) todos buscaron a Pau. Ante Lituania, una vez más, la estrella de la barba desgarbada y el pelo desorganizado no defraudó en los momentos decisivos. Autor de 19 puntos, el jugador de los Lakers se convirtió en el líder de un equipo con varios referentes. Con jugadores como Carlos Jiménez, impagable en defensa, Felipe Reyes, imprescindible en ataque, y Rudy Fernández, en el término medio entre pragmatismo y espectacularidad. Tras su triunfo ante la selección lituana (91-86), España es finalista olímpica 24 años después. El último obstáculo será Estados Unidos, que superó a Argentina (81-101). El domingo la generación del Europeo de Lisboa 1999 tendrá la oportunidad de lograr el mayor éxito de la historia. Un oro olímpico sería el mejor final para cerrar temporadas mágicas, tras ganar el Mundial de Japón en 2006 y ser subcampeona en su Eurobásket el año pasado.

Era un día para ganar por oficio, para sobreponerse al contacto al límite y ser prácticos. Pau Gasol era el jugador propicio: sabe rendir tanto en partidos de alley-hoops como en encuentros como ante Lituania, una selección compensada y con uno de los dos mejores bases que juegan en Europa: Sarunas Jasikevicius. El único que no se descompuso tras la defensa 2-3 planteada por Aíto y el manotazo que su compañero Linas Kleiza le dio a Pau Gasol y que significó su exclusión –su segunda antideportiva a lo salvaje; al alero lituano sólo le faltaba un taparrabos y un palo para ser un hombre de las cuevas en toda regla–. Esa jugada impulsó a España, que logró un parcial de 8-0 (81-74 a 3’39’’ del final). Sólo Jasikevicius supo cómo responder a tal circunstancia. Primero lo hizo con un triple y dos tiros libres (83-79 a 1’52’’) y después, con otro lanzamiento de tres a falta de seis segundos (89-86). Su gran actuación (19 puntos y seis asistencias) no fue suficiente. El concepto de España, presión, continuas ayudas, una idea coral, se impuso al anarquismo de Lituania en este partido.

Para bien o para mal

Los triples, un recurso más de puntería que de buen juego, fueron el gran argumento de Lituania. Para bien o para mal. Simas Jasaitis, tras un año en el Tau como recambio ocasional, fue el primer el gran protagonista. El nuevo jugador del DKV Joventut (19 puntos) anotó tres seguidos de los cinco que sumó su equipo sin fallo en los últimos seis minutos del segundo período. Eran los mejores instantes del grupo de Ramunas Butautas, que pese a todo sólo consiguió una ventaja mínima (36-42 a los 28’48’’). Pero entre la que fue la doble R exitosa en Badalona, entre Rudy y Ricky, minimizaron la diferencia al descanso (40-42).

Hasta entonces Pau Gasol estaba bien defendido por sus rivales y tan sólo se había sentido cómodo en el primer cuarto, en el que se había permitido un mate y un alley-hoop. En una jugada se resumió la idea de España: Rudy Fernández falló un triple, Jiménez palmeó lo justo para que Gasol cogiera la pelota y anotase. Los triples del propio Rudy y de Jorge Garbajosa permitieron a España acabar el cuarto por delante (21-19).

Como un bárbaro no socializado

Como en el epílogo del partido fue Kleiza quien descentró a su equipo. Su acción, de nuevo más propia de un bárbaro no socializado, animó a la selección española, que liderada por Reyes y Marc Gasol logró su máxima ventaja (28-20 a los 12’55’’). Reaccionaría Lituania con un excelente acierto desde 6’25, que tarde o temprano tendría que acabarse. Con Ramunas Siskauskas muy discreto, eran otros los actores principales. Jasaitis, Kaukenas y Javtokas. Sin olvidar a Jasikevicius, el segundo técnico oficioso: pase lo que pase da instrucciones y gesticula. Se puso a gritar cuando vio cómo su equipo concedía dos jugadas de campo atrás. Era una consecuencia lógica de la precipitación y de la defensa de España: de libro. Así que del 42-47 se pasó al 55-54. El éxito del grupo de Aíto se basaba en el equilibrio interior-exterior.

Lituania recuperó su efectividad con los triples y entre Jasaitis y Lavrinovic anotaron tres (62-65, a los 30). El jugador que revertió la situación fue Pau Gasol, con un par de alley-hoops. No estuvo solo: Reyes, Ricky, Rudy, todos contribuyeron con acierto a la causa. Todos menos José Manuel Calderón, que, lesionado, veía el partido desde el banquillo con cierta nostalgia. Tampoco Juan Carlos Navarro, que lleva un torneo irreconocible. Parece que un jugador menor, un simple debutante nervioso. España le necesitará si quiere ganar el domingo a Estados Unidos. Si quiere concluir estos tres años apasionantes con el mejor reconocimiento posible: un oro olímpico.

domingo, 17 de agosto de 2008

Rossi se acerca a su octavo título mundial tras su triunfo en Brno y la caída de Stoner



'Il Dottore' celebra su triunfo en el GP de la República Checa -EFE.

Los grandes deportistas suelen tener un gran punto de inflexión. Inmersos en una autocrítica constante, no dejan de evolucionar, pero casi siempre pasan por un instante en el que se replantean ciertas cosas o todo en general. Valentino Rossi (Tavullia, Urbino, Italia, 1978) vivió ese momento en 1996, en su primer año en el Mundial de motociclismo y durante el GP de la República Checa. En el Automotodrom Brno logró su primer triunfo y fue mucho más que su presentación en la elite. “A partir de entonces mi pilotaje pasó a ser más… controlado”, recuerda en su biografía Il Dottore. En el mismo escenario, un año después, ganó su primer Mundial, el de 125cc. Y hoy, otra vez en el circuito checo, Rossi ha dado un paso importantísimo para lograr su octavo título, que sería el sexto en la categoría reina. Con su quinta victoria de la temporada el piloto de Yamaha ya le saca 50 puntos al segundo, al actual campeón, Casey Stoner, que se cayó y tuvo que abandonar. El catalán Toni Elias, segundo, protagonizó la gran sorpresa de la jornada. El veterano Loris Capirossi completó el podio.

Las caídas y desgracias de Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa han reducido el Mundial de MotoGP a tan sólo dos pilotos: Stoner y Rossi. Esa criba se demuestra desde la salida. El australiano, que partía con la pole, no se dejó sorprender e intentó marcar distancia. Sólo le siguió el heptacampeón, al que no le costó demasiado deshacerse de John Hopkins, que le había superado en los primeros metros.

“No sé que ha pasado”

Tanto Stoner como Rossi tardaron tan sólo un par de vueltas en batir el récord del circuito. Parecía que la carrera podía ser un calco de la de Laguna Seca, podía repetirse el mejor guión de los últimos años. Pero al contrario que en Estados Unidos no hubo un carrusel de adelantamientos entre ambos. De hecho, Rossi no tuvo ni una sola opción de sobrepasar a su rival: “Sabía que tenía que hacer presión. Era mi única posibilidad”. E Il Dottore tuvo la suerte que no le ha acompañado estos dos últimos años. Así que el piloto de Ducati se cayó cuando en el inicio de la séptima vuelta y llevaba poco más de un segundo de ventaja. Miró su moto y se fue. “No sé qué ha pasado. La pista estaba muy resbaladiza…”, confesaría minutos después. Stoner volvió a coger la moto e intentó llegar a boxes para poder concluir la carrera. La máquina dijo basta.

Rossi respiró. Si no fallaba, si no arriesgaba demasiado, tenía a su alcance un triunfo sencillo. El rival más cercano, Chris Vermeulen, estaba a once segundos. Todo un mundo. El italiano economizó esfuerzo y la atención se centró en las disputa por los dos siguientes puestos del podio. Algo a lo que no podía ninguno de los corredores que calzaban neumáticos Michelin. El primero en cruzar la línea de meta fue Andrea Dovizioso, noveno. Décimo sería Lorenzo, que consiguió remontar desde la última posición (fue repescado por la organización, porque por tiempos ni tan siquiera tenía que haber salido).

Inconducible

Tampoco fue un fin de semana satisfactorio para Pedrosa, que remontó seis lugares en otra gran salida (pasó del 12º puesto al 6º). Pero al final el catalán, con unas gomas precarias –“no es normal la diferencia que hay con los de arriba”, dijo su mánager, Alberto Puig – y con una moto inconducible”, sólo pudo ser 15º. Pedrosa está ya a 65 puntos de Rossi. A 171 está Toni Elias, que tras una temporada nefasta pudo resarcirse en Brno con un segundo lugar.

“Sabía que podía estar en el grupo de delante. La moto tiene que tener agarre, algo que hasta hora no ha tenido”, sintetizaba Elias. Con una satélite de Ducati supo recuperarse de una salida “muy mala” y acumular adelantamientos de mérito. Como Rossi, Elias es un especialista en las apuradas de frenada. Así que con un interior impagable pasó a su último rival, Capirossi. Quedaban 12 vueltas y no sufrió para conservar su plaza. El día que Rossi se acercó a su octavo título mundial en Brno, en una ciudad especial para él.


sábado, 9 de agosto de 2008

Samuel Sánchez, un sprint que vale un oro olímpico

Sánchez festeja su triunfo en la prueba en ruta de los Juegos de Pequín -AFP.

Cerró los ojos y se dijo “¡hasta el final sin parar!”. Con la Gran Muralla de fondo, Samuel Sánchez (Oviedo, 1978) apretó los dientes y se fue a por Aleksandr Kolobnev, el único que tenía por delante a tan sólo 50 metros del final, tras casi seis horas y media de tortura y 245 km. de recorrido. Samu respondió al sprint del ruso con naturalidad y con una suficiencia inesperada. Le rebasó por la derecha, mientras por atrás insistían Davide Rebellin, perro viejo de 37 años, y Fabian Cancellara, ciclista impagable, probablemente el mejor contrarrelojista del momento. Poco importó: Samuel Sánchez, el supuesto gregario del grupo español, se llevaba las manos al casco, se santiguaba, miraba al cielo, hacia su madre: era el nuevo campeón olímpico del mundo de ruta.

“Cuando he cruzado la línea de meta no sabía qué hacer, si tenía que saltar o no. Hasta que no hable con los amigos de toda la vida, con mi mujer y con la gente que me quiere no me daré cuenta de lo que ha pasado”, explicaba, emocionado, el asturiano, que subió al podio casi tres cuartos de horas después de haber cruzado la línea de meta. Apenas pudo dar tres pasos seguidos sin que nadie le interrumpiese. Le abrazó Alejandro Valverde, el gran favorito por ser uno de los mejores en clásicas y pruebas de un día. Le estrechó la mano el otro gran el simpático Paolo Bettini, que no pudo defender su título de campeón olímpico y se lo tomó a guasa: preguntando con gestos si había sido primero o segundo. Le felicitaron Carlos Sastre y Alberto Contador, nada más y nada menos que los últimos ganadores del Tour y Giro, que no acabaron la prueba, como Óscar Freire, el tricampeón del mundo infravalorado.

“La carrera más rentable”

“Ya tocaba, ya tocaba… Siempre segundo, siempre cuarto”, resumía Sánchez, que seguramente revivió cómo se quedó a un suspiro de la medalla de bronce en el mundial de Stuttgart de 2006, un premio que le arrebató Valverde, o cómo Dani Doreno le ganó la que podría haber sido su tercera Escalada a Montjuïc por tan sólo dos segundos. Pero esta vez Samu no se dejó sorprender y aparcó su rol de hombre que siempre se había quedado a las puertas del éxito. Esta vez no dejó escapar la oportunidad y se convirtió en el primer medallista español en la prueba de ruta: “Ser campeón olímpico es quizá la carrera más rentable para un ciclista, porque la ganas un día y la disfrutas cuatro años”.

A la hora de la verdad del conjunto español sólo respondió. Con Óscar Freire y Contador ya retirados, sólo resistió Sánchez, que atacó con frialdad y supo colocarse en el grupo de los que se jugarían la victoria, en el que no estaban ni Valverde ni Bettini. Tampoco Sastre, que había hecho una labor impagable tirando del pelotón. Ni Fabian Cancellara, en unos últimos kilómetros sensaciones consiguió conectar con el grupo y ganar un bronce impensable. Una exhibición que volvió a demostrar que su apodo de Espartaco le viene al pelo: es un fuera de serie. Este año ganó la Milán-San Remo tras 296 km. en sus piernas, a falta de dos para el final. Hasta entonces, hasta los ataques de Andy Schleck –probablemente un futuro ganador del Tour– y las réplicas del propio Sánchez, la carrera había sido relativamente tranquila, por más que el boliviano Horacio Gallardo y el chileno Patricio Almonacid, llegasen a acumular más de once minutos de ventaja. Era un intento más propio del ciclismo más primitivo o de una etapa irrelevante de una gran vuelta. En una carrera de un día, y más en unos Juegos Olímpicos, no existen esas concesiones.

Tercero en la Vuelta de 2007

Sánchez tiene cara de vasco: en Euskadi se ha formado deportivamente y desde 2000 forma parte del Euskaltel, con el que ha renovado hasta 2010. Samu reconoce que allí se celebran más sus triunfos porque no puede competir con Fernando Alonso. Hasta su gran triunfo en Pekín –“el recorrido ha sido espectacular, pasar por la ciudad prohibida, la plaza de Tiananmen, ver la Muralla China…”- sus dos grandes méritos habían sido su segundo puesto en la clasificación UCI Protour en 2006 y un tercer puesto en la Vuelta del año pasado. En la prueba española demostró cuál es una de sus grandes virtudes: en la última semana se siente perfecto. Así que en 2007 logró sus tres triunfos de etapa en las seis últimas citas: en Granada tras un gran descenso en Monachil y batiendo al sprint al Triki Beltrán, en el Alto de Abantos, tras superar a Dani Moreno con autoridad, y en la última contrarreloj, en la especialidad de Cadel Evans al que le robó el tercer puesto de la general.

Problamente el 13 de julio de 2003 Samu vivió el momento más complicado de su carrera deportiva: llegó fuera de control en la etapa de Alpe d'Huez, que ganaría su ex compañero Iban Mayo. Sánchez se propuso no volver al Tour hasta que no estuviese preparado, y hasta este año no se decidió. En la último crono le arrebató la séptima posición de la general a Valverde. Días después no pudo disputarle el triunfo en la Clásica de San Sebastián, en la que se sintió espléndidamente. “Sabía que llegaba bien a Pekín”, confesó Samu, que no dudó en responder el ataque de Kolobnev: “Venía a tope, empecé a bajar piñones sin atascarme”. Y ganó el sprint más importante. Es campeón olímpico.

lunes, 4 de agosto de 2008

Kovalainen logra el primer triunfo de su carrera rentabilizando los percances de Massa y Hamilton


Kovalainen celebra en el podio de Hungarring su primera victoria en la Fórmula 1 -EFE.

A veces el triunfo ha dependido de tantas circunstancias ajenas que el ganador final tan sólo puede llegar a pensar que es imposible tener más suerte, que esa lista de casualidades rebuscadas y favorables no sería creíble ni en un sueño. Seguramente a lo largo de su vida Heikki Kovalainen (Suomussalmi, Finlandia, 1981) se había imaginado su primer triunfo en la Fórmula 1 de múltiples maneras. Probablemente nunca se planteó que lo hiciera sin adelantar a nadie un día que no partía con la pole. Porque en el GP de Hungría el finlandés se convirtió en el 100º piloto en ganar una carrera en el Gran Circo tras partir segundo y perder esa plaza en los primeros metros. Kovalainen tuvo la fortuna suficiente, la exacta: primero con el pinchazo de su compañero Lewis Hamilton; después, con el abandono de Felipe Massa a falta de tres vueltas.

Ganar así, cuando no ves ninguna opción de conseguirlo debe ser indescriptible. Quizás más que cuando tienes claro que vas a hacerlo. Lo inesperado siempre llena más. "Es fantástico, es fantástico", repetía, eufórico, Kovalainen. Perder cuando estás rozando el triunfo debe ser lo más desagradable en el mundo del deporte. "La competición puede ser muy cruel", valoró Massa, que había dominado sin dificultades toda la carrera después de protagonizar la acción de la jornada: en la salida el piloto brasileño superó a Kovalainen en paralelo y a Hamilton por el exterior de la curva, bloqueando los neumáticos, arriesgando como pocas veces hace. Un adelantamiento de genio que le puso en cabeza y casi le aseguraba el triunfo final, porque
el circuito de Hungaroring, lleno de baches y originalmente habilitado para las pruebas de motos, permite pocos adelantamientos (el año pasado sólo se vieron dos). Durante 27 vueltas, gracias a esa maniobra y al pinchazo de Hamilton en el giro 40, Massa era líder virtual del Mundial, recuperaba el privilegio que había ganado por primera vez en su carrera hace cuatro carreras, en Magny-Cours.

Piloto gafe

El piloto brasileño va camino de convertirse en alguien tan gafe como Kimi Raikkonen en McLaren. A falta de tres vueltas el motor del Ferrari se rompió y Massa se bajó del monoplaza completamente destrozado. Caminaba despacio, encogido, con las manos en la cabeza. Después negaría haber recibido indicaciones de su equipo para que no forzase. Massa es el único de los cuatro grandes aspirantes (Hamilton, Raikkonen y Robert Kubica completan el grupo) que ha abandonado en tres carreras (las dos anteriores fueron en Australia y Malasia). A pesar de todo está a tan sólo siete puntos del liderato, porque Hamilton suma 62 tras lograr una sexta plaza meritoria: rodó casi una vuelta entera con el neumático delantero izquierdo destrozado hasta poder pasar por boxes. El británico, que aseguró que estaba convencido de poder atrapar a Massa antes de pinchar, quedó justo por detrás de su gran enemigo, su ex compañero en McLaren Fernando Alonso, que igualó su mejor posición de la temporada.

El bicampeón de nuevo protagonizó otro interesante duelo con Raikkonen. Esta vez el finlandés le superó tras salir de repostar. El Hombre de Hielo no gana una carrera desde el pasado 27 de abril en el Circuit de Catalunya, pero el tercer puesto en Hungría, gracias a un tramo final excepcional, le permite aspirar a todo: sólo está a cinco puntos del liderato.

Sin embargo, el hombre del día era Kovalainen, que se acordó de Massa -"lo siento por él, porque ha hecho una gran carrera"- pero en la misma frase ya justificó su victoria -"mi coche ha funcionado bien y sabía que podía luchar por la victoria"-. Habló de oportunidades perdidas, de carreras en las que "hubo algo que me fue mal". El destino le tenía reservado un golpe de fortuna a este finlandés de 26 años que sólo llevaba dos podios: un segundo puesto en Japón el año pasado y un tercer lugar en Malasia este curso.