sábado, 28 de junio de 2008

Stoner repite otra carrera perfecta en Assen y Pedrosa recupera el liderato


Stoner logró su cuarta victoria de la temporada en Holanda -EFE.

"Iba muy concentrado. Sólo me he percatado de que Rossi se había caído cuando quedaban seis vueltas", reconoció Casey Stoner (Kurri-Kurri, Australia, 1985), que en el circuito de Assen, en Holanda, hizo otra carrera perfecta. Como el fin de semana pasado en Donington Park. En las primeras tres curvas el actual campeón de MotoGP ya se había asegurado la victoria tras realizar un adelantamiento en la chicane a Dani Pedrosa, que finalizó segundo y recupera el liderato. Ese mínimo esfuerzo le bastó a Stoner para conseguir su cuarto triunfo de la temporada con 11 segundos sobre el catalán. El corredor de Ducati acumula más victorias que nadie y reitera que tiene material y pilotaje para revalidar su número uno.

Stoner ha vuelto como en su momento resurgió Rossi tras su victoria en el GP de China. Ésta es la temporada de las resurrecciones, de la irrupción de Jorge Lorenzo, que esta vez sólo pudo ser sexto tras remontar en las últimas vueltas, y de la confirmación de que, por fin, Pedrosa es una alternativa real al título. Ducati ha conseguido que la Desmosedeci GP8 esté a la par, o incluso un escalón superior, de Yamaha y de Honda. La evolución de la marca italiana era tan esperada como exigible, pero Stoner es el único que sabe aprovecharla. Resulta frustrante observar cómo sufre con la misma moto Marco Melandri, que ha pasado de luchar por las posiciones de podio a protagonizar duelos con máquinas mediocres y con pilotos sin trayectoria. Esta vez fue diferente: Melandri tenía que defender su penúltimo puesto ante su compatriota Rossi. Lo consiguió hasta a falta de siete vueltas Il Dottore superaría después, con un interior, a Toni Elias. El heptacampeón rescató cuatro puntos que pueden ser muy importantes para el título.

"No veía a Casey"

"El ritmo de Stoner es terrible", había confesado Rossi tras la calificación. Y no se equivocó.
"Al final no veía a Casey ni en el horizonte", expuso tras la carrera Pedrosa, que en ningún momento tuvo ni siquiera la opción de intentar adelantar a su rival. "Ha sido una prueba difícil desde el primer momento, así que estos 20 puntos son básicos", añadía el piloto catalán, que igualó la marca de 24 podios de Carlos Checa en la categoría reina. Estaba contento Pedrosa, que recupera el liderato: tiene 171 puntos, cuatro más que Valentino Rossi y 29 que Stoner. Mientras, su compañero Nicky Hayden no quiso hacer declaraciones en caliente. Huyó de los medios de comunicación porque seguramente no se veía capaz de construir un discurso que no fuese incendiario: se quedó a unos metros de ser tercero y completar el podio. Hayden cruzó la línea de meta más por inercia que por combustible. El depósito de su máquina se había quedado vacío... Colin Edwards, perplejo, le superó y celebró efusivamente una posición inesperada. Era su particular venganza: en 2006 fue el piloto de Yamaha se salió en la última vuelta y el triunfo fue para Hayden.

Pero sin duda sin duda la imagen del GP de Holanda la protagonizó Rossi, que en un acto impropio de su experiencia se llevó por delante a Randy de Puniet en la primera curva de izquierdas. Il Dottore pudo reanudar la carrera, pero ya tenía imposible volver a repetir su proeza del año pasado, cuando saliendo desde la 11ª posición fue capaz de ganar la carrera por delante de Stoner. "Tengo sensaciones parecidas a las del año pasado. Ha sido una victoria relativamente fácil", concedió el australiano. El Mundial empieza de nuevo.

viernes, 27 de junio de 2008

Xavi inicia la exhibición de una España finalista ante una Rusia sin referentes (3-0)


Xavi celebra el primer gol de España ante la selección rusa -EFE.

Hay jugadores eternamente cuestionados. Cada temporada tanto en su club como en la selección surgen varios nombres para ocupar su plaza, pero siempre acaban jugando ellos. Xavi Hernández (Terrassa, Barcelona, 1980) está acostumbrado a convivir en esa dicotomía y lo lleva bien. En el último año incluso ha dado el paso que siempre le ha exigido su padre: "Chuta más, Xavi, chuta más". El mediocentro catalán ha perdido el respeto por tirar y se ha convertido en un complemento más que interesante en ataque. Esta temporada sostuvo al Barça con goles milagrosos como ante Osasuna en el Camp Nou. Y sigue sin perder esa fiabilidad, así que en las semifinales de la Eurocopa ante la Rusia del entronizado Andrei Arshavin Xavi inició una exhibición inesperada (3-0). Lo hizo con un gol de oportunista, el preludio de una segunda parte casi perfecta de España, que jugará la tercera final del campeonato europeo de su historia. Su único éxito internacional se reduce a 1964 y al gol en blanco y negro de Marcelino. El domingo, ante la Alemania de Philip Lahm y Bastian Schweinsteiger, la selección puede confirmar por una vez el favoritismo con el que siempre empieza todos los torneos y que solía diluirse en los cuartos de final.

Rentabilizar un error es una virtud de los mejores, de unos pocos. El tiro a portería de Andrés Iniesta se dirigía hacia la banda hasta que surgió Xavi, que con un único toque la acompañó con la derecha. El centrocampista de Terrassa marcaba el primer gol del partido, era el minuto 50 y la Rusia de Guus Hiddink, que ya había eliminado a la selección en el Mundial de Corea y Japón en 2002, se descomponía definitivamente. ¿Dónde estaba el gran Arshavin que había hecho y deshecho a su antojo ante Holanda y Suecia? El icono ruso, que sigue reiterando su deseo de jugar en el Barça, no demostró más que cualquiera de sus compañeros que no jugaron ningún minuto. Tampoco destacó el otro gran referente de Rusia, Roman Pavlyuchenko, que más allá de su clara oportunidad a la media hora (el balón rozó la escuadra) no aportó demasiado. La estadística es tremendamente clara: el grupo de Hiddink sólo remató una vez entre los tres palos. Fue un cabezazo sin peligro en el minuto 88.

La lesión de Villa

Pocos se imaginaban una actuación tan buena de Xavi ni de la selección, especialmente cuando David Villa, el máximo anotador de la Eurocopa con cuatro goles, tuvo que irse al banquillo lesionado. El delantero del Valencia sufre un tirón muscular en el bíceps femoral y es duda para la final ante Alemania.

Por el habilidoso Villa entró Cesc Fàbregas, al que muchos veían incompatible con Xavi. El jugador del Arsenal está ganándose un puesto en la selección con jugadas tan brillantes como la que permitió a David Silva marcar el tercer y último gol del partido. Cesc centró desde la banda izquierda y el ex jugador del Celta se la colocó y remató. Antes el propio Silva había asistido con un desvío sutil a Dani Güiza, que anotó con una vaselina tan improvisada como genial. Su rendimiento
y sus prestaciones son evidentes: asiste, es rápido, sabe generar huecos... Güiza hace cosas que Fernando Torres, a quien sustituyó, no ha sido capaz de realizar durante el torneo.

Salvador de van Gaal


"Hemos hecho un gran partido. Este grupo se merece este éxito", resumió Xavi, que suele sonreír cuando le recuerdan que muchos le acusan de ser un jugador horizontal. El centrocampista se defiende diciendo que no siempre es fácil dar un pase de mérito y que es mejor optar por el pragmatismo que por la falsa artificiosidad. Con un cabezazo oportunista salvó de la destitución a Louis van Gaal en la temporada de su debut en Primera. En Valladolid Xavi premió al técnico que le subió al primer equipo.

"No somos favoritos. Históricamente hace mucho tiempo que España no gana nada y Alemania siempre lucha en todos los eventos, por eso Alemania es favorita. Están mejor físicamente y han tenido un día más de descanso", avisa Xavi, que por fin ha hecho caso a su padre y tira más. La selección y el Barça, el fútbol por extensión, son los beneficiados.

jueves, 26 de junio de 2008

Una genialidad de Lahm clasifica a Alemania para la final y define un duelo sin porteros


Lahm celebra el gol de la victoria de Alemania ante la decepción de Hakan y Rüstü -EFE.

En un duelo entre dos concepciones y actitudes muy diferentes, entre la calidad mostrada en cuentagotas de Alemania y la fe desbordante de Turquía, acabó imponiéndose la genialidad. Triunfó una obra maestra de un lateral izquierdo que reune explosividad, buen criterio y oportunismo a partes iguales. A dos minutos para la conclusión del tiempo reglamentario y Philipp Lahm (Múnich, Alemania, 1983) volvió a intentarlo. Subió por la banda izquierda, combinó con su compañero Thomas Hizlsperger, avanzó unos metros y conectó con la derecha. Era el gol que permitía a Alemania superar a Turquía 3-2 y disputar su sexta final de una Eurocopa (ganó en 1972, 1980 y 1996). El tanto de Lahm premió la racanería de la selección alemana y desmereció la inmensa entrega del combinado turco, que sólo podía contar con 14 jugadores.

"Es uno de los momentos más felices de mi carrera", confesó con naturalidad Lahm, que siempre dice que lo único que le ha cambiado la fama es que ahora le conoce más gente. Se define como un "joven feliz" que hace lo que más le gusta, jugar a fútbol, y que intenta comunicar su alegría al público.

Primer goleador del Mundial de 2006

Confiesa Lahm que disfruta tanto defendiendo como atacando y realmente hace bien las dos cosas. Es un jugador versátil de largo recorrido que ya jugó la Eurocopa de Portugal de 2004 tras debutar en la Bundesliga con el Stuttgart, donde estuvo cedido por el Bayern de Múnich entre 2003 y 2005. Finalmente el club bávaro apostó por Lahm, que se rompió el ligamento cruzado y no pudo reaparecer hasta diciembre. Su espectacular final de temporada le valió ser convocado para el Mundial de Alemania de 2006, del que fue el primer goleador. Tentado por Barça y Chelsea, el lateral ha renovado con el Bayern hasta 2012.

Un defensa acabó decidiendo un encuentro en el que no hubo porteros. Es complicado ver un partido en el que ambos guardametas transmitan tanta inseguridad o directamente ninguna. Cualquier centro sin peligro, cualquier tiro lejano y no demasiado brillante parecía medio gol. El primero en fallar fue Jens Lehmann, que parece guardarse su mal humor y sus impulsos para maldecir a sus compañeros, como ha hecho en el Arsenal con el español Almunia. En el campo se presenta como un portero lento, cándido y sin espíritu. Lehmann es inocente, como demostró en la jugada del primer gol del partido, en el que Kazim remató de tijera, el balón rebotó en el palo y Ugur Boral remató el rechace. El portero parecía moverse a cámara lenta.

No tuvo nada que ver Rüstü, el portero turco, en el gol del empate de Alemania, una exquisita jugada que empezó Lukas Podolski por la izquierda y que culminó Bastian Schweinsteiger, con un toque sutil, con el movimiento exacto y mínimo que requería el excelente centro de su compañero. Sí falló Rüstü en el segundo gol de la selección alemana, de Miroslav Klose en el 79'. El portero repitió otra de sus salidas locas y sacó los puños, mientras el habilidoso delantero cabeceada entre él, Hakan y Mehmet Topal.

El discurso turco

Turquía reiteró su discurso en esta Eurocopa: volvió a marcar en el último instante y, como ante la República Checa y Croacia, el goleador fue Semih Sentürk, el prototipo de eterno suplente revulsivo (fue pichichi de la Liga turca el año pasado con 17 goles siendo reserva en la mitad de los 34 partidos). Sabri hizo y deshizo a Lahm (al que le había hecho penalti minutos antes), centró y Sentürk remató al primer toque ante Lehmann, que se había quedado arrodillado y con los brazos por delante como si quien fuese a lanzar tuviera midiese poco más de un metro y fuese a primaria (2-2).

"A veces algo menos es mucho más", suele decir Lahm, al que posiblemente el error ante Sabri le motivó para volver a subir al ataque y culminar una de las jugadas más estéticas del torneo. Su gol bien puede valer una Eurocopa.

martes, 24 de junio de 2008

Casillas desmitifica el derrotismo de España en cuartos de final


Casillas celebra el pase a semifinales de la Eurocopa tras parar dos penaltis en la tanda -EFE.

Difícilmente Iker Casillas (Madrid, 1981) se separa de su medio sonrisa. Desprenderse de ella sería hacerlo de su seña de identidad. El portero de la selección se define como alguien auténtico, fiel a sus principios y a su gente, y confiesa que es rencoroso y que quien le toma el pelo o le traiciona acaba pagándolo tarde o temprano. Casillas es un tipo discreto que siempre ha querido mantenerse al margen del egocentrismo y los flashes que suelen acompañar a las estrellas. Por eso en su momento, durante el mandato de Florentino Pérez, matizó que no era galáctico: "Yo soy de Móstoles". Ahora, tras ser el gran responsable de la clasificación de España para las semifinales de la Eurocopa, Casillas habla en plural y advierte de las cualidades de Rusia, el próximo rival -"es un gran equipo y no sólo lo ha demostrado ante Holanda, también ganó bien a Grecia y a Suecia"-. No hace ninguna referencia a sus méritos, a haber adivinado la dirección de los cuatro penaltis que lanzó Italia, a que paró dos, a De Rossi y Di Natale. San Iker, como le llaman algunos aficionados y la propia prensa, se quitó importancia: "Los penaltis son una lotería...". "Ya era hora, ya era hora. Creo que nos lo hemos merecido", prosiguió, porque España no superaba la barrera de los cuartos de final desde hacía 24 años, desde la Eurocopa de Francia de 1984. Entonces perdió la final 2-0 ante la anfitriona.

Estaba casi convencido Casillas de que la selección marcaría en la prórroga y evitaría la tanda de penaltis. "Lo pensé hasta la última ocasión", confesaría después. Así que cuando Santi Cazorla conectó con la izquierda y tiró desviado, mientras David Villa se lamentaba por no haber podido llegar al rechace, el portero internacional se concienció. Tenía que hacer algo que no lograba desde hacía cuatro años: parar un penalti. La última vez había sido en los octavos de final del Mundial de Corea y Japón ante Irlanda. Entonces detuvo los lanzamientos de Holland, Connolly y Kilbane. En la fase siguiente, en cuartos, no fue capaz de atajar ninguno y el fallo de Joaquín acabó decidiendo.

Cuestión de historia

"Casillas no es un especialista", se encargaban de recordar los periodistas en la radio y en la televisión, y, a continuación, añadían que el portero italiano, Gigi Buffon, sí que lo era. El derrotismo se apoderaba otra vez del conjunto español. Era puramente una cuestión de historia. España había perdido tres de las cuatro últimas tandas de penalti: en el Mundial de 1986 de México ante Bélgica, diez años después en cuartos en la Eurocopa de Inglaterra ante la anfitriona, y en 2002 ante Corea.

Hace tiempo que pocos cuestionan a Casillas. Pocos dudan de que sea el mejor portero español y que está tan sólo un escalón por debajo de Buffon, el número uno. "Es el jugador más decisivo de la Liga", llegó a decir esta temporada Víctor Fernández, ex técnico de Zaragoza, Betis y Celta. "Ahora mismo Casillas es un portero absoluto. Está en el momento cumbre de su carrera", le secundó José Ángel Iribar, ex portero del Atlhetic y de la selección. "Ha reivindicado la posición de guardameta", añadió el ex portero Andoni Zubizarreta.

Su peor momento

Casillas
ha sabido solventar sus peores momentos, especialmente durante la temporada 2001-2002, en el que errores impropios le relevaron a la suplencia y llegó a plantearse que lo mejor era irse del Real Madrid. César ocupó su puesto y fue incluso el titular en la final de la Champions ante el Bayer Lerverkusen. Pero una inoportuna lesión en los últimos minutos de su compañero hizo que Casillas jugase en Glasgow y acabase parando hasta tres goles muy claros. Tras ser decisivo para que el conjunto blanco lograse el título (2-1) rompió a llorar y se limitó a ser agradecido. "¡A todos los que me quieren un huevo!", dijo con el corazón aquel 15 de mayo de 2002. Dos días después Santi Cañizares, que iba a ser el titular de España en el Mundial de Corea y Japón, se lesionó tras caérsele en el pie un bote de colonia -ésa fue la versión oficial-.

Suele recordar Casillas cómo le dijeron que iba convocado por primera vez con el primer equipo. Tenía 16 años y, como tantos otros, estaba tomando apuntes en un aula del instituto El Cañaveral de Móstoles.
El director del centro le llamó a su despacho. "¿Qué pasa?", preguntó el alumno. "Nada, que vas a jugar la Champions" fue la respuesta. El entonces entrenador del Real Madrid Juup Heynckes había apostado por llevarse a Noruega ante el Rosenborg a un juvenil ante las bajas de Koke Contreras y Bodo Illgner. Pero Casillas no debutaría aquel 26 de noviembre de 1997, lo haría el 12 de septiembre de 1999 ante el Athletic en San Mamés (2-2). Así que con tan sólo 18 años acabó quitándole el puesto a un portero sobrio y veterano como Illgner. "Me enseñó que no hay nada más que importante que ayudar al compañero", se sinceró Casillas en El País durante la Eurocopa de Portugal de 2004.

Aficionado al paddle

"No es para tanto, no es para tanto", se ha cansado de repetir a lo largo de su carrera Casillas, que en su tiempo libre le gusta jugar a paddle, que no se le da nada mal. De pequeño jugaba a fútbol los fines de semana con su padre, José Luis, funcionario del ministerio de Educación.

Cuando se sacó el carné de conducir Casillas se quedó con el Renault 19 de sus padres y les regaló un todoterreno. Nunca le han gustado las ostentaciones. Siempre le han incomodado los elogios, incluso ahora cuando ha logrado desmitificar el eterno derrotismo de España con los cuartos de final.

domingo, 22 de junio de 2008

Stoner rescata sensaciones pasadas con un triunfo sencillo en Donington Park

Stoner recorre el trazado del circuito de Donington Park -EFE.

Revivió Casey Stoner las sensaciones del año pasado, cuando ganaba prácticamente en la salida. El actual campeón dominó el GP de Gran Bretaña de principio a fin y nadie amenazó en ningún momento su primera posición, que se había ganado con una pole estratosférica. "Después de Barcelona mejoramos la puesta a punto de la Ducati. ¿Es posible la remontada? Lo único que puedo hacer es ganar el máximo número posible de puntos", comentó el piloto australiano que, pese a lograr su segundo triunfo del año, sigue teniendo demasiado lejos el liderato. Stoner suma 117 puntos, hasta 48 menos que el año pasado a estas alturas (ya acumulaba cinco triunfos), 45 menos que Valentino Rossi (segundo en Donington Park) y 36 que Dani Pedrosa (tercero).

Le ha costado a Ducati evolucionar lo suficiente para tener un nivel competitivo ante Yamaha y Honda. En invierno el equipo italiano se había centrado en mejorar la aceleración y en hacer que la máquina fuese más fácil de maniobrar en las curvas. Pronto se demostró que las mejoras no eran suficientes, porque hasta ahora Ducati, con Stoner como reclamo, tan sólo había sido superior en el debut del Mundial en Qatar, en la primera carrera nocturna de la historia. Desde entonces el actual campeón no había tenido opciones de volver a ganar una carrera, había sumado dos terceros puestos (China y Catalunya) y un segundo (Italia) y tres pilotos se habían repartido los triunfos: Rossi (3), Pedrosa (2) y Lorenzo (1).

Otros alicientes

Con Stoner corriendo en solitario la carrera se centró en todo lo que pasaba detrás, que tampoco fue demasiado. James Toseland se cayó otra vez y Jorge Lorenzo, que salía penúltimo, recuperó hasta siete plazas en la primera vuelta. El piloto balear parece no tener límites ni de pilotaje -"hay que intentarlo, ser positivo y estar alegre"- ni de exigencia -"mando un saludo a la afición por apoyarme aunque las cosas vayan mal". A falta de seis vueltas, Lorenzo se metía por dentro y superaba a Chris Vermeulen. Ya era séptimo. Un giro después superaría por el interior a Nicky Hayden, logrando así la sexta posición con la que concluiría el GP de Gran Bretaña.

El nuevo duelo entre Rossi y Pedrosa se decantó esta vez a favor del heptacampeón. Un par de veces, ambas en la salida del carril de pit lane, adelantó el piloto catalán a Il Dottore, que no tardó en responderle. Lo hizo con suficiencia, aprovechando la apurada de frenada. "El tercer puesto es bueno después del fin de semana que hemos tenido. Hay que solucionar los problemas para Assen", decía, enfadado, Pedrosa, que criticó, otra vez más, el rendimiento de sus neumáticos y confesó no haberse sentido cómodo con los cambios de dirección.

Massa gana en Francia y se pone líder del Mundial por primera vez en su carrera


Massa levanta su dedo índice: por primera vez es el líder del Mundial -EFE.

Prácticamente nadie contaba a principios de temporada con que Felipe Massa (São Paulo, 1981) pudiese ser un candidato oficioso al Mundial. Los expertos apuntaban hacia un duelo exclusivo entre el campeón, Kimi Raikkonen, y entre Lewis Hamilton, el debutante que había desperdiciado el título con dos errores infantiles en China y Brasil, en el epílogo del curso anterior. Descartado Fernando Alonso, con un R28 insuficiente ni tan siquiera para aspirar al podio, algunos apuntaban a Heikki Kovalainen y a los BMW de Nick Heidfeld y Robert Kubica como alternativas a los dos favoritos. Pocos reparaban en Massa, pero transcurridas las ocho primeras carreras el piloto brasileño es el líder del Mundial y quien ha ganado más pruebas. Con su triunfo en el GP de Francia el corredor de Ferrari acumula tres triunfos esta temporada (ganó también en Bahréin y Turquía) y ha sabido minimizar su horrible inicio de campeonato, en el que abandonó en Australia y Malasia.

"Ha sido fantástico. No me lo esperaba. A veces hace falta un poco de suerte y hoy la fortuna me ha sonreído", reconocía Massa, consciente de que su triunfo había sido posible gracias al gafe de su compañero Raikkonen, que había logrado la 200ª pole de Ferrari. Sigue el mal fario del finlandés, que si en Mónaco tuvo que abandonar después de que Hamilton le embistiese por detrás en el semáforo del pit lane, en el circuito de Magny-Cours perdió sus opciones por un contratiempo totalmente inhabitual: se le rompió un trozo del escape en el ecuador de la carrera cuando dominaba con solvencia la carrera por delante de Massa. El piloto brasileño le fue recortando décimas por vuelta (y hasta segundos, tres, en el giro 34) y le rebasó sin problemas. Afortunadamente para Raikkonen su monoplaza aguantó y pudo acabar segundo, con 11'' de margen sobre el tercero, el sorprendente Jarno Trulli. Robert Kubica fue cuarto, Fernando Alonso, octavo, y Hamilton, sancionado diez posiciones tras la calificación, sufrió otro castigo y sólo puso ser 10º. Ferrari logró su tercer doblete de la temporada tras los de Bahréin y España. Sin duda, es la escudería de referencia.

48 puntos

Massa
cruzó la línea de meta levantando el dedo índice: por fin está en el primer puesto del Mundial. 48 puntos tiene el brasileño, dos más que Kubica, cinco más que Raikkonen y hasta diez que Hamilton. "¿Que si me veo capaz de ser campeón? Sólo pienso en sumar puntos, ya veremos...", respondió Massa, que sabe que este año es más regular que nunca.

Favorecido por la sanción a Hamilton, Alonso ocupó la tercera posición en la parrilla de salida. "El podio depende de nosotros", había señalado el bicampeón en la previa. Su discurso se confirmó nada más empezar la prueba, en la salida, cuando el R28 volvió a demostrar sus evidentes problemas de tracción. Trulli en paralelo, y Kubica por la derecha superaron al español, que metros después pudo adelantar al piloto polaco. Kubica, tras su victoria en el GP de Canadá, sólo fue capaz de mantenerse líder durante una carrera.

La impaciencia de Hamilton

Por detrás, Hamilton intentaba adelantar al mayor número de coches en el menor tiempo posible. Su impaciencia le reportó otro castigo más, un drive through, que le obligó a pasar otra vez por el pit lane y le hizo perder tres posiciones (ahora era 13º, como en la salida). Por un momento el británico revivió sus duelos con Alonso cuanto éste fue a repostar y a punto estuvo de superarle en la curva 3 cuando el Renault se abrió demasiado.

No fue el día de Alonso, que en su segundo repostaje perdió un segundo largo porque la manguera no salió bien. Después comprobaría cómo su compañero Nelsinho Piquet le adelantaba a tres vueltas para el final. "Un doblado, un Force India (Adrian Sutil) no me ha visto y he tenido que esquivarme. Ahí me ha adelantado, pero un punto o dos no cambiarán mi vida", resumió el español, que logró su 500º punto en el Mundial, en el que lleva 113 carreras disputadas desde que debutó en Australia en 2001.

Lección de Rusia, clase magistral de Arshavin ante la Holanda mediatizada (3-1)


Arshavin festeja el tercer gol de Rusia ante Holanda -EFE.

Los genios también tienen momentos de central sin escrúpulos y barriobajero. Zinedine Zidane era exquisito en sus jugadas y excéntrico en sus excesos. Su cabezazo a Marco Materazzi en la final del Mundial de Alemania de 2006 cerró una carrera exitosa, desdibujada con actitudes impropias. Como su expulsión ante Arabia Saudí en el segundo partido de la primera fase del Mundial celebrado en Francia en 1998, que no le permitió jugar el último encuentro de la liguilla ante Dinamarca ni tampoco y ante Paraguay en octavos. Pero Zidane acabó liderando a su selección hacia su primer campeonato mundial y marcó dos goles ante Brasil en la final. Zizou fue nombrado mejor jugador del torneo y meses después FIFA World Player y Balón de Oro. Andrei Arshavin (San Petersburgo, Rusia, 1981) lleva una trayectoria paralela en esta Eurocopa. En el último encuentro de clasificación para el torneo, con todo decidido, agredió a un jugador andorrano y, como Zidane en su momento, fue castigado con otros dos encuentros de sanción. El mediapunta del Zénit no podría disputar los encuentros ante España y Grecia en la Eurocopa, pero consciente su importancia en la selección rusa Guus Hiddink le convocó para el campeonato. Aunque como reprimenda le quitó la capitanía a favor de su compañero Semak. La decisión del técnico holandés no ha podido ser más acertada: Arshavin es, posiblemente, el jugador de esta Eurocopa. Clave en el último partido de la primera fase ante Suecia (2-0) y principal culpable de que Holanda, el equipo que más y mejor había jugado, perdiese su idiosincrasia en cuartos de final. Rusia ganó 3-1 en la prórroga gracias a la intervención del menudo mediapunta y el jueves disputará la segunda semifinal ante el vencedor del Italia-España.

Salvo en la primera media hora, en la que Holanda elaboró varias oportunidades, Rusia fue tremendamente superior. Hiddink, especialista en engrandecer a equipos modestos (fue cuarto en el Mundial de 2002 con Corea y rozó los cuartos de final con Australia en el Mundial de Alemania), planteó un partido perfecto. El objetivo era que Rafael van der Vaart y Wesley Sneijder apenas tocasen el balón, así ni Dirk Kuyt ni Ruud van Nistelrooy aportarían demasiado. Así ocurrió y Rusia, desde fuera del área, tuvo sus primeras opciones, con Denis Kolodin. La más clara de la primera mitad sería de Arshavin: Edwin van der Sar sacó una mano prodigiosa.

Pavlyuchenko y van Nistelrooy

Era cuestión de tiempo que llegase el gol de Rusia. Lo lograría Roman Pavlyuchenko con un remate sensacional con la izquierda a centro de Semak (en el 62'). Pero la selección rusa se perdió en demasiados toques en el área y Holanda, con un cabezazo de van Nistelrooy, empató en el 85'. Era el cuarto centro de Sneijder al segundo palo.

Ya en la prórroga Arshavin reafirmó su candidatura a mejor jugador del torneo. Primero con un centro desde la banda izquierda que remataría con éxito Dmitri Torbinsky en una acrobacia fantástica. Sus compañeros corrieron a abrazar al goleador y Arshavin estaba a lo suyo, caminaba hacia el centro del campo como si no hubiese hecho nada, como si el tanto no fuese con él.

Jugar y hacer jugar

Tiene el mediapunta del Zénit el mal genio y la calidad de su compatriota Alexander Mostovoi y la confianza y la elegancia de Zidane. El fútbol, como la vida, puede ser sencillo, y para jugar y hacer jugar no es necesario excederse en filigranas. Arshavin no lo hace. Le basta con ser inteligente y pragmático: así cerró el partido. Con un movimiento se abrió a André Ooijer, un defensa bastante chollo, y remató de primeras: gol. Arshavin se puso el dedo índice en la boca y gesticuló como si no entendiese cómo lo había hecho o como si quisiese enfatizar que era el mejor del partido sin discusión.

Mandar callar al público es una de las celebraciones preferidas de Arshavin, acusado muchas veces de malcarado y soberbio. La vida realmente le ha hecho así: su padre le abandonó y se crió con su madre en un piso compartido. Empezó a jugar a fútbol con siete años y con 18 subió al primer equipo del Zénit, donde el año pasado ganaría la Liga (algo que no sucedía desde hacía 23 temporadas) y este curso se proclamó campeón de la Copa de la UEFA. Repartió las dos asistencias de la final ante el Glasgow Rangers. "Lo que más feliz me hace es crear ocasiones de gol", zanja Arshavin, que va camino de ser el mejor jugador de la Eurocopa con un guión parecido al de Zidane para sobesalir en el Mundial de Francia. A los dos les perdió la inconsciencia en un momento puntual.

sábado, 21 de junio de 2008

Rüstü protagoniza otra proeza de Turquía en un encuentro loco ante Croacia


Rüstü para el penalty decisivo a Petric -EFE.

A veces la vida se convierte en un carrusel de casualidades y un giro inesperado propicia una historia imprevista. Bien lo sabe Rüstü Reçber (Antalya, Turquía, 1973), el símbolo de la selección turca que había pasado a un segundo plano en los últimos años especialmente tras su desastrosa actuación en la fase de clasificación para el Mundial de Alemania de 2006. Volkan Demirel, un portero con pintas de armario de seguridad de discoteca, le había relevado al banquillo. Así que nadie esperaba que Rüstü jugase ni un solo minuto en esta Eurocopa, quizás su último torneo internacional. Encuadrada en un grupo exigente, con Portugal, República Checa y Suiza, el seleccionador turco Fatih Terim no quería hacer pruebas en la portería ni darle una oportunidad a quien había descubierto 17 años antes en el Antalyaspor. Pero Terim tuvo que ceder ante las circunstancias: en el epílogo del partido ante los checos, cuando Turquía ganaba 3-2 tras ir perdiendo 0-2, a Demirel se le cruzaron los cables y agredió a Jan Koller. Le cayeron dos partidos de sanción. Rüstü pasaba a tener la oportunidad de jugar como mínimo los cuartos de final ante Croacia. El portero del Besiktas la ha sabido aprovechar con una mezcla de ímpetu mal entendido, cantadas y acciones de mérito. En los dos últimos minutos de la prórroga hizo los dos papeles posibles: el de culpable, cuando salió de la portería como un loco y permitió el gol de Ivan Klasnic de cabeza en el 119', y el de héroe, cuando cincuenta segundos después, asistió desde su campo a Semih Sentürk, que empató el partido rodeado de rivales. En la tanda de penaltis Turquía ganaría 1-3. Se completaba otra proeza de un equipo basado en la fe, el entusiasmo y la calidad individual que logró sus dos victorias de la primera fase marcando al final y remontando (antes de vencer a la República Checa ganó a Suiza 1-2). En su tercera participación en el torneo europeo, Turquía ha llegado a semifinales, donde se enfrentará a Alemania el miércoles 25.

Rüstü parecía destinado a decidir el partido para mal. Parecía carne de vídeo recopilatorio de errores catastróficos de porteros, de fallos tan desesperantes para su afición como graciosos para cualquier aficionado neutral. El portero turco dudó ante Ivica Olic y reculó. El resultado no pudo ser más ridículo: Rüstü se quedó medio parado y saltó poco y mal, lo suficiente para que Olic rematase de cabeza sin dificultades. Iba camino de ser el gol más lamentable del torneo, porque Olic volvió a cabecear desde el suelo. Afortunadamente para Turquía y para su portero, el defensa Josip Simunic despejó el balón.

Más errores

Aún le quedaban un par de errores imperdonables a Rüstü, que primero no sabría atajar bien un tiro de Kazim (¿la quiso parar con el pecho?). Después, ya en la prórroga y tras volar para salvar un gran disparo de Darijo Srna en el 83'- , salió al encuentro de Luka Modric como si de un defensa se tratase. La estrella de Croacia no desaprovechó la ocasión y centró a Ivan Klasnic, que cabeceó solo. Gol en el 119'. Rüstü, el mejor jugador del Mundial de Corea y Japón de 2002 en el que Turquía logró una histórica tercera plaza, estaba a punto de convertirse en el protagonista de una eliminación esperpéntica.

La selección de Fatih Terim sacó del centro de campo y Rüstü hizo un pase largo, el típico patadón para arriba que rara vez acaba en nada. Esta vez el balón le cayó a su compañero Sentürk, que empalmó entre varios contrarios. Fue la última jugada del partido. En los penaltis Modric y Rakitic fallarían por Croacia y Rüstü pararía el decisivo a Mladen Petric.

El accidente de coche

Todos abrazaban a Rüstü, el jugador que más veces ha sido internacional con Turquía (117 partidos). Pero su carrera profesional estuvo a punto de ni tan siquiera empezar: en 1993 tuvo un accidente de coche en el que perdió a un amigo. También se frustró su traspaso del Antalyaspor al Besiktas porque no pasó el reconocimiento. Un año después ficharía por el Fenerbahçe, donde reemplazará a Engin Ipekoglu y ganaría la Liga en 1996 y 2001.

En 2003 Rüstü se convertiría en el primer fichaje de Joan Laporta como presidente, pero apenas tuvo oportunidades. Jugó los partidos de la Copa de la UEFA y la fatalidad marcó sus intervenciones en Liga. Debutó en Montjuïc con un triunfo contundente, pero se equivocaría gravemente ante el Celta en el Camp Nou (1-1) -"pido perdón públicamente, fue un fallo que no va con mi forma de ser"- y ante el Racing en Santander (3-0). El segundo mejor portero del Mundial tras Oliver Kahn estaba sentenciado y acabaría volviendo al Fenerbahçe. El verano pasado ficharía por el Besiktas, el eterno rival.

El día que recogió sus cosas del vestuario del Camp Nou algunos aficionados se hicieron fotos con él sin saber ni tan siquiera quién era. Rüstü siempre será un jugador menor en la historia del Barça, donde tan sólo dejó una frase para la prosperidad: "Hay tres idiomas universales: la música, el sexo y el fútbol". Ahora, con 35 años, puede liderar a su selección hacia su primer Mundial. Y no sería extraño que algún equipo grande le hiciese alguna oferta interesante. La Eurocopa es un gran escaparate, es un torneo que concede segundas oportunidades. Rüstü ya lo ha comprobado.

jueves, 19 de junio de 2008

Paul Pierce, una estrella que no podía triunfar por libre


Pierce levanta, exultante, el trofeo que le acredita como MVP de la final de la NBA -EFE.

"Soy un campeón que no ha ganado nada". La descripción es de Shammond Williams, el habilidoso base del Pamesa Valencia, pero bien podría haber valido, hasta el pasado miércoles, para el nuevo MVP de la final de la NBA. Durante la última década Paul Anthony Pierce (Oakland, California, 1977) se había convertido en el jugador franquicia de los Boston Celtics, un equipo que añoraba su pasado (entre 1956 y 1986 había logrado 16 anillos) y acumulaba proyectos perdedores. Hasta esta temporada Pierce era la única estrella de un grupo poco competitivo que no invertía en grandes nombres. Ahora el escolta californiano, elegido el número 10 en el draft de 1998 por los Celtics, es el capitán del brillante campeón de la NBA. El conjunto de Boston, tras ganar 4-2 en la final a los Lakers de Pau Gasol y Kobe Bryant, ha logrado su 17º anillo 22 años después del último. "Ha sido un gran año. Hemos sufrido juntos, hemos luchado juntos, hemos ganado juntos. El anillo es un premio para todos, empezando por la ciudad", resumió Pierce tras recibir el MVP.

Hasta este curso Pierce sólo podía aspirar a aparecer en las listas de los mejores de la competición. Los Celtics le desmerecían. Desde su llegada a Boston en 1998 se habían clasificado cuatro veces para los playoff (en dos ocasiones cayeron en primera ronda, otra en segunda y sólo en la campaña 2001-2002 llegaron a la final del Este). Pero las aspiraciones del equipo cambiaron el verano pasado, precisamente tras completar una de las temporadas más nefastas de su historia: los Celtics fueron el segundo peor equipo del torneo con 24 victorias y 58 derrotas y encadenaron hasta 18 partidos seguidos perdiendo, su peor racha de siempre. Así que de Minnesota aterrizó Kevin Garnett a cambio de cinco jugadores, y Ray Allen abandonó Seattle. Se completaba una de las mejores tripletas de la historia de la Liga americana: el llamado The Big Three, formado por Garnett, Allen y el propio Pierce, tres excelentes jugadores que habían promediado 73'8 puntos ese año. Nacían unos renovados Celtics.

Gasol, abatido

El resultado ha sido el esperado por muchos. Los Celtics, 22 años después de su último anillo, recuperan la gloria perdida. Lo han hecho con autoridad en la final ante los Lakers, a los que vencieron por un global de 4-2 y ante los que demostraron ser un equipo mucho más sólido, especialmente en el sexto partido, el último (131-92). Es la segunda mayor victoria en una final. Sólo los Chicago Bulls de Michael Jordan lograron una cifra mejor (42 puntos de margen, 96-54 ante Utah Jazz). Con Pau Gasol por debajo de sus prestaciones y con Kobe Bryant irregular la eliminatoria ha sido demasiado desigual. "Espero tener más oportunidades de estar en la final", asintía Gasol mientras Bill Russell hablaba con Pierce. El jugador con más anillos de la historia (11, todos con los Celtics) felicitaba al actual icono del conjunto más laureado.


Con 22 puntos, cinco rebotes y cinco asistencias de promedio, Pierce se ha ganado el reconocimiento de MVP de la final. De la serie definitiva que pudo haberse perdido. Ese miedo tuvo el público del TD Banknorth Garden de Boston durante el primer partido de la serie. Enmudeció cuando vio al capitán abandonar la cancha tras un choque con Kendrick Perkins.
Afortunadamente, poco después comparecería otra vez. Lo hizo al ritmo de la banda sonora de la película Rocky. Es lo que tiene el baloncesto en Estados Unidos, que va muy ligado a Hollywood y a la fanfarria. "Se lo tuvieron que llevar, pero un minuto después ya estaba de vuelta, y ni tan siquiera cojeaba. No sé si le visitaron los ángeles en el vestuario o qué pasó. ¿Estaba Oral Roberts allí dentro?", dijo Phil Jackson, técnico de los Lakers, que se refería a un predicador evangélico que dice tener poderes curativos.

Rozando la tragedia

La imagen de Pierce se asocia siempre a su cinta en la cabeza (verde o verdiblanca) y a su eterna sonrisa. El símbolo de los Celtics sabe valorar lo que tiene, especialmente porque lo ha pasado realmente mal. De niño sus dos hermanastros le martirizaron. Le pegaron sin contemplaciones. De mayor, simplemente, volvió a nacer. E
n septiembre de 2000, a la salida de una discoteca, recibió 11 puñaladas en la cara, el cuello y la espalda. Diez días después, sorprendentemente, volvió a las canchas.

Pierce, seis veces All Star, ha logrado por fin el anillo a los 31 años. Y si los Celtics llegaron a la final fue, sin duda, por sus 41 puntos en el séptimo partido de la final del Este ante los Cleveland Cavaliers de LeBron James, que anotó 45. "Ha sido muy sencillo: teníamos que darle el balón a Paul, él sabía qué hacer, lo hacía todo perfecto", resumió Garnett. Pierce ni se inmutó ante los elogios de su compañero. Las buenas palabras le resbalan. Tampoco presume del apodo que le puso Shaquille O'Neal: The Truht (La Verdad). "Sabía que podía jugar, pero desconocía que pudiese hacerlo de esta forma. Paul es La Verdad", dijo en 2001 el pívot, entonces en los Lakers. Pierce, la estrella que no podía triunfar por libre, había anotado 42 puntos.