jueves, 30 de agosto de 2007

El partido horrible con el que empezó todo

Calderón supera a Gomis durante el partido amistoso entre España y Francia- EFE

Parecía un jugador más del grupo francés, un conjunto de mucho músculo, más salto y sobrado de genio. Apenas había destacado en el Eurobasket de Belgrado, pero aquella tarde de domingo de hace casi dos años Tony Parker (Brujas, Bélgica, 1982) no defraudó. Más bien demostró por qué acababa de ganar su segundo anillo con los Spurs. Autor de 24 puntos, Parker fue el exquisito líder de Francia hacia la medalla de Francia (68-98). El protagonista de la última derrota de España y del fin del breve período de Mario Pesquera como seleccionador. Parker, sin querer, había sido el responsable de la renovación de la selección española, que doce meses después, con Pepu Hernández, ganaría el oro en Japón.

España no había superado el triple surrealista de Dirk Nowitzski en semifinales. Tampoco que Pau Gasol renunciase a participar en el torneo. Y no jugó. "Difícil recordar un partido en el que se tomaran menos notas en el último cuarto", resumía en La Vanguardia Juan Antonio Casanova, JAC, alguien que lleva más de 30 años siguiendo a España. Al equipo le faltó agresividad (25 rebotes por 41 del rival, que lanzó 28 tiros más). Había sido muy vulgar.

Pau, comentarista

"Es una lástima, es una lástima...", se cansaba de repetir Pau Gasol en TVE 1. Había vivido la frustración a unos metros, con un micrófono y sin poder hacer nada para ayudar a sus compañeros. No sospechaba el ala-pívot de los Grizzlies que con ese traspiés, tras aquella exhibición de Parker nacía la España campeona mundo. Una semana después, Pepu Hernández, era nombrado nuevo seleccionador.

Ahora España acumula 26 partidos invicta. Siempre anota, al menos, 70 puntos. Siempre se exige más. Si Pau Gasol no llega a una asistencia voladora de Mumbrú se enfada. Si Juan Carlos Navarro no puede jugar por unas molestias, Rudy Fernández -gran fase de preperación la del escolta del DKV- le suple con 16 puntos. Si a Jorge Garbajosa finalmente no le dejan disputar el Europeo de Madrid, ahí está Jordi Trias, discreto trabajador que selecciona bien sus tiros.

"Necesitábamos una prueba así, jugar y ganar a un equipo muy físico como Francia, que imprima tanta velocidad", analiza Pepu tras la victoria en el último amistoso antes de la competición continental (87-72). Está satisfecho de lo que ha visto. La conexión entre los pívots es buena, aunque no se cogen algunos rebotes decisivos. Y la inspiración de los jugadores desde lejos es decisiva.

Cuando el rival se acerca en el marcador (50-45, minuto 25), a España le bastan contras rápidas -no faltan las estéticas- y una colección de triples para cambiarlo todo. Dos lanzamientos de 6'25 de Calderón y uno de Berni y Jiménez allanan el triunfo (64-52, minuto 29).

No se vino abajo Francia, que tiene un grupo físico, aunque con poco talento para anotar (27 de 66 en tiros de dos). Tiene jugadores casi inéditos en sus equipos, como Florent Pietrus, o demasiado irregulares como Weis o Gomis. Cuenta con oportunismo, Ferchaud, y clase con Diaw y, especialmente, con Parker.

Por el rendimiento del actual MVP de la final de la NBA pasan casi todas las opciones de Francia en el Europeo. España es otra cosa. Pau Gasol es la estrella y por eso Pepu le hace acabar los amistosos, para que esté rodado. Todos asumen su rol. Unos, el liderazgo. Otros, que en cualquier momento tendrán su oportunidad. La derrota en Belgrado parece prehistórica, pero con aquel partido horrible con el que empezó todo.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Otro final prodigioso de Mayte Martínez

Mayte Martínez celebra el bronce con su marido y entrenador. -EFE

Pensó en dejarlo todo. En esconder para siempre sus zapatillas de competición donde no pudiera verlas jamás. Era humano. Hasta hace poco Mayte Martínez (Valladolid, 1976) estaba en una clínica con menos kilos, descompuesta. Le dolía horrores la espalda, no soportaba los continuos dolores de estómago, tenía anemia. ¿Valía la pena seguir compitiendo? ¿Qué sentido tenía sacrificarse tanto?

Por eso. Por todo eso y más, cuando Mayte Martínez, atleta fibrada y elegante, cruzó la línea de meta del Nagai Stadium de Osaka Mayte Martínez no supo qué hacer. ¿Tercera? Preguntaba con sus dedos de la mano derecha. Sí, le decía con la cabeza Juan Carlos, su marido y entrenador.

Como un sueño. Así describía la atleta vallisoletana describía su actuación: "Cuando he llegado a la meta pensaba que era una broma, que quedaba una vuelta más. Yo iba demasiado fácil y las otras, tan lentas...". No se olvidaba Mayte Martínez de dedicar su bronce: "A mi familia, a mis amigos. Ellos confiaron más en mí que yo misma".

Era real. Mayte Martínez, como en las semifinales, acababa de realizar un final indescriptible, de videoteca para el deporte y la vida. A 500 metros alcanzó a la penúltima. A 350 veía cómo María Mutola, 34 años, mito de 12 oros en la especialidad, tres en Mundiales, se caía. Y empezó: Usovich, Langerholc, Kotlyarova... La gloria. El bronce en 800 metros (la keniata Janeth Jepkosgei fue oro y la marroquí Hasna Benhassi, plata).
Su primera medalla en unos Mundiales al aire libre y su mejor marca de siempre (1.57.62), a tan sólo 17 centésimas del récord nacional. Éste es el segundo metal para la delegación española en Osaka tras la plata de Paquillo Fernández en los 20 km. marcha.

Hipertiroidismo

"Ha valido la pena pasarlo tan mal", confirmó, emocionada, Mayte Martínez. Hablaba mientras su mente recordaba todo lo que ha tenido que superar para llegar a la élite. Porque la desgracia nunca le ha abandonado. Con 20 años, cuando empezaba a hacerse un hueco entre las mejores atletas de Europa -sexta en la competición júnior de Hungría- tuvo que aparcar el deporte por problemas de salud. Padecía hipertiroidismo, exceso de hormonas tiroideas circulantes. Se mareaba, no dormía bien. No podía continuar.

"No volverás a competir", le dijeron algunos médicos. Mayte Martínez no les hizo demasiado caso, y el tiempo le dio la razón: cuatro años después, en 1999, estaba disputando carreras de 400 metros. Y, cinco después, tras quedar subcampeona de España de 800 metros en pista cubierta en Donosti, participó en sus primeros Juegos Olímpicos. De Sydney se llevó el recuerdo de ganar su serie en primera ronda y un aviso: ya era capaz de bajar de 2 minutos. Por fin.

Plata en Múnich

Séptima en el Mundial de Edmonton de 2001 y cuarta en el Europeo de pista cubierta de Viena del mismo año. La progresión de Mayte Martínez es evidente. La medalla está cerca, y, finalmente, llega en los Campeonatos del Mundo de Múnich, el 8 de agosto de 2002. Consigue la plata, sólo superada por la eslovena Jolanda Ceplak. Con otro sprint sensacional. "He hecho una carrera perfecta", dice entonces. "Ese día llegué a la élite", analiza ahora.

No puede disfrutar mucho de sus éxitos. La atleta vallisoletana vuelve a tener molestias muy fuertes y se ve obligada a renunciar al Mundial de París de 2003. Tampoco acude en las mejores condiciones a los Campeonatos mundiales de pista cubierta de Budapest un año después, donde logra una meritoria séptima plaza.

Se va a Navacerrada (Madrid) para preparar los Juegos Olímpicos de Atenas. Pero, de nuevo, Mayte Martínez acumula más problemas: pierde tres semanas de preparación porque tiene vértigos. En la capital griega llega a semifinales, donde queda última en una serie que gana la marroquí Hasna Benhassi.


Mejor atleta de 2005

En 2005 volvió a brillar. Incluso fue nombrada mejor atleta española del año. Su palmarés no desentonaba con el galardón: plata en los Europeos en pista cubierta, quinta en los Mundiales de Helsinki, vencedora de una prueba de la Golden League celebrada en Bruselas, medalla de oro en 4x400 y cuarta en 400 metros en los Juegos Mediterráneos de Almería.

Pero otra vez debe guardar reposo. Renuncia a participar en los Mundiales en pista cubierta de Moscú y se reserva para los Europeos de Gotemburgo, a los que llega mermada tras tener problemas en el sacro y padecer anemia. Llega a la final y es séptima.

Este año tampoco parecía el idóneo para Mayte Martínez. Pero tras varios meses enferma -"No tengo excusas. Mi problemas de tiroides no me molesta tanto", decía declaraba hace días a XL Semanal- ha vuelto. Entre tantas desgracias ha rescatado otro éxito. Con otro final prodigioso.

lunes, 27 de agosto de 2007

Alonso aprovecha el infortunio de Hamilton para apretar el Mundial el día que gana Massa

Massa y Alonso se rocían con champagne en el podio del GP de Turquía. -EFE

A falta de 16 vueltas para concluir el GP de Turquía, Lewis Hamilton estaba más cerca de su primer Mundial. Iba tercero, muy por detrás de los Ferrari de Felipe Massa y Kimi Raikkonen, algunos metros por delante de Fernando Alonso, su compañero oficioso en McLaren. El piloto británico reforzaba así su liderato: pasaba de tener 7 puntos a 8 con cinco pruebas por disputarse.

Pero ocurrió: en la novena curva, Hamilton pinchó la rueda delantera derecha y llegó como pudo a boxes, con el neumático desgarrado volando por el Istambul Park. Era el golpazo de suerte que necesitaba Alonso y que no desaprovechó. El bicampeón mundial, tras una salida nefasta, se puso tercero, y así acabó, con su 45º podio en la carrera número 100. Ahora sólo tiene 5 puntos menos que su rival. Excelente balance en una carrera que ganó con autoridad Massa, que está a 15 puntos del liderato. El piloto brasileño tiene uno más que su compañero Raikkonen, segundo en Estambul.

"Es una gran recompensa"

"Cuando nos superaron los dos BMW en la salida pensé que sería un día duro. Tenía que intentar no cometer errores y esperar un milagro, que llegó", explicó, demasiado serio, Alonso en la rueda de prensa. "Este podio es una gran recompensa, pero podía haber sido mejor", añadió el piloto de McLaren.

No estaba satisfecho del todo Alonso, que nunca tuvo opciones de atrapar a los Ferrari y que llegó a rodar sexto en la primera vuelta, tras perder al inicio dos posiciones. En un circuito preparado para ello, fue incapaz de adelantar a Robert Kubica y Nick Heidfeld, que le hacían de tapón. El asturiano perdía casi un segundo por giro. Una temeridad. La sangría se cortó sólo cuando los pilotos de BMW pasaron por boxes. Sólo entonces les superó.

Hamilton, el objetivo

Su próximo objetivo era Hamilton, con el que ha hablado en los últimos días y ha perdonado su soberbia en Hungría. Ahora sólo ataca a McLaren porque cree que no le ha valorado el esfuerzo que ha hecho por mejorar el rendimiento de un coche que en invierno no era competitivo. Y, poco a poco, fue acercándose al piloto británico. Aunque eran distancias insuficientes para superarle tras el reportaje.

El reventón del monoplaza facilitó las cosas a Alonso. No se quejó Hamilton después: "Tuvimos algo de mala fortuna, pero hicimos un buen trabajo. Tuve suerte de poder controlar el coche y que no se fuese a la gravilla".

Triunfo de Ferrari

Entonces, como casi durante toda la jornada, Massa tenía asegurada su segunda victoria consecutiva en Turquía. Sólo se puso nervioso en un par de acciones puntuales, como cuando se quitó la visera del casco porque le molestaba. El piloto brasileño pudo dedicar su quinto triunfo en el Gran Circo a sus padres, que fueron a verle. "Me encanta este país, este circuito... Aquí di el gran paso en mi carrera y pasé a competir con los mejores".

Massa aún se emociona recordando su primera victoria en la Fórmula 1, en Estambul. Fue hace poco menos de un año, el 27 de agosto de 2006. Se impuso a los dos grandes protagonistas de la temporada: a Alonso, que fue segundo, y a su compañero Michael Schumacher, que completó el podio. Massa había debutado en la Fórmula 1 en el GP de Australia de 2002 con Sauber.

Irregular

Muchos consideran que el piloto brasileño no es un campeón. Lo cierto es que es sumamente irregular. Combina actuaciones pésimas como las de Hungría o Mónaco, donde ni tan siquiera puntuó, con excelentes como sus tres victorias (además de Turquía, Bahréin y España) y su remontada en el GP de Inglaterra -pasó del último lugar al quinto-. "Aspiro a todo", no se cansa de repetir ese fan del actor Robert de Niro y seguidor de la serie de TV 24. Sueña con llegar al GP de Brasil, el último, con opciones de ser campeón, ante su público.

Tyson Gay, el último hombre más rápido del mundo

Tyson Gay ganó con facilidad el otro duelo del siglo ante Asafa Powell. -EFE

Sabía, estaba convencido de que era mejor que Asafa Powell. Por mucho que perdiera sus cinco duelos en 2006. A pesar que su rival fuese el hombre que había batido el récord del mundo (9'77 segundos) tres veces desde 2005. Pero Tyson Gay (Kentucky, EE UU, 1982) estaba nervioso. Por eso ni tan siquiera se acordó de seguir su ritual, señalar el cielo con sus dedos índice. Se jugaba suceder a Justin Gatlin como campeón mundial, como atleta más rápido del mundo. Luchaba por reemplazar a un tramposo pillado. Quería ser el nuevo icono del deporte con más sospechas que cada temporada hace más controles.

El primer esfuerzo fue un amago: salida nula del británico Craig Pickering, un chaval de 20 años que quiso arriesgarse y falló. El duelo entre Powell y Gay aún tenía que esperar. Los protagonistas ni se miraron. El jamaicano estaba en la calle 4. El norteamericano, que tenía la mejor marca del año (9'84 s. con el viento en contra en los trials de EE UU), en la 5. En el sexto carril sonreía Derrin Atkins, 23 años y primo muy lejano de Powell. Se imaginaba ensombreciendo el duelo esperado.


La remontada

Silencio y acción: Powell reaccionó antes que nadie, pero no logró coger el ritmo necesario. Metro a metro, zancada a zancada, Gay estaba más cerca. Y le alcanzó a falta de 20 metros. El atleta jamaicano se vino abajo, redujo su velocidad, y aún quedó más derrotado. También le superó Atkins -"vine a por el oro y me llevo la plata. No está mal"-, con quien no se habla.

Gay se agenció una bandera estadounidense y modificó su cara de piedra de segundos antes. Sí, era el mejor: 9'85 s. Era más rápido que Powell, que siempre había declarado, con cierta indiferencia, que sólo le importaba ganar el oro. Era el ganador del duelo. "¡Quiero que estoy sea una rivalidad!", había declarado una semana antes.

Su entrenador, en prisión

La preparación de Gay es curiosa: se entrena solo. Su entrenador, Lance Brauman, está en prisión desde noviembre de 2006 por pagos ilegales. Podría salir el próximo 27 de septiembre. Dice el último hombre más rápido del mundo que escribe a menudo a su técnico para decirle que le echa de menos, pero que trabaja más tranquilo sin nadie que lo controle. Aunque especifica que hace las mismas rutinas.

"El récord mundial será mío algún día", sentencia Gay. Es su obsesión. Está convencido que en condiciones normales, sin el viento en contra, puede lograr la mejor marca de siempre. Quitarle a Powell su tesoro más preciado. Pero, de momento debe olvidarse. Aún tiene que brillar en el relevo 4x100 y en los 200 metros, en los que no aspira a superar el récord del excelente Michael Johnson (19'32 s. en los Juegos de Atlanta de 1996 por 19'62 de Gay en los trials). "Le ganaré en Pequín. Seguro...", prometió Powell. Gay se ha salido con la suya, es el nuevo icono del atletismo y su gran rival le tiene entre ceja y ceja.

domingo, 26 de agosto de 2007

La plata más controvertida de Paquillo Fernández

Paquillo Fernández llega a la meta tras superar a Ghoula con un polémico sprint. -EFE

Se había paseado eufórico, pero exhausto por el Estadio Nagai de Osaka. Aún conservaba energía para correr y saludar con la bandera española. Paquillo Fernández (Guadix, Granada, 1977) era un hombre tremendamente feliz. Acababa de lograr la medalla de plata en el Mundial en los 20 km marcha en los últimos 100 metros con un sprint sensacional. Su rival, el tunecino Hatem Ghoula ni se dio cuenta de su progresión ni estaba capacitado para rebatirle nada.

Pero todo cambió en pocos minutos. Cuando pasó por la zona mixta estaba ausente. "Gran carrera, ¿no?", le preguntó Lourdes García, de TVE1. "Me han descalificado. Me lo acaban de confirmar. Es el peor momento de mi vida", explicó Paquillo Fernández.

Durante unos segundos, la periodista fue incapaz de preguntarle nada a un subcampeón que ya no lo era. "Son cosas de la marcha. No tenía advertencias... Me he visto bien, pero ellos no lo considerarán así", explicaba el entrevistado. "no puedes asumir que tras una gran carrera te pase esto". El juez principal le había eliminado por hacer trampas, por correr, pero Paquillo Fernández no había incumplido el reglamento. Siempre tuvo un pie en el suelo.

Recupera la medalla

Cuatro horas después, el atleta español recuperó su medalla, tras la reclamación de la Federación. El Jurado de Apelación de la competición, por unanimidad, le devolvió la plata, la tercera consecutiva en Mundiales tras las de París 2003 y Helsinki 2005. "Sigo pensando que no hice nada ilegal. Mi fallo durante la prueba fue no seguir a Jefferson Pérez (el ganador) cuando cambió en el kilómetro 17. Dudé, tuve miedo al calor, y no puedes tener dudas si quieres ganar", señaló Paquillo Fernández.


Hasta los últimos tres kilómetros, el atleta granadino estuvo con los mejores. Aunque en ningún momento quiso comandar el grupo. Ésa no era su estrategia. No se puso nervioso ni arriesgó cuando el italiano Ivano Brugneti, campeón olímpico en Atenas en 2004, atacó en el kilómetro 5 y estuvo solo hasta el 11. Llegó a tener 17 segundos de margen, hasta que Jefferson y el ruso Valeri Borchin se fueron a por él. Paquillo pudo incorporarse al grupo después, pero no siguió a Jefferson en su segundo gran ataque.

Cuando Paquillo llegó al Estadio de Nagai, Jefferson -"dedico este triunfo a todos los ecuatorianos que viven lejos del país. Son héroes"- era inalcanzable. Marchaba con la mirada fija, sin pestañear. Cuando llegó a la meta al atleta ecuatoriano le temblaron las piernas, movió la cabeza, cayó en redondo. Se lo llevaron en camilla. Ghoula iba a ser plata... pero Paquillo le superó en los últimos 100 metros. Era otra gesta, otro premio dedicado a su mentor y mejor amigo: Manuel Alcalde, quien le introdujo en el atletismo a los 10 años. Quien le guió hacia su primera gran victoria, en el campeonato de España júnior de 10 km. con el club Chapín Jerez. Quien le dejó solo el 23 de abril de 2004, cuando murió.

"Me sigue ayudando"

Ese duro golpe le hizo madurar. Fue el gran incentivo para triunfar en los Juegos Olímpicos de Atenas. Cuando cruzó la línea de meta señaló, sin descanso, al cielo. "Manolo ya no está, pero me sigue ayudando".

A finales de 2004 Paquillo tuvo que tomar una dura decisión: fichar a otro entrenador. Su elección no pudo ser más acertada, escogió al mejor, al polaco Robert Korzeniowsky, cuatro veces campeón olímpico. Los resultados están ahí: además de esta plata en Osaka, otra en el Mundial de Helsinki de 2005 -entonces también ganó Jefferson y el español Juan Manuel Molina fue bronce-, y oro en el Europeo de Gotemburgo de 2006.

El favorito para la prensa

Siempre ha llegado a las competiciones como favorito Paquillo Fernández, pero, a excepción del oro en los descafeinados Juegos Olímpicos del Mediterráneo de 2005 y dos coronas en Europeos (Múnich 2002) y el mencionado de Gotemburgo del año pasado, no ha podido ser el campeón implacable que la prensa siempre le ha exigido.

Los medios de comunicación le exigieron todo sobre todo desde su bronce en los Europeos de Budapest de 1998. Al año siguiente, en los Mundiales de Sevilla, cerca de casa, no pudo superar la presión. Tan sólo fue 15º. "Competir con eso de que 'Paquillo tiene que ganar', ¡Paquillo es favorito al oro... Llevo muchos años con esta rueda de prensa. Cada vez lo llevo mejor", se sinceró horas antes de lograr en Osaka su plata más controvertida. De continuar la tradición española en la marcha en los Mundiales, en los que siempre ha logrado al menos una medalla. Marín, García Bragado, Plaza, Granados, Massana y él, Paquillo Fernández.

Duda: la eterna paciencia de un líder

Luis Fabiano, Duda y Kanouté celebran el tercer gol del Sevilla. -EFE

Ha sabido tener paciencia. Esperar su momento. La temporada pasada Sergio Paulo Barbosa Duda (Lisboa, Portugal, 1980) fue un agitatoallas, tan sólo jugó 330 minutos en Liga distribuidos en 11 partidos. Una ridiculez para un centrocampista acostumbrado a ser el líder de sus equipos. Tuvo que vivir los éxitos del Sevilla casi como un seguidor con sueldo. Ahora Duda es básico en el grupo de Juande Ramos. Brilló ante el Real Madrid en la Supercopa y se ha exhibido en la primera jornada de Liga ante el Getafe (4-1). De su exquisita zurda han salido tres de los cuatro goles.

Sabía Duda que tarde o temprano le llegaría la oportunidad de triunfar. Esta vez salió al campó por la desgracia de un compañero, de Antonio Puerta, que se desmayó y a punto estuvo de tragarse la lengua -está en la UCI y su pronóstico es "muy grave"-. No era el mejor contexto, pero el centrocampista portugués tenía que aprovecharlo. Y se convirtió en el jugador revulsivo, en el más destacado de la noche.

El gol del empate

Nada más empezar la segunda parte centró desde la banda izquierda y Jesús Navas, ganándole la espalda a Pablo Hernández -debutante en Primera que habría logrado el primer gol de falta directa-, empató de cabeza. El Sevilla, con dos jugadores más tras las expulsiones de Sousa y Cortés, no había sido mejor hasta entonces.

Duda siguió ejerciendo de líder: también asistió a Luis Fabiano en el segundo gol y a Kerzhakov en el cuarto -el tercero lo anotó Kanouté-. Fue el protagonista de una goleada ambigua: el Getafe, en el debut de Michael Laudrup en el banquillo, supo resisitir en inferioridad con buenas triangulaciones.


Debut en Primera

Asume Duda que siempre debe esperar. El Málaga lo fichó en 1999: sólo tenía 19 años, había jugado una temporada en el Vitoria de Guimaraes y había ganado el Europeo sub 18 disputado en Suecia. Se fue cedido dos años al Cádiz, donde pasó de jugar tan sólo ocho partidos en su primera temporada, a marcar 13 goles en la segunda. Su buen rendimiento hizo que Joaquín Peiró, entonces entrenador del Málaga, apostara por incorporarlo al equipo. Debutó en Primera División el 29 de septiembre de 2001 ante el Athletic (1-2).

Poco más jugó Duda aquella temporada en el Málaga y, de nuevo, se fue cedido, en este caso al Levante. Otro buen año le valió el regreso definitivo al conjunto blanquiazul, que había sido cuartofinalista de la Copa de la UEFA. Duda se convirtió, junto a Darío Silva y Dely Valdés, en uno de los líderes del equipo.

Marginado sin jugar

Los problemas le llegaron al principio de la temporada 2005-2006, cuando no aceptó la oferta de renovación del Málaga. Duda exigía unos dos millones de euros por temporada, algo que no estaba dispuesto el entonces presidente Serafín Roldán, que lo apartó del equipo. El centrocampista portugués estuvo 140 días sin jugar, casi cinco meses sin partipar con el grupo. Pero durante ese tiempo no dejó de entrenarse con la máxima profesionalidad.

A principios de febrero de 2006 reapareció en Mendizorroza. Duda jugó a gran nivel ese y 13 partidos más. Pero su reaparición fue insuficiente para salvar del descenso al Málaga. No pudo cumplir su promesa de irse "con el equipo salvado". Y acabó fichando por uno de los eternos rivales, el Sevilla, que ya le había querido en su época de marginado en la grada. Ahora, tras un curso casi inédito, vuelve a ser un líder. Ha tenido paciencia.

William Kiplagat, la llegada más tortuosa

William Kiplagat, atendido tras cruzar la línea de meta. -EFE

Cuenta Abel Antón, bicampeón mundial de maratón, que tras una tortura de más de dos horas tenía las uñas de los pies absolutamente negras, llenas de sangre. Añade el ex atleta que el remedio para no perder la uña es pincharse con una jeringuilla para extraer la sangre. Es doloroso, pero no deja de ser un mero trámite para aquellos deportistas que participan en una de las pruebas más duras.

Si correr el maratón (42'195 kilómetros) en condiciones normales es inhumano. Completar el recorrido con calor, a 30 grados largos, y con más de un 80% de humedad, es más surrealista que épico. En Osaka, en Japón, se cumplió ese infierno. Por eso el keniata Luke Kibet cruzó la línea de meta de la primera final del Mundial de atletismo con un tiempo de 2h.15:58, el registro más discreto de la historia del torneo, que se disputa desde 1983. Muy lejos del récord (2h.04:55, de su compatriota Paul Tergat en Berlín 2003). Algo más cerca de la mejor marca de otro keniata, de William Kiplagat, que en el maratón de Amsterdam de 1999 hizo 2h.06:50 y... sólo fue tercero.

Dos ataques

En Osaka, Kiplagat empezó siendo el principal protagonista, con el primer gran ataque, a los 40 minutos, al que sólo pudo al instante el ganador, Kibet,
y con el segundo, en el kilómetro 25, que hizo una criba definitiva de aspirantes. Se sentía espléndido el atleta keniata, vencedor en los maratones de Rotterdam (2003) y Seúl (2005).

Pero a partir de los primeros 30.000 metros
Kiplagat se vino abajo. No pudo seguir el resto de la prueba entre los mejores, y el resto del maratón se le hizo eterno. Cruzó la línea de meta como pudo. Incluso se quedó paralizado unos segundos cuando estaba a dos palmos del final del sufrimiento. Movió las piernas lentamente, con total rigidez, como si las tuviera rotas. Y llegó: era octavo con la peor marca de su vida (2h.19:21). Poco después no aguantó más y se desplomó. Como cuentan que hizo el soldado Filipides tras ir de Maratón a Atenas para anunciar a su pueblo la victoria sobre el ejército persa. Para homenajearle se creó esta tortuosa prueba.

lunes, 20 de agosto de 2007

Renato, la imagen de un Sevilla campeón

Renato marcó dos goles en el Santiago Bernabéu.

No es una estrella. No tiene la elegancia de Jesús Navas ni la frialdad de Frédéric Kanouté. Tampoco posee el descaro de Daniel Alves. Pero
Dirnei Florencio Santos, Renato (Santa Mercedes, Brasil, 1979) es uno de los grandes culpables de que el Sevilla fuese nombrado mejor equipo del mundo en 2006 y que ahora sea campeón de la Supercopa de España tras superar al Real Madrid 3-5 (1-0 en la ida). El cuarto título de los últimos cinco disputados para el conjunto de Juande Ramos. El quinto en 15 meses.

Los diarios hablaban del duelo entre Kanouté y Van Nistelrooy, pero Renato fue el primero en aparecer en el Santiago Bernabéu. Al cuarto de hora el mediocentro brasileño remató solo un centro de Poulsen, tras un mal despeje de Casillas. Y poco después, a los 28 minutos, empequeñeció el golazo desde fuera del área de Drenthe con un buen cabezazo. El 1-2 era un resumen del partido: precisión en ataque del Sevilla (gran centro de Duda) y despistes en defensa del Madrid (Ramos primero y Diarra después).

Fan de Zico

Entre fichajes de relumbrón, era Renato el gran protagonista. Sobresalía una incorporación modesta (en 2004 llegó a Sevilla por cinco millones procedente del Santos, donde era capitán). Un entusiasta seguidor de Zico, del Pelé Blanco, el genial centrocampista brasileño -"Desde pequeño siempre quise ser como él. Mi padre me habló mucho sobre Zico, me relató sus goles. Era el jugador perfecto-.

El Madrid, con Sneijder casi inédito, no funcionaba. Van Nistelrooy, el supuesto remedio para olvidar la tercera peor pretemporada del equipo, apenas participaba. El delantero holandés aún no está listo tras su lesión.

Tampoco rindió Pepe, el defensa más caro de la historia del conjunto blanco. El central brasileño fue decisivo, para mal: primero tocó el balón con las manos en el área y provocó el penalty que transformó Kanouté (1-3) y después, ya en los últimos minutos, cuando su equipo buscaba dos goles para ganar la Supercopa, no se entendió con Casillas. Chocaron y el centro de Dani Alves desde la derecha fue aprovechado, de nuevo, por Kanouté (3-4). Sería su penúltima acción, en la siguiente, le hizo una entrada innecesaria a Martí. Segunda amarilla y expulsión.


Jugada de clase

El Sevilla encontró la excelencia en una jugada de clase. Asistencia con el interior de Maresca, sustituto de Renato, y remate sin oposición de Kanouté (Saunte les Lyon, Francia, 1977). Hat -trick del ariete galo, otro de los grandes fichajes de Monchi. Una inversión arriesgada, ya que en su periplo en Olympique de Lyon, West Ham y Tottenham fue un delantero tosco, irregular y con poco gol (52 en 161 partidos de Liga).

Tras un primer año discreto en la Liga española, se transformó la temporada pasada. Con 21 tantos, Kanouté fue el tercer máximo goleador del torneo, tras Van Nistelrooy y Diego Milito. "No parezco yo. A veces creo que soy mi hermano gemelo", llegó a decir este futbolista que de pequeño no quiso serlo. Sólo deseaba estudiar una carrera. Años después ha sido decisivo en los seis títulos de su equipo en 15 meses. El día decisivo siempre ha marcado al menos un gol. Es, como Renato, uno de los referentes del Sevilla campeón.

Los domingos son de Casey Stoner

Stoner ganó en la República Checa su séptima prueba del año. -EFE

¿Ha empezado la hegemonía de Casey Stoner? ¿Volvemos a los tiempos de triunfos sin discusión de un piloto? Valentino Rossi monopolizó la máxima categoría el inicio de siglo divirtiendo a sus fans y desesperando a sus detractores y rivales. Il Dottore ganó, entre 2001 y 2005, desde su único Mundial en 500 cc hasta el último en Moto GP, un total de 51 en 81 carreras.

El heptacampeón se impuso en el 63% de la pruebas y... fue podio en 72, ¡en el 89% de los GP! Durante cuatro años el domingo fue su Día. Ahora Rossi vive intranquilo, acusado de fraude fiscal y con unos neumáticos mediocres, la progresión de Stoner. El nuevo candidato para ser el único protagonista el último día de la semana de Moto GP.

El piloto australiano, que sumó en el GP de la República Checa su séptima victoria en 12 carreras, acumula 246 puntos y es más líder que nunca. Tiene 60 puntos más que Il Dottore, que sólo pudo ser séptimo. Dani Pedrosa acabó en cuarta posición y, con 168 puntos, se queda a 78 del liderato. John Hopkins y Nicky Hayden, fueron segundo y tercero respectivamente, acompañaron a Stoner en el podio del Automotodrom Brno.

"No está ganado"

"El Mundial no está ganado. Sólo pienso en lograr más victorias", dice, serio, el piloto de Ducati. El discurso de Stoner es protocolario. Pocos esperan que alguien que gana el 58% de las carreras y que ha firmado el tercer mejor inicio de la historia en Moto GP (sólo peor que los registros de Rossi en 2002 y 2004 con diez triunfos) encadene graves errores en las seis pruebas que restan.

No es normal la superioridad de Stoner, que le saque un segundo por vuelta a Rossi, que nadie pueda seguir su ritmo. Su éxito no sólo se debe a que tenga la moto más completa y que sus neumáticos, los Bridgestone, sean este año mucho más competitivos que Michelin. Ahora el australiano controla sus impulsos, que le llevaron por los suelos en 2006, y sabe arriesgar lo necesario. Como en los días en que ha tenido que responder a los ataques del heptacampeón. Su esposa Adriana, de tan sólo 18 años, le ha aportado la tranquilidad necesaria para triunfar.

La primera victoria de Rossi

Sobresalió Stoner en uno de los escenarios preferidos de su ídolo, de Rossi. En el GP de la República Checa el piloto italiano logró en 1996, con 17 años, su primera pole y su victoria en el Mundial de 125cc. Donde el año pasado, con un segundo puesto, empezó la remontada ante Nicky Hayden. Hoy fue un mero espectador en la salida: vio cómo Stoner conservaba sin problemas su primera posición (tras la cuarta pole de la temporada) y cómo Pedrosa adelantaba a Hayden y se ponía segundo. También cómo Loris Capirossi le superaba a él. Pasaba a ser séptimo.

No pudo solventar la situación Rossi. Sólo fue capaz de superar a un piloto, a Randy De Puniet, en las primeras seis vueltas. Después superó por el exterior a Capirossi y se fue a por Pedrosa, pero acabó cediendo ante su compatriota y Chris Vermeulen. E hizo lo que pudo para conservar la séptima plaza. Lejos, demasiado, del líder, que ha sido el mejor en 16 de las últimas 18 pruebas, entre entrenamientos, calificaciones y carreras. Pedrosa fue sincero: "El Mundial está siendo un paseo para Stoner". Ahora los domingos parecen ser suyos.

sábado, 18 de agosto de 2007

La otra mirada del Tour de Francia



Pasa bastante desapercibido allí donde va. Pocos le piden un autógrafo a este ciclista con estética de estrella de rock y apellido largo. Esporádicas son las veces que los periodistas entrevistan a
Wim Vansevenant (Dixmude, Bélgica, 1971). Su trayectoria está alejada de los éxitos, los pósters en la pared y los elogios. Como tantos otros, Vansevenant forma parte del otro Tour de Francia. Es un superviviente anónimo con una historia peculiar. Por segundo año consecutivo, el corredor belga ha sido el último en París. Algo que no ocurría desde 1980.

Siempre se ha asociado llegar el último a la meta con la frustración y el fracaso. Siempre se ha descrito como el resultado de los mediocres. Desde luego, Wim Vansevenant (Predictor-Lotto) no piensa lo mismo. Se tomó su resultado, el 141º a 3h.52'54'' del campeón Alberto Contador, con mucho sentido del humor e ironía. Se agenció una linterna roja clásica, el símbolo de los últimos, y se mezcló entre el pelotón en la etapa del epílogo del Tour. Rodó varios metros con el curioso aparato y se llevó la ovación de sus compañeros.

Jimmy Casper

Era la segunda vez que Vansevenant llegaba a París como el último del Tour. En 2006 también había aparecido en la capital de Francia como farolillo rojo
(140º a 4h.00'21'' del sancionado Floyd Landis), con tan sólo 16 segundos más que el francés Jimmy Casper, que a punto estuvo de convertirse en el corredor que más veces quedaba último en la ronda francesa. Acumulaba dos (2001 y 2004).

El currículum de Casper es modesto en grandes vueltas (un triunfo en la primera etapa del Tour de 2006) e interesante en las discretas, con etapas en Alemania, Dinamarca y Bélgica o el triunfo final en el Tour de Picardie
del año pasado.

El ciclista galo es protagonista, junto a Baden Cooke, de la película Wired to Win: Surviving the Tour de France (Atado al alambre para Ganar: Sobrevivir al Tour de Francia), que se proyectó en el IMAX del Museo de la Ciencia Omni Theater de Boston. Es un reportaje humano de 45 minutos, filmado durante la edición de 2003, en el que los dos corredores explican anécdotas y cuál es el secreto para concluir una de las pruebas deportivas más duras.


Un blog peculiar

Navegando por Internet encontramos un blog peculiar: Tour de France. Lanterne Rouge (http://tdflr.blogspot.com). En este espacio, escrito por Nancy Toby, una triatleta aficionada que vive en Maryland (EE UU), se habla de los últimos de la ronda francesa. Como de
Vansevenant, que concluyó la 94ª edición del Tour igualando la marca de 1980 del austríaco Gerhard Schönbacher: dos farolillos rojos consecutivos. Pero Vansevenant no pudo repetir la enorme progresión de Schönbacher, que pasó de perder 4h.19'21'' con el ganador Bernand Hinault en 1979, a 2h.10'52'' con respecto al triunfador un año después, Joop Zoetemelk. 
 
El otro precedente data de los primeros años de la ronda gala. De las noches de pedaladas. El francés Daniel Masson participó en cuatro ocasiones y fue lanterne rouge las dos veces que acabó el recorrido. En 1922, cuando ganó la 11ª etapa (Briançon-Génova) y la 12ª (Génova-Estrasburgo), y en 1923.


Curiosa es también la historia de los hermanos Flores. En 2002 Igor, que tuvo que acudir a última hora al Tour, acabó último, no fue renovado por el Euskaltel Euskadi y se retiró. Tres años después, en 2005, fue su hermano el farolillo rojo, con más de diez minutos más que un tal Wim Vansevenant. "Ser el último te beneficia más que ser penúltimo. Así eres más conocido", bromea el corredor belga, que hace una semana quedó segundo en la Dernycriterium Wilrijk. Ellos son la otra mirada del Tour de Francia.