lunes, 25 de junio de 2007

Marion Jones, de la excelencia a la ruina

Tenía un futuro envidiable. Casi inagotable. Era la mujer más rápida del mundo, el gran ejemplo para la sociedad estadounidense, tan amante de los mitos. Era un ideal, por eso la revista Vogue la nombró Nuevo héroe americano. Pero un día todo se torció y Marion Jones (L.A., California, 1975) pasó a ser una atleta tramposa, una traidora. Ahora, según publica Los Angeles Times, está en la ruina. Tan sólo dispone de 2.000 dólares en efectivo, cuando sus ingresos anuales rondaron los 10 millones. Cuando llegó a ganar 80.000 dólares por correr una carrera.

La estrella de los Juegos Olímpicos de Sydney ha perdido su patrimonio -"quién sabe qué ha pasado..."-, entre otras cosas, intentando demostrar que es inocente. Que es falso que alguna vez se haya dopado, como todos insinúan y nadie demuestra. Su última acusación data de agosto de 2006, cuando dio positivo por EPO (eritropoietina) en los campeonatos estadounidenses. Pero el contraanálisis la señaló como inocente.

"Siempre he sostenido que jamás tomé nada y estoy deseando volver a correr", dijo entonces Jones. "No creo que compita este año", expresa ahora su actual entrenador, Steve Riddick. "Quiere estar en los Juegos Olímpicos de Pequín", concluye, optimista.

Las cinco medallas de Sydney

Poco, muy poco, ha disfrutado en la cumbre, entre los más grandes, Marion Jones. Apenas pudo saborear su gran proeza, lograr cinco medallas (tres de oro, en 100, 200 y en relevos 4x400 m.; y dos de bronce, en salto de longitud y 4x100 m.) en los Juegos Olímpicos de Sydney, en 2000. Durante la competición se comunicó el positivo por nandrolona y testosterona de su entonces marido y entrenador, C.J. Hunter, un armario lanzador de peso.

¿Eran sus marcas un fraude? Se preguntaban muchos. Pero Jones supo abstraerse de aquel mal momento, aprovechar sus inagotables recursos y conseguir los cinco metales que se había propuesto conseguir -aunque no fueran todos de oro como se había marcado-. Ante la adversidad, se hizo más fuerte: "¿Qué cómo estoy? No sé, pregúnteselo a un psicólogo", le contestó a un periodista.

No era la primera vez que Jones era sospechosa de dopaje. En 1993, con 16 años, fue sancionada cuatro años por no presentarse a un control, aunque finalmente se salvó por la intervención del prestigioso abogado Johnny Cockrane, que alegó que su cliente no había recibido la notificación previa. Un año después la joven deportista ganaría el campeonato universitario de Carolina del Norte. Y, en 1997, ya volcada en el atletismo, lograría sus dos primeros oros internacionales (100 y 4x100 m.), en el Mundial de Atenas. En el escenario, en 2004, de su primera rendición.

Mirada triste

"Marion Jones tiene la mirada triste y el aire resignado de una mujer que se siente sola", describía con brillantez el periodista de El País Santiago Segurola en la crónica de las semifinales del salto de longitud de los Juegos Olímpicos disputados en la capital griega. En la final sólo sería quinta. En la otra prueba a la que se presentó, 4x100 relevos, falló en la entrega y su equipo fue descalificado.

No se sentía con fuerzas Jones. Todo estaba en su contra: su ya ex marido, Hunter -del que se había separado en 2001-, la acusó de coleccionar sustancias dopantes y su ex entrenador, Trevor Graham, envió al laboratorio de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos una jeringuilla con la que supuestamente se había inyectado THG. Un anabolizante de diseño discreto. Nacía el Caso Balco. No se demostró nada. La condenaron como siempre.

El nacimiento de su hijo

Tampoco ha sabido elegir a sus parejas. Ni primero a Hunter ni después a Tim Montgomery, el atleta que, temporalmente, logró la plusmarca en 100 metros (9'78), pero que viviría su carrera entre sanciones. Jones tuvo un hijo, Tim, con Montgomery. Su retoño fue una pausa en su frenética vida: estuvo 17 meses sin competir, desde septiembre de 2002 (Copa del Mundo en Madrid), hasta febrero de 2004, cuando reapareció en Birmingham. Poco después la pareja sería vetada por la organización de la Golden League, la reunión de los mejores. En 2005, tras renunciar a partipar en los Mundiales de Helsinki, rompieron.

También se ha equivocado Jones con sus entrenadores, como Charlie Francis, promotor del Sistema Avanzado de Entrenamiento (F.A.S.T.), ex técnico del gran tramposo de la historia (Ben Johnson, Seúl 88) y que en su web se vendía como "el hombre que produjo 23 récords del mundo". En 2002 Jones, ante la presión mediática, tuvo que despedirle. "Con él sólo quería mejorar técnicamente, estar al nivel de quienes han seguido sus consejos", se defendió, "Soy una defensora del deporte sin drogas y lo seré siempre".

Todavía sueña con volver a las pistas. Con recuperar sus prodigiosas zancadas. Con demostrar a sus detractores que se han equivocado y hacer añicos las críticas. "Tendría que cuidar de su pequeño y alejarse de las pistas", le recomienda un mito como Michael Johnson. Pero la que fuera la mujer más rápida del mundo aún se ve compitiendo. Pase lo que pase, lo seguirá intentando. No quiere ser recordada como una atleta que pasó de la excelencia a la ruina, de la genialidad a la oscuridad del dopaje.

El Madrid gana la Liga ante un Barça irregular


Dejar las cosas para el final siempre es peligroso. Lo sabe el estudiante que memoriza sus apuntes la noche antes y que aguanta a base de cafés. Lo comprobó hoy el Barça, al que no le bastó una gran remontada en el último cuarto -llegó a perder por 19 puntos y se colocó a 4- para impedir que el Madrid ganara su 30º Liga en el Palau (71-82). Para no permitir que Felipe Reyes levantara el trofeo como jugador más valioso de la final. ¿Y Navarro? La otra gran estrella naufragó el día clave, sólo logró cinco puntos (1 de 5 en triples). El máximo anotador de la fase regular no demostró su condición.

"No hemos ganado por individuales. Hemos triunfado por trabajo, por ser una piña. Por lo campeones que somos", describía Reyes, que acababa de sumar 21 puntos y un par de rebotes. No necesitó capturar rechaces, ya que estuvo casi infalible: 10 de 14 en tiros de dos. Los números del pívot cordobés, 16'5 puntos y 6'5 capturas en 28 minutos de media, han sido decisivos para 3-1 del Madrid.

Si Reyes fue el gran triunfador, Navarro, sin duda, la decepción. El escolta azulgrana sólo entró en juego los primeros dos minutos, en los que anotó sus únicos cinco puntos. Después no tuvo continuidad ni en la pista -Ivanovic lo cambió una vez tras otra- ni acierto en ataque. "Ha hecho una gran temporada", le defendió después su técnico.

Gran inicio

El último partido de la Liga ACB tuvo un inicio excelente para el espectador, para el espectáculo. Una frustrante entrada para los entrenadores. En el Palau se vivía un apasionante intercambio de canastas, que favorecía al Barça (9-5, minuto 2). Kasun, por fin, parecía consolidarse. Pero el pívot croata machacó dos veces, tan rápido como cometió dos faltas personales que le enviaron al banquillo. Saldría en la segunda parte, pero volvería a cometer dos infracciones. Y no saltaría más a la pista.

A partir de entonces Bullock y, sobre todo, Reyes relanzaron al Madrid. El pívot cordobés anotó cuatro de sus cinco tiros hasta de ser sustituido por Sekulic, muy concentrado a la hora de capturar rebotes. El conjunto visitante ganaba el primer período 22-27. Contexto completamente diferente tras un cuarto muy ofensivo (81% en tiros de dos el Madrid y tres triples por 71% el Barça, y cuatro lanzamientos de tres).

"Hemos defendido muy mal en el segundo cuarto", confirmó Marconato. En ese período casi desapareció el Barça, que perdió hasta cuatro pelotas y sólo anotó en jugadas aisladas. Más por ganas que por convicción. Su rival sí era consistente: dominaba con suficiencia el rebote (15 por 9) y Reyes seguía sumando canastas fáciles por su inteligencia (12 puntos en la primera parte). El pívot blanco estaba bien secundado por Bullock y Tunçeri, que llegaron al descanso con 9 puntos. La diferencia era clara, muy contundente: 33-47.

Grimau, líder

Aún se complicó más la situación para el Barça en la reanudación. Un triple de Hervelle y otra canasta de Reyes dejaron en 19 puntos la distancia (33-52, minuto 21). Parecía no tener ni ideas ni fuerzas el grupo de Ivanovic. Pero se recuperó, mejorando -aunque fuera fácil- en el rechace y con un secundario como Grimau. El sustituto de Navarro anotó cinco puntos consecutivos, que, unidos a un triple de Lakovic, replantearon la situación: 42-52. Era el minuto 25.

Con una defensa asfixiante y un buen ataque el Barça seguía su remontada, que cortaría Tunçeri con un triple. El base turco, que acabaría anotando cinco de sus ocho lanzamientos desde esa distancia, volvería a ampliar la distancia a 13 puntos (44-57, minuto 27) y que se ampliaría a 14, tras la enésima canasta de Reyes (50-64, minuto 30).

Todo volvía a ser como en el descanso. El quinto partido estaba demasiado lejos. Más si sabe cuando Smith taponó a Navarro mientras lanzaba un triple y no perdonaba en la contra: 53-70, minuto 32. Era casi utópica la reacción local.

¿Imposible?

Pero tras las instrucciones del técnico montenegrino, el Barça se transformó en un equipo valiente, seguro y tremendamente efectivo. Ukic y Grimau, uno de los jugadores clave de la remontada, anotaron dos triples y Raül López, en el ataque siguiente, se resbalaba y perdía el balón. 61-70, minuto 35. ¿Imposible?

Con un solo jugador del quinteto inicial (Lakovic) el Barça jugaba mejor que nunca. Con cracks como Basile, con un golpe en la cara, y Navarro en el banquillo -la aportación de ambos fue muy deficiente, 7 puntos-. Jugadores con minutos esporádicos como Kakiouzis eran los líderes. Los que hacían mantener las esperanzas a un público encogido primero -y exultante después tras un triple de Lakovic a poco más de un minuto del final (71-75)-. Lo lograron hasta a falta de 46 segundos del final.

Entonces Raül López, que había cedido protagonismo a un excelente Tunçeri, anotó un triple. El triple. Porque con 71-78 raramente podía perder el Madrid. Más si Lakovic fallaba una entrada y a la siguiente mandaba a la línea de personal al propio López tras cometer su quinta personal. Pasos de Ukic en la siguiente jugada y triplazo de Tunçeri en la penúltima acción. El Madrid ganó su 30º Liga el año en el que apostó por un entrenador anónimo como Plaza. El año en que Felipe Reyes dio su gran salto de calidad.

Quinta victoria de Stoner en Donington Park


Su pilotaje ya no sorprende a nadie. Su frialdad cada vez desespera más a sus rivales, sobre todo a Valentino Rossi. Su regularidad le está acercando, prueba tras prueba, a su primer Mundial de MotoGP. En el circuito de Donington Park, en el GP de Gran Bretaña, Casey Stoner logró su quinto triunfo en ocho carreras. El piloto australiano suma 165 puntos, 26 más que Il Dottore, cuarto, y 59 de Pedrosa, octavo, otra vez impotente con su moto en el escenario donde logró su último triunfo hace casi un año.

Sigue los pasos Stoner de su gran referente, Valentino Rossi. Camina hacia su primer título en la categoría reina como el piloto italiano en 2001. Casi todo coincide. Aquel domingo 8 de julio, el día que un imberbe Stoner debutó en el Mundial de 125cc con una invitación, Il Dottore remontó desde la undécima posición y frustró a su primer gran enemigo, Max Biaggi. Rossi lograba también en el GP de Gran Bretaña su quinta victoria en ocho citas y acumulaba 161 puntos por 139 de su compatriota. 26 más. Ahora, seis años después y en el mismo escenario, el piloto de Ducati ha igualado ese balance de triunfos y de ventaja en el liderato del campeonato. Continúa el camino de su icono.

No parecía que Stoner fuese a triunfar en Donington Park. Salía el piloto aussie desde la segunda fila y en pocos segundos vio cómo pasaba de ser quinto a noveno. Eran los mejores momentos de su antiguo rival en 250cc, Dani Pedrosa, que lideraba la carrera con autoridad. Parecía rescatar su autoridad el piloto de Honda en el escenario de su última victoria. Tras acumular 15 grandes premios sin ganar. Tras casi un año sin ser el mejor. Mientras, Rossi rodaba, una vez más, alejado de los primeros puestos en el inicio. Sexto. Llegó a ir incluso peor, cuando, en el tercer giro, Stoner le adelantó. Poco después el heptacampeón sólo era octavo. Otra vez necesitaba otra remontada.

Decadencia de Pedrosa

Rodar en un trazado lleno de agua no es la gran pasión de Rossi, que en este contexto pudo ir mejorando su posición. Coincidiendo con la decadencia de Pedrosa, en poco más de 400 metros pasó de ser segundo a quinto, y la reacción de Stoner, que ahora sólo tenía por delante a Edwards. Il Dottore ya no es aquel piloto fiable, infalible. Antes no cometía errores como el de salirse del trazado tras acabar de adelantar, como le pasó cuando superó a Hopkins en la séptima vuelta. Pero sí retiene aún su talento y valentía: así que superó al actual campeón, Nicky Hayden, que acabaría cayéndose. Horrible, frustrante trayectoria la del estadounidense.

Lejos, demasiado para la calidad de ambos pilotos, Pedrosa, que tuvo que utilizar una segunda moto, y Capirossi luchaban por la séptima posición. Por delante, Stoner cada vez era más líder. Y a falta de 8 vueltas para el final, llegó a sacarle más de 16 segundos a Rossi, que veía casi imposible alcanzar a su compañero en Yamaha Edwards. El heptacampeón casi no tenía opciones de ser segundo en Donington Park. Y cuando tan sólo quedaban cuatro giros, probó su propia receta: Chris Vermeulen -sin duda una de las grandes sensaciones del Mundial- apuró la frenada más que él en una curva y le adelantó. El piloto de Suzuki ya no cedería la tercera posición y acompañaría en el podio a Stoner y Edwards.

Ocultaba su frustración Rossi tras la carrera. Repartía abrazos y saludos de rigor. Más inexpresivo estaba Pedrosa, que acabó octavo: "Ha sido una mala carrera. Nos hemos equivocado eligiendo neumáticos demasiado blandos al principio. Además, la segunda moto no estaba preparada como nos convenía", dijo, cansado y apático. En el podio Stoner no paraba de sonreír. Acababa de sumar su quinta victoria en MotoGP en 24 carreras. Ahora es él gran dominador de la máxima cilindrada. Ya no es un sueño.

sábado, 23 de junio de 2007

Navarro rescata al Barça y prolonga la final


Tiene autoestima el Barça. Había caído en las dos citas anteriores con epílogos horribles y hoy no lo permitió. Fue práctico. Tiene carácter el Barça, que no se vino abajo tras ver cómo el Madrid le remontaba 16 puntos de diferencia. Logró sobreponerse por calidad y trabajo. También por concentración. Y, sobre todo, recuperó a su estrella, Navarro. Con 17 puntos el escolta azulgrana fue uno de los líderes de su equipo, que forzó el cuarto partido de la final (75-70). Tampoco desentonaron Trias y Marconato, que además de anotar 19 puntos y capturar 10 rebotes entre ambos, supieron frenar a Felipe Reyes. Al gran crack de la serie, que promediaba 20 y se quedó en sólo cinco y... los anoto en el último minuto. La buena actuación de Bullock, con 21 puntos, no fue suficiente.

Con una exhibición de efectividad, carácter y energía. Así empezó el Barça el encuentro. Como un equipo completamente diferente al de los dos encuentros anteriores. En poco más de cuatro minutos había recuperado tres pelotas, tantas como el martes -acabaría con 10 robos y 14 pérdidas, por 7 y 13 de su rival-. Y había logrado dejar al Madrid sin anotar. Con Bullock y Reyes bien defendidos y perdidos en ataque nadie respondía a las virtudes del grupo de Ivanovic.

Joan Plaza gesticulaba, muecas sin control, protestas varias. El Palau, lleno, enloquecía. Recordaba grandes noches. Grandes partidos, y lo que estaban viendo era digno de ser considerado como tal. El Barça defendía a milímetros, como cuando Bullock, casi desequilibrado, lanzó un triple y Kasun, bastante crecido, recuperó el balón. Navarro culminó el contraataque con un lanzamiento de 6'25. El escolta azulgrana anotó ocho puntos, dos triples sin fallo, en un primer cuarto en el que su equipo llegó a dominar 15-0.

Canasta de Raül López

Sólo Raül López, y en su segundo intento desde la línea de personal, supo anotar la primera canasta del Madrid. Era el minuto 5. La estadística lo resumía todo: 0 de 9 en tiros de campo del grupo de Joan Plaza, que no encontraba soluciones. Más difícil le pareció solucionar el problema tras la segunda personal de Reyes sobre Marconato. Se fue desquiciado, sin poder brillar como en los anteriores citas. Con un par de rebotes y dos canastas falladas se fue al banquillo el pívot cordobés, tras cometer su segunda personal. Su sustituto, Sekulic, poco más aportó, sólo un punto (24-8, minuto 10). Tuvo que ser Hernández-Sonseca, que se había pasado como espectador en los partidos del playoff, el referente interior en algunos momentos. En otros fue Hervelle, desafortunado en triples (1 de 5), pero el más contundente en rebotes (11).

Todo cambió en el segundo cuarto. Con Tunçeri como director de juego y revulsivo (siete puntos, dos triples) el Madrid empezó a aprovechar sus virtudes, su buena defensa y el rebote, para ir recortando la gran distancia. Y recuperó a jugadores, como Smith. Hasta entonces tan descentrado como poco preciso. Un triple del escolta estadounidense y un mate de Tomas situaron la diferencia en tan sólo cinco puntos (30-25, minuto 17).

Lakovic desde ocho metros y Trias, inmenso en defensa, volvieron a ampliar la ventaja azulgrana (37-27, minuto 19). Hasta que Basile protestó una falta que le señalaron que parecía más bien del infractor (Tomas) y le pitaron técnica. Empezó un carrusel de tiros libres para el Madrid (Smith, tras la segunda personal de Marconato), que igualó la desventaja. Grimau anotó al límite: 39-32. Descanso.

Dos versiones

En la reanudación, el Barça volvió a ofrecer dos versiones. Al principio, sin apenas esfuerzo, logró un parcial de 8-0 (45-32, minuto 22). A partir de entonces apareció el inédito Bullock. El alero norteamericano lideró la remontada de su equipo con once puntos en el tercer período. Y puso por delante al Madrid por primera vez en el partido con un triple, sobre la bocina, que tocó el tablero (53-54, minuto 30). Era un acierto moral para su equipo.

Hace unos meses el Barça hubiera sido incapaz de reaccionar a ese golpe. Antes le faltaba carácter, concentración. Ahora no. Por eso el conjunto azulgrana no se puso nervioso cuando Bullock anotó cinco puntos consecutivos (55-59, minuto 32). Se rehizo. Con sus mejores argumentos. Con velocidad y gran defensa. Con un parcial de 11-0, con Navarro como protagonista, devolvió la ilusión a un Palau dubitativo. Y, por primera vez, logró que el Madrid perdiera más pelotas (13), de las que recuperó (7).

Se quejaba Navarro que durante la serie, durante 80 minutos, sólo había lanzado tres tiros libres. Criticaba que los árbitros estaban siendo parciales, que dejaban jugar al Madrid. "Es escandaloso", decía el escolta azulgrana, que en los últimos cuatro minutos lanzó seis. Y anotó cinco. Fueron decisivos. Por más que Reyes anotara un dos más uno. El pívot cordobés sólo pudo anotar cinco puntos. Y la canasta a última hora de Tunçeri era anecdótica (73-70). Quedaban tres segundos y el propio jugador frenó a Lakovic, que no falló desde la línea de personal (75-70).

miércoles, 20 de junio de 2007

Un Barça voluble se complica la Liga


Este Barça es voluble. Demasiado. Puede anotar 95 puntos en Vitoria y perder 16 balones en el Palacio Vistalegre ante el Real Madrid. Hasta 31 en los dos partidos de la final. Puede sustentarse en Kakiouzis (17 puntos), que un par de días antes tan sólo ha jugado tres segundos, y no contar apenas con su estrella, Navarro (1 de 6 en triples).

Y esa confusión que a veces se genera a sí mismo está a punto de dejarle sin opciones de ganar la Liga ACB. El año que tiene el mayor presupuesto de su historia el conjunto azulgrana va perdiendo la final 0-2. Tiene que ganar tres partidos seguidos -el próximo el viernes en el Palau- para ser campeón. Debe superar a un conjunto
más básico como el grupo de Joan Plaza, que tiene en Felipe Reyes su claro icono. Con sus últimos 23 puntos -6 de ellos en los últimos dos minutos- y siete rebotes el pívot cordobés se acerca al MVP de la final (83-80). Y su equipo, a su 30º Liga.

El inicio fue trepidante. Hasta cuatro triples se vieron en el primer cuarto y Basile anotó dos. Eran instantes en los que el Barça combinaba errores, como sus pérdidas absurdas, con una defensa de libro que sólo permitió capturar un rebote ofensivo al Real Madrid. El mejor de la Liga en este aspecto (23-21, minuto 10).

Reacción de Basile

El peligro de este Barça es hundirse rápido. A veces le pasa. Le ocurrió en Madrid. Se descompuso ante la explosividad de Raül López y Bullock (21 puntos) en el inicio del segundo cuarto, cuando en cuatro minutos sólo fue capaz de anotar dos canastas (33-25). Pero al grupo de Ivanovic le sobra calidad y tiene un jugador tan irregular como genial como Basile para rescatarle. El alero italiano lideró la remontada azulgrana y al descanso se llegó con un ajustado 40-37. Por los méritos del Barça (10 por 20 rebotes) y por la discreta estadística en tiros libres del Madrid, con 6 de 10.


En la reanudación, apareció Navarro. Aunque, como en la eliminatoria, fuese con cuentagotas. Con brillantez a velocidad de la luz. Así son los genios como el escolta azulgrana, capaz de pasar casi inadvertido en la primera parte -sólo cuatro puntos-, y de sobresalir en los primeros tres minutos de la reanudación, con siete consecutivos. Una penetración, un triple y una bomba. Ahí se estancó. Sólo metería un dos más uno y casi al final del partido.

Kakiouzis asume el liderazgo

Fue entonces cuando Kakiouzis asumió el liderazgo. A veces parece que el ala-pívot griego se tome el baloncesto como una ciencia. Como algo exacto. Sólo lanza cuando se siente bien, cuando lo ve muy claro. Sus números, un 68% en tiros de dos, no engañan. Es el jugador más fiable de la Liga ACB y, hoy Kakiouzis, pudo demostrarlo una vez más. Sobre todo en uno de los momentos más críticos de su equipo.

Cuando el Barça sólo sabía perder pelotas y ver cómo saltaba Reyes para capturar un rebote o machacar el aro. En ese contexto apareció Kakiouzis. Era el minuto 27, y Marconato acababa de cometer una antideportiva, su cuarta falta personal, y el ritmo del Madrid (54-46) parecía serio. Hasta que el jugador heleno hizo de todo, que si un tiro a media distancia, que si un triple, que si una canasta más cercana, que si convertir el primer triple fallado por Basile en una tremenda canasta. Y 57-56: era el minuto 29.

Hasta entonces el Barça era superior en los rebotes ofensivos, que tanto le condicionaron en el primer partido. Pero el grupo de Ivanovic perdió contundencia en los rechaces y concentró su energía en anotar. Y, por unos instantes, al conjunto azulgrana le funcionó la idea: con un parcial de 0-5 se puso por delante por segunda vez en el partido (64-65, minuto 33), tras el anecdótico 4-6 inicial.

Precipitación

Pero sin apenas rebotes y con pérdidas inocentes es casi imposible ganar. Más si su único recurso para romper la zona planteada por Joan Plaza era alguna genialidad de Navarro y algún triple (9 de 24). Sin una cosa ni otra, el Barça rozó la rendición. Un lanzamiento desde 6'25 de Kakiouzis se salió del aro a 40 segundos, con empate a 75, y Navarro a 17 segundos falló un tiro en suspensión forzado. El rebote fue a parar a Reyes, que casi sentenció el partido con dos tiros libres. El segundo significó su sexto punto consecutivo.

Pero aún quedaba tiempo para más. Tras el carrusel de tiros libres -Bullock anotaría los dos últimos (81-77)-, Lakovic metió un triple lejanísimo (81-80). Quedaban tan sólo tres segundos, y Sekulic estaba de turismo en el aro rival. El pívot montenegrino recogió la asistencia de Mumbrú y no falló. Y aún más: el último tiro desde medio campo de Basile casi entra. Podía haber llegado la prórroga. Si jugando así el Barça tiene opciones hasta el final, nunca se sabe.

martes, 19 de junio de 2007

Tony Parker, una estrella poco convencional


Su entrada en la elitista NBA fue discreta. Casi silenciosa. El 27 de junio de 2001, Tony Parker (Brujas, Bélgica, 1982) era elegido por San Antonio Spurs en la posición 28º del draft, la última de la primera ronda. Pocos repararon en aquel joven europeo introvertido con la cabeza rapada. Era uno más. Un simple número. Ahora, seis años después, el base, nacionalizado francés, es una estrella de la Liga americana. Ha sido el jugador más decisivo de la última eliminatoria, el MVP de la final ante Cleveland Cavaliers (4-0). Ha ganado su tercer anillo y ha liderado a su equipo hacia el cuarto.

No es Parker un icono de la NBA convencional. Es capaz de abstraerse de la farándula que rodea a su profesión. De conservar la humildad -"MVP de una final es Magic Johnson, es Michael Jordan o Tim Duncan, pero... ¿yo?"-. De asumir que aún le queda mucho por aprender -"el día que esté satisfecho conmigo, lo dejaré"-. De preparar un disco serio y con diez temas suyos. TP, con ritmos de rap y hip hop, salió a finales de marzo de este año y en Francia el primer single, Clip Balance Toi, llegó a ser número 1.


Pero quizás lo que más sorprende es la capacidad de Parker de convivir en dos mundos bastante incompatibles. La cancha y el envoltorio de las estrellas de Hollywood, con sus fiestas, su parafernalia. Lo hace por amor. Para estar con su novia, la actriz Eva Longoria, a la que conoció en un descanso de un partido en 2004. Aquella noche ya quedaron para cenar. El 7 de julio se casarán en París.

"Tony es el más tímido de la tierra", dice Longoria. En una pista de baloncesto Parker se transforma. Es rápido, tanto para correr como para actuar, y su tiro desde cerca o media distancia ronda el 50%. Le sobre autoconfianza -"soy un líder, un puesto clave porque te ocupas de todo. La victoria y la derrota dependen de tus decisiones"-. Tampoco empequeñece nunca -"me gusta la presión, incluso la de los medios de comunicación".

Números mejores

Excelente estuvo el base francés ante los Cavaliers. Mejoró su anotación (de 18'80 a 24'50) y su contundencia en el rebote (de 3'15 a 5). Sus números, su golpe de autoridad, incluso restaron importancia a dos cracks como Tim Duncan y Manu Ginóbili. Otros dos extranjeros. Otras dos elecciones del draft. Así ha nacido la leyenda de los Spurs.

Duncan, el ala-pívot infranqueable, MVP de tres finales, fue elegido el número 1 el 1997 -suerte, porque al conjunto texano le benefició su mala clasificación de la temporada anterior-. Ginóbili tardó más en llegar: fue escogido el ¡57! en segunda ronda en 1999, pero no jugaría en el conjunto texano hasta 2002. En ese tiempo triunfó
en Italia y ganó, con la Kinder de Bolonia, una Euroliga (2001), en la que fue MVP.

Su padrino

Si alguien tiene culpa de que Parker lleve una camiseta sin mangas y meta canastas ése es su padre, Tony, ex jugador de la Liga holandesa, belga y francesa. Él condicionó su vida (viajes constantes) y le hizo amar el baloncesto. Tanto como su padrino, Jean-Pierre Staelens. Cien veces internacional con Francia, Staelens siguió los progresos de aquel prodigio descaro, hasta que el 31 de diciembre de 1999 murió de una parada cardíaca. Fue un duro golpe para Parker, que siempre tiene presente a su mentor.

Tampoco olvida su primera experiencia en Estados Unidos. En 2000 fue seleccionado para participar en el Nike Hoop Summit. Era un duelo entre un combinado mundial y un grupo de grandes jugadores nortemericanos menos de 20 años. "Lo hice demasido bien. Anoté 20 puntos, capturé 4 rebotes y repartí 7 asistencias", recuerda Parker, al que intentaron entonces seducir todas la universidades.

Cuando el joven base francés ya tenía destino (George Tech, NCAA), Ron Azafata, el nuevo entrenador de su equipo de entonces, el Racing de París, le transmitió una oferta irreemplazable. La aceptó, pero no logró sobresalir en Francia. Meses después llegaría su elección en el draft. Y, en 2003, su primer anillo, tras ningunear en la final ante los Nets a un tal Jason Kidd. Empezaba a ser un icono, la estrella poco convencional que es hoy en día.

lunes, 18 de junio de 2007

José Antonio Reyes, un antihéroe glorioso


Era un cambio más. Una simple rutina para evitar que el Madrid perdiese la Liga, para que el Mallorca hiciera campeón al Barça. José Antonio Reyes (Utrera, Sevilla, 1983) salió al césped del Santiago Bernabéu en sustitución de David Beckham. Eran las 22.30 y apareció como un antihéroe. Como una antigua estrella que apenas había jugado y brillado. Un golazo ante la Real Sociedad y un básico tanto en la remontada ante el Espanyol. Eso era lo más destacado de toda la temporada, en la que había jugado poco más de 1.200 minutos en Liga.

Todo cambió en una jugada: internada por la izquierda de Higuaín, asistencia para Reyes, que con un toque sutil, supera a Moyá. Eran las 22.32. Ese detalle convierte al delantero sevillano en protagonista: acaba de empatar un partido que parecía perdido, que tenía todos los ingredientes para concluir en tragedia. Como que el Mallorca se adelantara en el marcador mediante otro secundario como Fernando Varela. Como que el pichichi de la Liga, Ruud van Nistelrooy, se retirara cojeando y con los ojos rojos. Los dos contratiempos coincidieron con el gol de Carles Puyol en Tarragona. El Barça era entonces el campeón.

Un pobre defensa

Necesitaba el grupo de Capello otro pequeño milagro. Lo fabricó otro jugador que ha defraudado,
Mahamadou Diarra, y lo consumó un pobre defensa cuyo única culpa era defender el palo del portero en un córner servido por Gonzalo Higuaín. El medio marfileño remató de cabeza, paró el portero y el balón rebotó allí donde se pierde la espalda de Angelos Basinas. 2-1 y Liga para el Madrid.

Pero Reyes aún tendría otro momento de reivindicación. Con otro gol, este sí espectacular. Con un disparo desde fuera enloqueció e hizo enloquecer a sus compañeros. Al público. Eran aún más campeones de Liga. "Cuando sueñas, sueñas con estas cosas. Lo he pasado bastante mal este año", confesaba a la Cadena Ser un jugador que llegó al Madrid como un gran fichaje. Era una más que interesante cesión del Arsenal, al que viajaba Julio Baptista.

Decisión impopular

Tuvo tiempos mejores Reyes, que era el objetivo de los grandes clubes de Europa. Ganó el conjunto inglés, el grupo de Arsène Wenger y Thierry Henry. El 27 de enero de 2004 el delantero firmaba un contrato con el Arsenal por cinco temporadas y el Sevilla se llevaba una cantidad fundamental para subsanar su economía: 30 millones de euros, que sigue siendo la inversión más grande por un futbolista español. El tiempo le ha dado la razón a su presidente José María Del Nido, que apostó por esa decisión tan impopular.

En Londres, Reyes tuvo continuidad y ganó una Premier. Hasta que se cansó del clima de la ciudad y quiso volver a España. Llegó cedido al Madrid tras haber piropeado al eterno enemigo, el Atlético, con el que tenía un acuerdo. Y hoy, por un momento, ha olvidado que este curso no ha cumplido con las expectativas, que ha dado varios pasos atrás. Se ha convertido en un antihéroe glorioso. Aún le queda mucho para volver a ser héroe.

Hamilton vence su duelo de calidad con Alonso


"Las vueltas eran muy largas. Parecía que se extendieran, que crecieran. Pero he sido capaz de hacerlo". Ésas fueron las primeras palabras de Lewis Hamilton tras ganar, en Indianápolis, la segunda victoria de su carrera en la Fórmula 1. Acababa de frustrar a su compañero Fernando Alonso, que tuvo que conformarse con la segunda posición. Fue incapaz de adelantarle. "Nunca pensé que algún día estaría aquí corriendo con los mejores y que me habría impuesto dos veces en Norteamérica", explicó, casi con lágrimas, el piloto británico, que con 58 puntos es aún más líder. Con diez puntos más que Alonso y 19 sobre Felipe Massa, tercero en el GP de EEUU. Sobre el primer Ferrari.

Lleva meses la prensa asegurando que la relación entre los pilotos de McLaren es tensa. O que no existe. Por eso ambos salieron abrazados al podio y Hamilton le tocó cariñosamente la barriga. "No es una situación para estar triste", respondió enfadado el patrón de la escuería birtánica. No quería hablar de supuestos privilegios. Sólo deseaba celebrar el tercer doblete de la temporada, tras Malasia y Mónaco. O que lideran, con solvencia, el Mundial de constructores, con 106 puntos, ¡35 más que Ferrari!

A unos metros,
Hamilton saludaba a todos. Y Alonso ya había desaparecido. No tenía ganas de fingir. Por eso, tras cruzar su compañero la línea de meta, le adelantó. Para salir antes de su monoplaza y tener un tiempo para él.

La hegemonía de Ferrari

Fue un duelo genial, de calidad, entre los dos mejores pilotos, que casi siempre estuvieron pegados.
A 29 vueltas del final, la diferencia eran 1'8 segundos; a 31, 0'8, a siete, 2'4. Al final, tan sólo 1'5. "La salida ha decidido la carrera", analizó Alonso, que en la primera curva intentó, por todos los medios, adelantar a su compañero. Por el exterior, en la recta. No lo logró, pero al menos hizo de tapón a Massa. El piloto brasileño no tuvo opciones de prolongar la hegemonía de Ferrari en el Circuito de Indianápolis, donde había ganado en seis de las siete ediciones disputadas. Donde Michael Schumacher se impuso hasta cuatro veces.

Los
Ferrari están un escalón por debajo -o dos- de McLaren, por mucho que Alonso reitere -posiblemente para restar méritos a Hamilton- que son los rivales. Se comprobó en tan sólo 10 vueltas: la diferencia entre el piloto británico y Raikkonen era de 10 segundos. Una desventaja horripilante para la escudería italiana.

Vueltas rápidas

En la primera parte de la prueba,
Alonso y Hamilton se alternaron las vueltas rápidas. Mientras, bastante detrás Raikkonen era incapaz de superar a Kovalainen. La lucha del piloto finlandés era mucho menor: la séptima plaza. Al final sería cuarto, más por su equipo (más rápido en el repostaje) que por méritos deportivos. Porque, aunque mejoró mucho en el tramo final (incluso marcó el giro más veloz, el 49º, que completó en 206'397 km/h.).

El
GP de EEUU es una cita tradionalmente selectiva. Pocos pilotos acaban cruzando la línea de meta. El año pasado y en 2004 sólo terminaron 9; en 2005, en aquella polémica prueba en la que sólo compiteron los monoplazas con neumáticos Bridgestone, 6. En esta ocasión pudo haber récord, si se hubiese seguido el ritmo de los primeros giros. Ralf Schumacher, Barrichello, Coulthard y Sato tuvieron que abandonar. Al final fueron siete. El último, la promesa que de momento se ha quedado en eso: Rosberg tuvo que salir de su Williams a falta de dos vueltas y con su propulsión en llamas.

El gran beneficiado de los abandonos fue el alemán
Sebastian Vettel, el sustituto del lesionado Kubica en BMW, que logró su primer punto en la Fórmula 1 el día de su debut. Sólo él podía igualar la felicidad de Hamilton. De un pequeño campeón tan discreto como genial.

El desequilibrio condena al Barça

Surrealista. Sorprendente hubiese sido que el Barça, con un balance nefasto (15 pérdidas por tan sólo 2 recuperaciones) ganara en el Palacio Vistalegre el primer partido de la final de la Liga ACB. Pero con una buena defensa y los puntos de Trias, Navarro y Vázquez tuvo opciones hasta el final. Pero se confundió en el último minuto y medio, en el que encajó dos triples de Hervelle y Tomas (once puntos en total), y sólo fue capaz de anotar una canasta y un tiro libre. El Real Madrid, con un Felipe Reyes genial (17 puntos y 11 rebotes), se adelanta en la serie (69-62), que continuará el martes en Madrid.

Sobrevivió el Barça durante muchos minutos a sus carencias gracias a los triples. Cuando más sufría. O cuando más acierto tenía en ataque. Cuando Navarro o Lakovic anotaban un lanzamiento de tres, el grupo de Joan Plaza seguía su obsesivo ritual: intentar otro lanzamiento desde 6'25. Fuese como fuese, con el jugador solo, rodeado de rivales o en posición irreal. Y, curiosamente, el Madrid sentenció el partido con dos triples. En su 22º y 23º intento. Hervelle, a 1 minuto y 8 segundos, y Tomas, a 40 segundos. Hasta entonces... ¡Sólo había anotado tres! Esa reacción final le bastó al actual campeón de la Copa ULEB, que comprobó cómo el conjunto azulgrana era incapaz de replicarle, ni tan siquiera con tiros libres (falló siete de sus 11 lanzamientos).

Reyes, genial

Casi todo el partido se sintetizó en la primera canasta: tiro fallado por Moiso, rebote ofensivo de Felipe Reyes, que anota la canasta. El pívot cordobés fue el gran líder del Real Madrid, la gran estrella del encuentro, con 17 puntos, y, sobre todo, con 11 rebotes capturados. Cogió ocho rechaces ofensivos, sólo dos menos que el Barça. La contundencia de Reyes empequeñeció los triples alocados de sus compañeros (especialmente de Bullock, con un lamentable 0 de 5). Ahí estaba, para recuperar la pelota o anotar. Para impedir que algún rival recuperara la pelota.

Reyes se exhibió en un encuentro que empezó con un tremendo acierto de los jugadores interiores de ambos equipos. Los titulares del grupo de Ivanovic (Vázquez y Marconato) anotaron, sin fallo, 11 de los 21 puntos en el primer período (18-21). Los aciertos de los exteriores eran esporádicos, como dos triples, uno de Basile, que le dio al Barça su primera ventaja (8-9, minuto 5), y otro de Navarro, que en el primer cuarto sólo lanzó dos veces. El escolta azulgrana se exprimió más en defensa, con cuatro rebotes. En el Madrid, además de Reyes, destacaba su compañero Hervelle. También Smith, que lograba canastas de pícaro, con palmeos.

La insistencia del conjunto blanco desde 6'25 tuvo premio.
Mumbrú, en el inicio del segundo cuarto, metió dos triples. Puso a su equipo por delante (24-23, minuto 13), que ya no perdería hasta el tercer período. Los dos equipos estaban imprecisos: pasos de De la Fuente, campo atrás de Navarro o cualquier acción de Bullock, que acabó el partido con un horroroso 1 de 8 en tiros de campo.

Al descanso se llegó con
38-33. Al Barça le costaba demasiado anotar, ni Navarro, ni Basile, ni nadie lograron meter dos canastas en juego en este período. Y era Trias quien aportaba más contundencia en defensa.

Navarro, intermitente

En la reanudación, el grupo de
Ivanovic pudo sentenciar a un rival que sólo pudo anotar ocho puntos. A un Madrid que tardó cuatro minutos en meter una canasta y con un Bullock que continuaba desquiciado. El escolta norteamericano se fue al banquillo tras cometer dos faltas personales. O tras dejárselas sacar por Navarro, intermitente, pero preciso. El Palacio de Vistalegre veía un juego irregular, con buenas acciones que acaban mal. Como los dos robos de Hervelle a Vázquez. El primero acabó con una pobre entrada de Raúl López; el segundo, lo falló el propio ala-pívot belga.

Con tres triples, dos de
Lakovic y uno de Navarro, el Barça logró su mejor renta del partido (42-46, minuto 28). Pero no tuvo continuidad. Ni carácter en la canasta rival, sólo capturó dos rebotes ofensivos en este período. Marconato no era ese jugador intimidador y eficaz de los playoff y Kakiouzis no disponía de minutos de calidad. Sólo tuvo tres segundos, en una decisión muy discutible de Ivanovic.

En el último cuarto, Navarro y Trias relanzaron al Barça. Sobre todo, el ala-pívot azulgrana, atento para palmear un mal tiro del MVP de la Liga y culminar una contra de Lakovic (58-59, minuto 37). Era el momento del Barça, pero no lo aprovechó. Su desequilibrio le condenó. Porque ahí estaba siempre Reyes, para convertir una piedra de Hervelle en canasta. También estaba Tomas, fundamental en los peores momentos de su equipo, en defensa y en ataque. Finalmente, los triples de Hervelle y Tomas sentenciaron la primera victoria de la serie para el Madrid, que seguirá el martes en Vistalegre.